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La obsesión del tirano

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Descripción

¡Reencarné como la protagonista femenina de una novela que tiene un final trágico!

Marie tras reencarnar en un mundo como la protagonista femenina de una novela la cual había leído en su vida pasada, quiere evitar a toda costa terminar con un final trágico.

Ella ahora es una princesa del Imperio de Occidente, Anneliese, la cual era maltratada por todos, pero decidida, cambiará ese futuro y también tratará de evitar conocer a aquel tímido niño, Danton, príncipe del Imperio de Oriente , que en un futuro se convertirá en el tirano más despiadado de la historia que provocará la caída de la familia de Anneliese y con ello del Imperio de Occidente.

¿Todo saldrá como ella planea?¿Qué motivo oculto hay detrás de las intenciones de Danton?¿Por qué Anneliese quiere evitar a toda costa ver a Danton?

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UNA BREVE HISTORIA DE MI VIDA
Hola, me llamo Marie Elise Roberts Montagne, vivía en un pequeño pueblo en Francia, al cuidado de mi abuela materna. Cuando tenía 6 años mis padres fallecieron en un accidente automovilístico. Yo a esa edad no comprendía qué era lo que estaba pasando, tenía muchas preguntas, ¿por qué de repente muchas personas venían a mi casa?, ¿por qué me vestían con ropa de color n***o?, ¿por qué todos se encontraban alrededor de dos grandes cajas de madera con muchas flores?. Mi abuelita siempre estaba muy alegre; pero, aquel día estaba en silencio y con una expresión seria, a mi lado. Ese día las personas que habían venido nos miraban con disgusto, ni siquiera trataban de disimular, cuando ya todos se retiraron mi abuela me abrazó.   —Marie a partir de ahora tus padres ya no podrán venir a visitarte, ellos se fueron a un largo viaje, tú y yo seremos felices juntas — me dijo mi abuelita con una voz suave. —Abuelita, ¿Cuándo regresarán de su viaje?— le pregunté ingenuamente.   —Ellos no vendrán en un largo tiempo, pero mientras no estén juguemos muchas cosas divertidas.— me dijo con una voz triste que no se quebró en ningún momento, ella era fuerte por mí.  Extrañaba a mis padres ya que aunque no estaban mucho tiempo conmigo, las veces que venían era muy feliz, salíamos a jugar o hacíamos un picnic. No vivía en riquezas pero tampoco me faltó lo que necesitaba y sobre todo no me faltó su amor. Mis padres siempre venían a visitarnos los fines de semana sin falta; sin embargo, ya era domingo y aún no venían. A partir de aquel día siempre espere su regreso, todas las tardes tomaba un libro, me sentaba junto a la puerta principal y mientras leía estaba pendiente si mis padres regresaban, desde ahí comenzó a crecer mi gusto por la lectura. A pesar de que mi abuelita me brindó todo su amor y fui muy feliz a su lado, me sentía incompleta como si algo dentro de mí se fue para ya no regresar jamás, ese algo eran mis padres. Me sentía amada y sola a la vez, así que para tratar de atenuar ese espacio vacío me sumergí en el mundo de los libros, en ellos imaginaba que yo era la protagonista, desde una emperatriz de un imperio poderoso hasta una maga aventurera que recorre el mundo en busca de la piedra filosofal. Cada vez que leía me sentía libre, sentía que estaba en otro mundo donde cualquier cosa podía pasar, donde incluso la muerte se podía evitar. Así pasaron cinco pacíficos años, en los que aprendí muchas cosas, entre ellas el significado de la muerte, el hecho que nunca más podría volver a ver a mis padres, nunca más podría volver a abrazarlos, que el tiempo es oro y tenemos que disfrutarlo al máximo al lado de las personas que nos aman porque algún día tarde o temprano nuestra vida llegará a su fin, por eso vivamos sin arrepentimientos. Ese año, en el día de mi undécimo cumpleaños, mi abuelita se encontraba en sus últimos momentos de vida en su habitación.   —Marie escucha lo que te voy a decir, tus padres y yo siempre te amaremos y estaremos a tu lado, me preocupa decirte esto pero como yo soy lo única familia de tu madre y aún eres menor de edad, cuando yo ya no esté tendrás que vivir con la familia de tu padre, se fuerte y no dejes que nadie dañe la hermosa persona que eres tanto fuera como por dentro — su voz parecía apagarse.   —Abuelita los amo mucho, a ti y a mis padres, siempre tendré presente tus consejos — le dije con una voz segura.   —En mi ropero hay una caja de madera, ábrela y lee lo que dice la carta, nieta mía — me lo dijo señalando su armario con su mano temblorosa.   Después de decirlo cerró sus ojos para ya no abrirlos jamás. Sentí que una hermosa etapa de mi vida había acabado.   —Desde este momento dejaré de sentirme sola porque no lo estoy y nunca lo he estado, ellos siempre han estado conmigo. Viviré felizmente por el resto de mis días y si el destino no lo quiere yo cambiaré ese destino. Viviré no solo por mí sino también por ellos — me dije a mí misma mirando hacia la ventana del cuarto, donde el sol ya se quería esconder.   Al día siguiente enterraron a mi abuela y me llevaron a una mansión en la capital, ahí tendría que vivir a partir de ahora, siempre tuve presente las palabras de mi abuelita, después de unos días comprendí el porqué de su preocupación en sus últimas palabras. Mi padre, Eduard Roberts quien era el hijo y hermano más querido, era muy admirado por quien lo conocía, era considerado un hombre “perfecto” y “digno” de poseer el apellido Roberts, siempre era el mejor en lo que hacía, números, letras, deportes, etcétera. Era una persona de buen corazón además de ser el heredero de la familia más poderosa del país, quienes eran dueños de los principales bancos y hoteles de Francia. Él realizaba donaciones a los pueblos con bajos recursos económicos, fue en una de las visitas a los hospitales de aquellos pueblos cuando conoció a Alice Montagne, una médica cirujana que poseía una gran belleza que a pesar de haber nacido en un pequeño pueblo, con esfuerzo, pudo conseguir una beca en la mejor universidad del país y poder estudiar la profesión que más amaba, la medicina humana. Cuando terminó sus estudios regresó a su pueblo para poder ayudar con todo lo aprendido. Él tenía 30 años y ella 29 años. Mi padre quien había observado el cariño y dedicación con el que mi madre trataba a sus pacientes, no pudo evitar enamorarse de ella al percatarse de su noble corazón. Mi madre por su parte también conocía al heredero de la familia Roberts, ya que lo había visto en la televisión y no tardó en darse cuenta que sus “accidentales” encuentros con Eduard eran provocados por él, quien había empezado a frecuentar el hospital. La madre de mi padre, la señora Rebeca Roberts, mantenía vigilado a Eduard, quien rechazaba las numerosas citas arregladas con mujeres que ella consideraba de su misma “clase”, además de no mostrar interés en el matrimonio. La relación de su hijo con una doctora de un pueblo pequeño con susodichos “orígenes”, no preocupó en un principio a la señora Rebeca, ya que pensaba que iba a ser fugaz, solo bastaba con mantener la relación en secreto hasta que acabase. Un día aquel amado hijo fue a la mansión con aquella doctora, quería presentar a su familia a la mujer que él amaba y con quien deseaba casarse. Ese día fue un alboroto, su padre, el señor Félix Roberts, amenazó a su hijo con desheredarlo de la familia. Ese mismo día Eduard se fue de la mansión, renunciando a la herencia, hubo un gran escándalo por parte de los medios de comunicación; así que mis padres decidieron irse a vivir a un pueblo lejos de la capital junto con mi abuelita, ahí pudieron vivir en paz, se casaron y poco después nací yo, su primera y única hija, ellos se dedicaban al comercio de plantas medicinales, habían formado su propio negocio que crecía con el tiempo, por lo que paraban viajando de pueblo en pueblo y así fue hasta aquel trágico accidente automovilístico. Mi madre tuvo una muerte inmediata y mi padre aún con vida agonizaba camino al hospital, la señora Rebeca al enterarse fue lo más rápido posible, vió como su hijo era transportado rápidamente en una camilla hacia la sala de cirugía, no pudo dirigirle ninguna palabra debido a las circunstancias, pero se dió cuenta que Eduard decía constantemente una frase.   —Cuiden a mi hija por favor — decía repetidas veces con una voz ahogada.   