Brooklyn
Un rostro cubierto de sangre.
Un hombre misterioso.
Un sonido estruendoso.
Un muerto.
Me despierto de un sobresalto que me hace enredarme en la sábana y caer de la cama. Hago una mueca en el suelo y apoyo mi palma en mi pecho, tratando de calmar mi agitada respiración.
Era solo una pesadilla. Solo eso.
O al menos eso trato de decirme a mí misma mientras me levanto y froto mi rostro. Porque estoy muy segura de que nadie se olvidaría de algo como eso.
Fué real. Sigue sintiendose real.
Me levanto del suelo y camino hasta el baño de la habitación, mi rostro está pálido y mis ojeras más marcadas, inclúso tengo restos de máscara alrededor de mis ojos. Apoyo mis manos en el mármol frío del lavamanos y cierro mis ojos.
La noche anterior había presenciado un asesinato, con mis propios ojos, como en las películas, pero eso fué real. Le habían quitado la vida a alguien frente a mí, y yo lo había presenciado, ¿eso no me convertía en testigo? Había logrado huir, gracias a algún ser divíno.
Luego de lavarme el rostro y cepillar mis dientes, tenía una sensación más fresca y menos pastosa en mi boca, aunque por dentro aún sentía como si fuera a vomitar de nuevo.
Arrastré mis pies en pasos pesados de regreso a la cama y me tapé, haciendome bolita, tratando de no pensar en lo que me podría haber pasado si no huía a tiempo. Cierro mis ojos con fuerza.
—Dios... —susurro.
La puerta de la habitación se abre y me giro demasiado abruptamente, solo para darme cuenta que se trata de Cara, quien entra lo más tranquila con una bandeja repleta de comida.
—Oh, despertaste —dice tranquilamente dejando la bandeja sobre uno de los muebles, antes de caminar hacia mí—. ¿Cómo te sientes?
—Mejor, creo —traté de encontrar otras palabras, de decirle la verdad, pero aún estaba aturdida.
—Creo que anoche sí nos pasamos —bromeó con una ligera risita, yendo en busca de la bandeja y trayendola a la cama—. Hoy amanecí con un terrible dolor de cabeza y creí que tú estarías peor asi que traje jugo de naranja natural, frutas y unos muffins de chocolates que pensé que te gustarían.
Mi estómago gruñe y muero por darle un mordizco a ese bendito muffin, pero temo volver a vomitar, mi estómago se cierra ante la imagen de la noche anterior.
—¿Qué pasó anoche? —indagué viendola prepararse una tostada—, luego de que me desmayé.
—Pues, con Matteo te subimos a la camioneta y te trajimos hasta aquí. Cuando llegamos vomitaste un buen rato mientras muemurabas cosas sin sentido —. Le dió un mordizco a la tostada.
—¿Qué cosas?
Alzó sus hombros sin saber. —No se entendía. ¿Por qué preguntas?
Dudo un instante en si contarle o no, porque mi cabeza es un caos, cuando unos golpes en la puerta hacen que diriga mi atención a esta sintiendo a mi corazón dar un brinco.
Cara se levanta y casi que le grito que no la habra, ¿y si esos hombres nos habían seguido? Pero no podía ser, no nos atacarían de día y menos se meterían a un lugar tan asegurado. Entendí que solo estaba siendo paranoica cuando Cara dejó pasar a las mujeres que transportaban un perchero con ruedas, y demás maletas. Entonces lo recordé: esa tarde se celebraría la boda.
Cara se acercó al perchero con una bolsa blanca de tela y la abrió, sacando su vestido hecho a medida y chillando emocionada, —¡Mira, Brooke, es precioso!
Forcé una sonrísa, asintiendo varias veces, sintiendome la persona más desafortunada del mundo, queriendo que la tierra me tragara y me escupiera dos dias antes para poder empezar de cero y quizás no tener que fingir que no ví como asesinaban a un tipo un día antes de la boda de mi mejor amiga.
Que suerte la mía.
━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━
No puede ser. Simplemente... no puede ser. No estoy loca. Y tampoco estaba tan ebria.
