Brooklyn
Siento las pequeñas burbujas explotando en mi boca, con el sabor suave del Moët deslizandose por mi garganta. Me termino lo que queda en la copa de un sorbo y le hago una seña a uno de los camareros para que me de otra.
—Gracias —pronuncio en su dirección, él me da una sonrísa de cortesía antes de mezclarse entre las demás personas.
Tomo un bocado del postre de chocolate con cítricos y me lo llevo a la boca, permitiendome saborearlo por un momento, mientras observo la fiesta a mi alrededor.
La unión en la espectacular capilla fué demasiado bonita y melancólica, incluso derramé algunas lágrimas de felicidad por Cara al verla tan felíz de ser nombrada la señora Ricci.
Por un momento me olvidé de lo que había ocurrido y de lo que me había dicho, y me permití disfrutar de este momento tan especial. Pero inclúso en el espacioso y elegante salón del hotel donde se está llevando a cabo la celebración, no puedo dejar de mirar en todas direcciones, como si esperara que algo o alguien saliera a atacarme. Aunque debo admitir que me siento más segura al estar rodeada por tantas personas.
La combinación del sabor del champagne con el chocolate me lleva al paraíso, y mientras bebo de mi copa, no puedo evitar llevar mi mirada al frente, donde se encuentran Cara y Michael, se encuentran en un extremo sin tantos invitados, hablando solos.
Dejo mi copa en la mesa y entonces me tenso un poco al ver como Michael lleva la mirada en mi dirección momentaneamente, hasta que se da cuenta que yo ya los estaba mirando, y regresa su atención a Cara.
¿Estarán hablando de mi? ¿Cara le estará contando lo que ví?
Esas imágenes regresan a mi mente y me aprietan el estómago, trato de echarlas para atrás mientras observo como Michael acuna los brazos de Cara con sus manos de forma reconfortante y uno de los hombres de seguridad del italiano aparece, le dice algo a lo que él asiente y entonces le deja un beso en la frente a mi mejor amiga, antes de susurrarle algo al oído, a lo que ella asiente y entonces su esposo se marcha fuera del salón con el tipo de seguridad.
Innevitablemente mi ceño se frunce, clavo la mirada en el postre que ya no me resulta tan apetitoso y tengo una mala sensación al respecto.
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El aroma a naturaleza se filtra por mis fosas nasales mientras avanzo por el laberinto hecho de arbustos y flores en el jardín trasero del hotel. Comencé a sentirme algo asfixiada dentro y salí a respirar aire fresco.
Aún tenía esa espina clavada en la nuca, como ese mal presentimiento, de pronto no me siento segura aquí, inclúso sospecho de Michael, porque si lo pienso bien, me dejé llevar demasiado, y con lo que dijo Cara quizás él también está involucrado en mierdas turbias.
Lo que más me jode es que ella lo sabía y no me advirtió antes, me arrastró con ella sin decirme Oye, Brooke, mira que habrán asesinos y matones acechando en las esquinas, oh y también nos harán masajes japoneses.
Maldición, jodidamente me hubiera negado.
Y ella había aceptado venir a pesar de todo... ¿por qué? ¿ella también estaba metida en esa mierda? Porque ni por amor me quedaría en un sitio reinado por asesinos y mafiosos. No sé qué pensar, solo quiero largarme de una maldita vez.
Avanzo hacia la fuente con una mujer sosteniendo una vasija de la cual cae agua, iluminada por pequeños focos en algun sitio. Es hermosa.
Cuando me detengo, me pongo rígida al sentir otros movimientos, no eran míos, sino que sonaron a mis espaldas. Me volteo pero no hay nadie. Dios, estoy enloqueciendo. Decido regresarme, cada tanto mirando a mis espaldas, cuando me estrello contra un pecho firme y no llego a gritar cuando cubren mi boca y entonces siento un ardor en mi cuello, trato de luchar pero siento que me desvanezco sin lograr ver quién me está haciendo eso, hasta que finalmente me desmayo entre sus brazos.