Mi padre no resistió la cirugía ya que había sufrido graves lesiones por todo su cuerpo que habían dañado sus órganos vitales. La señora Rebeca siempre había despreciado a mi madre y a mí porque pensaba que éramos las principales causantes de la muerte de su hijo ya que él debió haberse quedado en la capital, convertirse en el dueño de las propiedades de la familia Roberts y casarse con una mujer “digna”. A pesar de todo lo que había pasado, decidió cumplir su última voluntad que era cuidarme porque se sentía culpable. El día del funeral, ella fue a hablar con mi abuelita y le dijo que en memoria de su fallecido hijo, me podía dar un mejor futuro si me quedaba a su tutela y enfatizó que no me haría daño. Una amiga de mi abuelita había trabajado en la mansión y le contó que la señora Rebeca maltrataba psicológicamente a sus empleados y por miedo al poder de la familia Roberts se quedaban callados. Mi abuelita consciente que el quedar sin padres a una edad temprana y vivir diariamente con el desprecio de la familia Roberts sería perjudicial para mí, pero también el hecho de que debido a su vejez y salud no le quedaban mucho tiempo de vida; aunque, me enviara al orfanato más alejado del mundo ellos me encontrarían.   —Hasta donde tenga vida velaré y cuidaré de mi nieta, yo hablaré con ella, cuando ya no esté en este mundo ella irá con ustedes, para ese entonces espero cumpla su palabra —  le dijo mirándola a los ojos.   —Igualmente espero que cumpla la suya — le dijo la señora Rebeca.   Fue así como llegué a vivir en la mansión de los Roberts, seguramente se preguntarán ¿cómo sé todo esto? Los empleados siempre paran hablando del pasado todo el tiempo, siempre caminaba silenciosamente, así que enterarme de ello no fue muy difícil, además mi abuelita me lo contó a través de la carta. Sabía exactamente cual era mi posición en esta familia, mi habitación estaba en el lugar más escondido de la mansión, no se me permitía salir fuera de la mansión, mi existencia no debía ser revelada ya que causaría polémica hacia la familia Roberts de manera negativa, los medios de comunicación nunca olvidarían el pasado. Me educaron bien, tuve profesores privados. Muchos invitados venían frecuentemente y no podía andar libremente por la mansión así que por precaución solo tenía acceso a mi habitación y a la biblioteca, no se me permitía comer junto a ellos. Siempre he sido resiliente y me acostumbré a aquella rutina; admiraba el hermoso jardín desde mi habitación todas las noches donde después de los estudios me ponía a leer. Un día leí que cuando uno fallece se convierte en estrella ¿será verdad?, ese hecho me consoló durante mucho tiempo por ello siempre en las noches me escapaba al jardín, nunca me atraparon, a pesar de que nadie estaba físicamente a mi lado para darme un abrazo cuando lo necesitaba, jamás mostré debilidad ante los demás, siempre fui optimista. Fui becada en la misma universidad en la que mi madre estuvo, estudiando así medicina humana. En la universidad tampoco conocían mi verdadera identidad, a pesar de llevar el apellido Roberts Montagne, pensaban que era de otra familia y que solo era coincidencia ya que siempre me habían mantenido oculta. Eso facilitó a que tuviera una vida tranquila, me dieron un dormitorio en la universidad y así me mudé. La señora Rebeca no se opuso, para ella yo solo era una existencia sin importancia que debía mantener. Al ser becada, me brindaban un dinero extra para mi alimentación y necesidades básicas, por lo que no tuve problemas económicos, así terminé mi carrera y empezé a trabajar en hospitales. A pesar de los años mi gusto por la lectura nunca se fue, siempre acostumbraba a ir a la biblioteca o a comprar un libro. Todo iba bien hasta ese día. Salía de una guardia nocturna del hospital y me dirigía a mi casa, eran las 6:00 am, estaba muy cansada, al cruzar la pista sentí una intensa luz y cuando volteé, sentí el golpe del auto y desde ahí todo fue borroso, escuchaba los gritos de auxilio, podía observar la sangre que estaba debajo de mi cabeza, mi cuerpo no resistió y así acabo mi vida, a la edad de 35 años. Todo fue rápido, viví sin arrepentimientos y logré ser feliz en vida. Ahora, ¿podré reencontrarme con mis padres y mi abuela?, eso pensaba, pero el destino de mi alma tenía otros planes.    

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