O al menos eso es lo que pasa por mi mente mientras reviso mi móvil, llevo media hora revisando portales de noticias italianos y absolutamente ningúno habla sobre lo que ocurrió anoche. Y no es como si fuese un simple robo o algo usual, que un tipo apareciera muerto y golpeado detrás de un club tan prestigioso daba a pensar algúnas teorías al respecto.
Bloqueo mi móvil y me apoyo en el borde del barandal del balcón de la suite, sintiendo una brisa fresca contra mi rostro que me hace estremecerme.
Bufo con frustración y siento que comienzo a enloquecer.
Unos dedos se posan en mi hombro y me giro rápidamente solo para ver que se trata de Cara, enseguida me relajo. Había estado algo paranoica ese día, alerta, pero estaba completamente justificado.
Cara se veía hermosa, más de lo usual, claro. La italiana lleva su cabello marrón oscuro recogido elegantemente, con algunas ondas suaves cayendo frente a su rostro. Su vestido era corte princesa, con escote recto y hombros caídos, hecho a la medida y de un diseño exclusívo para ella. Sin duda algúna es capaz de volver loco a cualquier hombre en esta tierra.
—¿Te encuentras bien? —indaga con sus cejas ligeramente juntas, se nota su preocupación—, es decir, no te lo pregunté antes porque te noté distraída, pero creí que se trataba de anoche —y sí que se trataba de anoche—, ¿qué pasa, Brooke?
Ella sabía que algo más estaba ocurriendo, era evidente. Pero, joder, apesar de que lo que me había pasado fué traumático, no podía arruinar su día y menos a minutos de cruzar el altar.
Además, había sido mi error, yo había metido la pata porque, ¿quién se mete en un callejón oscuro en plena madrugada? o peor, ¿quién se queda a ver lo que yo estaba presenciando?, sabía que no debía estar allí y aún así me quedé. Y sin saber si esos hombres me habían dejado vivir o seguían buscandome, no podía involucrar a nadie más.
Pero antes de que pudiera mentirle para no preocuparla, ella habló: —No quiero que me mientas, Brooklyn. Sé cuando lo haces.
Y tenía razón, de otro modo no estaríamos en esa situación. Suspiré y al no tener más remedio, le conté lo que había pasado anoche, claro, sin mencionar los detalles escabrozos, ella no debía tener esa imagen en su cabeza.
Para cuando termino, me extraña no ver miedo, horror o asco en su expresión, sino cierta preocupación, como si... como si no le sorprendiera.
Cuando toma mis manos entre las suyas, mi ceño se frunce y no tenía idea de que lo siguiente que diría sería, —Escucha, Brooke —guardó silencio un instante, mirando el suelo, buscando las palabras correctas—. Yo no quería regresar a Italia, pero hice el esfuerzo porque aquí es el hogar de Michael, aquí está su familia.
No entendía a dónde trataba de llegar y aquella confesión, aunque algo sorpresiva, tenía sentido.
—Pero Italia es peligrosa. Michael prometió mantenernos seguras, nos puso un hombre de confianza para llevarnos y traernos a cualquier sitio y tenemos seguridad cerca todo el tiempo —eso lo sabía, pero había pensado en otros motivos, no los que ella me diría—. Pero la verdad es que nadie está verdaderamente a salvo aquí, hay gente cruel y despiadada que reina en el bajo mundo, en las calles. Y de verdad lo siento tanto por no haberte protegido más, no debí dejar que te separaras de mí.
—No es tu culpa, Cara... —le dí un apretón a sus manos, reafirmando mis palabras.
—Pronto estaremos en Estados Unidos de nuevo y estaremos completamente seguras, lo prometo, y Brooke, hagas lo que hagas, debes olvidar lo que viste, por tu propia seguridad, ¿está bien?
Hay algo en sus palabras que intentan tranquilizarme, algo que produce en mi el efecto contrario, pero fuerzo una sonrisa para no preocuparla.
¿Qué estaba pasando realmente? ¿estaba realmente segura? ¿o en verdad el peligro no había pasado?