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Adamo
—Adamo — Michael aparece en la sala de su suite con uno de sus hombres detrás, enfundado en su traje y con una expresión radiante.
Le doy un abrazo corto, —Felicitaciones.
—Gracias. ¿Quieres whiskey? —pregunta acercandose a una barra, tomando dos vasos de cristal para servir el Macallan.
—Claro, aunque en realidad no he venido a la fiesta —él me da una rápida mirada, antes de cerrar la botella y entregarme el vaso—. Es un asunto importante del que quería ocuparme antes de regresar a la mansión.
—Supuse que vendrías por eso. —me corta Michael—. La noche del asesinato de Luca, mi esposa y su mejor amiga salieron a un club, Brooklyn dice que vió a un tipo asesinando a otro, no me fué difícil entender que se trataba de tí.
Le doy un trago al whiskey.
—¿Crees que representará un problema? Puedo encargarme de ella.
Niego con tranquilidad, dejando el vaso sobre la mesa frente al sofá donde estoy sentado, recordando a la rubia corriendo antes de desplomarse en el suelo frente al club en el territorio de Luca.
—Me encargaré de ella. ¿Qué le dirás a tu esposa?
—Ella supo que hablaba de tí, ella me lo contó, parecía algo preocupada en realidad, por lo que le harías a su amiga, ¿vas a asesinarla?
Lo pienso un momento, aunque la respuesta es una negativa rotunda.
—No —. Michael movió la cabeza afirmativamente—. Ahora, en cuanto a la muerte de Luca, su puesto en la mesa queda libre, y creo que el movimiento más acertado es que tu asumas ese lugar. Conoces perfectamente el territorio y los movimientos, confío en que sepas moverte en el y en tu capacidad para administrarlo. Y no dudo en que evitarás que algo como lo de Luca vuelva a suceder —lo último lo pronuncio mirandolo a los ojos, con una amenaza escondida entre mis palabras.
—Por supuesto —dijo rápidamente—, le haré honor a lo que ese puesto significa.
—Sé que lo harás —digo, tomando el resto de whiskey de mi vaso.
Lorenzo ingresa a la habitación y no es necesario que diga nada, con un simple asentimiento sé enseguida que la tarea fué realizada con éxito. Perfecto.
Me levanto del sofá y estrecho mi mano con la de Michael, —Disfruta la celebración, Michael, y dile a tu esposa que su amiga estará bien.
Bueno, a lo que eso pueda referirse teniendo en cuenta la situación en la que estaba.
Las cejas de Michael se juntan ligeramente por unos segundos, sopesando el significado de mis palabras, pero no digo nada, de cualquier manera lo descubrirá tarde o temprano.
Ambos nos encaminamos fuera del salón, él yendose por su lado y yo por el mío, directo a la línea de camionetas estacionadas en la parte trasera del hotel, una que está bastante a oscuras pero aún así puedo verla a la perfección.
Sus delgadas muñecas sujetas con una cuerda y un pañuelo n***o amordazando esos carnosos labios rosados, su piel cremosa brilla cuando la luz de la Luna la ilumina, su cabello dorado despeinado y cubriendo parte de su delicado rostro.
Está insconsciente, serena, parece un ángel pacífico, se ve demasiado frágil, como si no tuviera la más minima oportunidad de salir viva si yo simplemente decido que no lo haga.
No supone ningun peligro para mí, controlo las calles, pandillas, cada jodido rincón de Sicilia, incluso a los malditos policias, pero aprovecharé su descuido para utilizarla a mi favor.
—¿Qué haremos con ella? —indaga Lorenzo.
—Vendrá a la mansión con nosotros —decreto, cerrando la puerta y montandome en mi camioneta, yendo directo a mi mansión en los límites de la isla, llevandome a ese ángel dorado conmigo.