Brooklyn Los primeros rayos del Sol entraron por los ventanales a la habitación e impactaron contra mi rostro, provocando que me removiera sobre la cómoda cama, despertando. Adamo estaba de pie frente a la cama, llevaba un pantalón de vestir y una camisa blanca la cual estaba abotonando. Su cabello húmedo se encontraba peinado hacia atrás dejando apreciar su atractivo rostro. Se veía tan condenadamente guapo como de costumbre. Nunca me cansaría de verlo. —¿Acaso observarme dormir es parte de tu rutina diaria? —bromeé y sentí que me derretía mientras sus labios se curvaban en una candente sonrisa. Salí de la cama y me acerqué a dejar un beso sobre su boca. —¿Ya te vas? Él asintió. Tenía que irse pero no tardó en acercarme a él y volver a besarme. —Esta tarde iré a un café con Cara —l

