07 | IMPULSIVA

1004 Palabras
Brooklyn No oculto la forma en que las comisuras de mis labios se elevan en contra de mi voluntad y una risa nerviosa que brota de mis labios se convierte en una carcajada, pero poco a poco mi risa muere al notar en su expresión que no estaba bromeando. Él no... joder, él no habla enserio, ¿cierto? —¿Estás de broma, verdad? —pregunto incrédula. —No es nada personal, tómalo como un negocio que nos beneficiará a ambos. Dios. Él parece bastante convencido de lo que está diciendo. —¿Y cómo puede beneficiarte casarte conmigo? —inquiero confusa, arqueando una ceja. —Eso no es de tu incumbencia. —Pues yo creo que sí. —No. Su voz firme borra cualquier rastro de diversión de mi rostro. —Tú, preciosa, solo debes pensar en una cosa: Si quieres pudrirte en esta habitación fría y sucia, o aceptar mi propuesta, y tener una habitación cómoda, ropa limpia y comida caliente. Y tu vida, claro. Eso me alarma, —P-pero dijiste que no me asesinarías. —No —sus hombros anchos se encogen levemente—, pero aquí morirás tarde o temprano, por hambre o hipotermia, lo que ocurra primero. —¿Y hasta cuándo sería el trato? —Hasta que me de la gana. Mi mandibula se apreta. ¿Por qué debía ser tan odioso? —No estás en posición de exigir nada más, así que decídete rápido y deja de colmar mi paciencia, niña. —Eres un maldito imbécil —cada palabra abandona mis labios antes de que lo considere, se arrastra con rabia entre mis dientes apretados. Él me observa en silencio antes de dejar caer su cigarro al suelo húmedo mientras se encoge de hombros. Entonces da media vuelta, —Como quieras —dice mientras se dirige a la salida y comienzo a desesperarme porque no quiero quedarme aquí sola de nuevo. O por lo menos sedenmé otra vez. Antes de llegar a la puerta, se detiene y me observa sobre su hombro, —Yo que tú me decidiría rápido, porque en la noche este lugar está muy oscuro y a los ratones les gusta salir a cazar. Mi mandíbula se cae. —No hablas en serio. Aún de perfil veo como una sonrisa burlona tira sus labios, —Si sigues con esa actitud lo comprobarás tú misma. ¿QUÉ? No, no, no. Como el Infierno que no quiero hacerlo. —¡Sácame de aquí! —exclamo tirando de las esposas, entrando en una total desesperación—. Si no me sacas de aquí no lo pensaré. Me merezco una bofetada. De espaldas a mí suelta una risa cargada de malicia y burla, antes de lanzarme una última mirada, —¿De verdad crees tener opción? Maldito hijo de... —Bien —escupo antes de poder morderme la lengua—, entonces jodidamente me pudriré aquí. —Bien. —¡Bien! La puerta de metal se cierra una vez que él sale de la habitación. —¡Imbécil! —exclamo sacudiendome sin importarme el dolor, tratando inútilmente de liberarme de esas esposas, mirando en todas direcciones con miedo a que un ratón gigante aparezca para comerse mi cuerpecito. ¿Por qué mierda me pasa esto a mí? Adamo Mientras intento concentrarme en los papeles sobre mi escritorio, el rostro de Brooklyn no abandona mi mente. La rubia sí que dió vuelta mis pensamientos acerca de ella, creí que estaría asustada, que sería dócil, pero evidentemente me equivoqué. Es impulsiva y no parece tenerle miedo a lo podría hacerle, actúa de forma insensata sin tener en cuenta que podría asesinarla si me da la gana, y debo admitir que a una parte de mí le resulta intrigante esa personalidad. Creo que después de todo es mejor de lo que pensé, no es solo una cara bonita y eso es algo que llama mi atención, demasiado, a decir verdad. Y no sé para quién de los dos es más peligroso. Enzo deja un vaso de whiskey en mi escritorio y lo tomo para darle un trago mientras él ocupa lugar frente a mí. —Es bonita —comenta él. —Es jodidamente insufrible y solo lleva diez minutos consciente. Lorenzo ríe sin despegar los labios. —Parece algo problemática —. Un problema con el que me gustaría lidiar—. ¿Crees que acepte? —No tiene otra opción. —Si lo hace no tiene sangre italiana. Sé lo que eso significa. —Lo sé —lo miro—. La mesa va a molestarse, y lo tomaría en cuenta si me importara un carajo, ¿querían una esposa, no? Están bajo mi mando, obedecerán mis órdenes y aceptarán mis decisiones, si alguien se queja lo usaré como recordatorio de por qué no deben oponerse a mi palabra. Lorenzo no dice nada más respecto al tema, pero me doy cuenta que tiene algo más por decir. —¿Qué ocurre? —Quería saber por qué no me escogiste a mí para ocupar el lugar de Luca en la mesa. —Cuando te consulté sobre poner a Michael no dijiste nada. —Sabías que estaba interesado, Adamo. Claro que lo sabía. Le doy un trago a mi whiskey y él me observa esperando una respuesta, —Ese puesto no era para tí. —Adamo… Lo miro, —Si ocupabas ese puesto tendrías tu propio territorio para controlar, y no es que no seas la única persona en quién confío ciegamente para dejarle todo a cargo, pero eso significaría que ya no serías mi consigliere. Tendrás tu territorio un día, pero por lo pronto te necesito aquí, Enzo. Lorenzo asiente antes de darle un sorbo a su whiskey, mientras yo regreso mi atención a los papeles. En eso resuenan unos golpes en la puerta. —Adelante. —Señor, la chica está gritando, pidió verlo. —Dejala gritar un poco más a ver si así se cansa y es menos irritante. —Como diga, señor —dice antes de salir.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR