A la mañana siguiente el día no fue excepcionalmente diferente, era un día nuevo en el que Keelan no podía soportar la incertidumbre por saber quien ese esa joven y como es que desde que esta en Dager a reinado la paz, necesitaba saber mas de su historia, aunque sentía que ella en realidad no quería hablar mucho, sentía que solo le hablaba por miedo y aunque él se había presentado amable ella no confiaba en el entonces ¿Cómo la convencería de confiar?
Después de darle mil vueltas al asunto, Keelan, se levanto de la cama, se puso la ropa más cómoda que podía tener un príncipe y se fue a desayunar con Gyda, esta vez se propuso ir con una actitud aun mas amble que con la del día anterior, sentía que Gyda era solo una niña asustadiza.
-Gyda, buenos días ¿Has logrado descansar y adaptarte? – dijo Keelan, quien siempre parecía tener una voz seria, como si siempre estuviera enojado.
-Si, muchas gracias. – respondió Gyda, confundida siempre por que la actitud de él no concordaba con su tono de voz.
- ¿Te apetece desayunar algo en especial? El cocinero puede preparar lo que sea.
Gyda dudo un poco respecto a su respuesta, no podía decidir si era una trampa, si la estaba probando o el porqué de su bondad, los guardias que la custodiaban siempre hablaban de la crueldad de la nobleza de Dager y de lo sanguinario del príncipe, pero para nada sonaba como la descripción del príncipe amable que esta sentado junto a ella, pasados unos momentos, incomodos, de silencio, añadió:
-Lo que sea me parecerá perfecto.
-Entiendo, entonces un desayuno estándar. –
Keelan no esperaba esa respuesta de Gyda, el simplemente pensaba que, al no haber sido alimentada durante mucho tiempo, ella tendría muchas ideas con los sabores que extrañaba. Gyda era algo robótica, se tardaba mucho pensando las cosas.
Pasado un instante el mesero trajo la comida.
-Entonces, Gyda, he pedido que te traten bien ¿Lo han hecho?
-Si, en realidad todos han sido muy amables, gracias.
- ¿Hay algo más que pueda hacer para que te sientas cómoda?
-Estoy bastante cómoda así, gracias.
Gyda respondía de manera corta, casi con monosílabos, a cada pregunta de Keelan y el no tenia buen carácter, estaba a nada de explotar y comenzar a gritar, cuando ella dijo:
-Majestad, no comprendo ¿Por qué es bueno conmigo? En verdad yo no se nada del rey Tyrone, ni del reino Windsor.
- ¿Es por eso que tus respuestas son tan robóticas?
- ¿robóticas? -Gyda no se había percatado de lo robótico de su habla.
-Así es, a cada pregunta que hago me respondes de manera lenta y robótica.
-Es solo que no quiero morir- Dijo Gyda con lágrimas en los ojos.
El príncipe estaba desconcertado por aquella actitud, pues el sentía que había sido lo suficiente amable como para infundir confianza.
-Gyda, lo de amenazar de muerte a las personas que pensamos que son espías en realidad es una practica estándar, no hablaba enserio cuando en el calabozo dije que te mataría, tranquila.
-No lo comprendo a usted, ni a su gente, no sé qué quieren de mí, no puedo dar respuestas a sus preguntas y me temo que cuando se canse de no obtener respuestas me mande a matar.
La cara de Gyda estaba completamente roja de tanto llorar, a Keelan no le quedo mas remedio que levantarse de la mesa y salir, sin antes añadir:
-Una vez más lo digo, no me llames majestad, dime Keelan y no esta en mis planes matarte, por el momento no quiero amargarte los alimentos con mi presencia, me retiro.
En el cuarto reino un silencio extraño, por algún motivo era como si el príncipe se hubiera sentido ofendido.
El día volvió a transcurrir de la misma manera que el día anterior, se veía venir una época de monotonía.
-Keelan, majestad, he venido con buenas noticias. -Dijo Alexey con su tono burlón.
-Te advierto que no tengo humor en estos momentos como para tolerarte. Dijo Keelan.
-Tal vez los nobles tengan razón, ya cásate y puede ser que tu humor mejore.
-De nuevo esa tontería ¿Solo has venido a decirme eso?
-No, venia a decirte que descubrí que esa chica, que tienes medio libre y medio encarcelara, en realidad no nos mintió, si es hija del rey Tyrone y ella no sabe absolutamente nada de ese reino, lleva 10 años encarcelada.
- ¿Cómo lo sabes?
-Había una chica, en el reino de Windsor que me debía algo y simplemente me cobre con información.
Alexey era coqueto por naturaleza y tenia amantes en cada reino, gozaba del don de la palabra y era un tipo bastante apuesto, sin mencionar que conocía lugares seguros fuera de los reinos para verse con hermosas doncellas.
-Ya veo ¿Es confiable su información?
-Por supuesto que lo es, si no lo fuera no estaría aquí arriesgándome a tu furia.
-En ese caso, continua.
-Esa princesa causo un accidente, nadie sabe cuál ni como, en este accidente murió la reina, su cuñada (esposa de Bastián) y ella.
-Pero ella está viva.
-Se cree que la dieron por muerta para que el reino no tuviera una mancha en la familia real, pero hay una leyenda que cuentan entre los del pueblo, ellos creen que el rey la escondió para que los nobles no pidieran la cabeza de la niña.
- ¿Por qué los del pueblo inventaron eso?
-Nunca vieron el ataúd de la niña, el rey dijo que al ser su amada hija quería hacerle los servicios funerarios de manera personal, al ser una niña pequeña se consideraba lo mas prudente, para evitar el morbo del pueblo.
-Es entendible, aunque me parece extraño que solo por no ver el ataúd se inventaran esa historia, hasta podrá decir que me parece algo irreal.
-No solo es lo del ataúd, algunas sirvientas del palacio comenzaron a divulgar que la niña estaba en una habitación dentro del palacio y que eran ellas quienes la atendían, lo sospechoso esta en que justo por las fechas en el que se construyó esta cárcel lejana al palacio, también las mismas sirvientas que divulgaron el rumor de la princesa viva, comenzaron a morir de maneras extrañas o simplemente ya no se les vio salir del palacio.
-El rey Tyrone es un desgraciado.
-Cállate, Keelan, que tu harías lo mismo.
-Continua, que ya es algo tarde para estas conversaciones.
-Inicio una especia de censura extraña con respecto al tema del accidente y de la princesa, pero mucha gente del pueblo comenzó a ver a los guardias ir a esta cárcel, donde no había carceleros, a dejar veladoras, comida y agua, claro que con el tiempo el pueblo se acostumbro a eso y dejo de ser tan frecuente la visita de los guardias al lugar.
-Fue cuando ella dice que le dejaron de llevar comida, entonces ¿Eso del monstruo que devora energía?
-Eso no lo sé, mi informante dice que solo los guardias tienen contacto con ella, pero que no entienden de donde nace esa leyenda, que es mas de niños, no le des vueltas al asunto, debe ser algo infantil o que se inventaron los padres para que sus hijos fueran buenos niños.
-No lo sé, Alexey, hay algo más, algo obscuro escondido entre todo esto, algo que solo la familia real podría decirme.
-Tienes a la princesa, pregúntale a ella cuando te ganes un poco más de su confianza.
-Ella teme que la mate, hoy lloro desconsoladamente en el desayuno y sus respuestas son siempre simples, no vacila, pero tampoco toca los temas a fondo.
-Compréndela, no lleva mucho tiempo aquí, solo cupa tus encantos para que confié en ti.
-No puedo perder mas tiempo en esto, estamos en guerra, no lo olvides.
-Puede ser que su, majestad no lo ha notado, pero los reinos han estado en calma desde que esa princesa esta aquí, de cualquier manera, no olvido la guerra y sigo entrenando y vigilando al ejército, no hemos bajado la guardia con el asunto de la guerra.
-Voy a terminar confiando en que así son las cosas y no estamos vulnerables a los ataques, también mantenme informado con los movimientos del reino de Cass, ahora retírate.
-Si majestad, se dice gracias y yo le diría de nada.
-Es tu deber ser mi informante. -Dijo Keelan fingiendo una mueca de desagrado.
-Casi lo olvido, todos en la nobleza de Windsor tienen un extraño lunar rojo en la espalda, cosas de reinos extraños.
Fue otra noche en la que Keelan no pudo dormir dándole vueltas al asunto, era claro que ya no necesitaba comprobar que era la princesa, pero no encontraba la manera de que ella soltara un poco de información con los planes del rey Tyrone, si lo que le había dicho Alexey era cierto, entonces entre las visitas de los guardias tuvo que escuchado algo.
A la mañana siguiente el príncipe le pidió al mayordomo primero ir con Gyda y preguntarle que es lo que deseaba merendar, para después llevar dos platos de lo que ella pidiera.
-Hola, Gyda, es un día magnifico. - dijo Keelen al llegar a la habitación de GYda
-No lo sé, majestad, tengo prohibido ver por las ventanas del lugar.
-Aun no amanece del todo, los sirvientes aún están adentro del palacio, así que ven, te voy a mostrar algo.
Keelen abrió un poco la cortina y se asomó.
-Espera, te va a gustar, ahora si mira.
Abrió completamente la cortina dejando al descubierto el hermoso amanecer, los ojos de Gyda se iluminaron, hace mucho tiempo que no contemplaba algo tan hermoso, algo en su rostro se ilumino, era como si volviera a tener vida y para Keelan fue un espectáculo hermoso ver el rostro de Gyda.
Esta aura mística que se había formado se rompió cuando el mayordomo entro con el desayuno y Keelan cerro la cortina en su totalidad, una vez mas se quedaron solos en aquel cuarto.
-Antes de que yo llegue para el desayuno, puedes mirar por la ventana, veras un paisaje aun nocturno y un amanecer precioso cada día, con flores hermosas brillando.
Keelan dijo lo de las flores pensando en los ojos grises de Gyda.
-Muchas gracias, majestad, casi lloro de lo hermoso que fue. – esta vez la actitud de Gyda era diferente, era real.
Esa mañana la platica que tuvieron se centro en el reino de Dager, en los paisajes que tenían, en los pueblos, en la gente, en ningún momento se tocó algún tema relacionado a Gyda y para ella fue un alivio porque, aunque pasaba las noches practicando que responder a posibles respuestas, la ponía nerviosa no poder dar una respuesta convincente.
-Debo retirarme, cualquier cosa que necesites avísale al mayordomo.
-Gracias.
Antes de que Keelan saliera del cuarto, Gyda le dijo:
-En verdad muchas gracias.
Keelan salió, sorprendentemente feliz y para el ese día fue un día de paz y calma, pudo resolver cada problema sin dificultad.
A la hora de la cena, Keelan quería ir con Gyda, pero afortunadamente se detuvo, ya que ese día Gyda comenzaría a hablar con el mayordomo y a tener fe en ese reino.
-Disculpe, señor… - dijo Gyda, algo avergonzada.
-Dígame, señorita.
- ¿Por qué ese príncipe suyo es tan amable conmigo?
-El príncipe siempre es bueno, puede parecer estricto, pero es un príncipe que se preocupa por el bien del pueblo.
-Le confieso que en Windsor solo escuche lo cruel que era y lo aterrador.
-Es cruel cuando debe ser cruel y aterrador cuando debe serlo, pero también es noble y como amo es bastante bueno, entiende que somos personas y no esclavos, de su reino también nos llegan noticias de sus nobles.
- ¿En serio?
- Claro, cosas feas de los nobles, pero no se deje llevar por los chismes, descubrirá que no todo lo que se dice es cierto. -El mayordomo lo dijo con una sonrisa pura en la cara y a Gyda eso la relajo.
- ¿No cree que me mate?
-No, no creo que la mate, aquí el príncipe es temido por su fuerza y respetado por su actuar, no desde el miedo, es más desde la admiración.
-Me cuesta confiar en él.
-Es normal, para ser honesto yo tampoco confió en todos a la primera, hasta que no los conozco bien no logro confiar.
-Tengo otra duda ¿Si puedo mirar por la ventana el amanecer? Tengo miedo de que sea solo una prueba y me quiera engañar.
- ¿Una prueba?
- Es que el príncipe, durante mi primera noche aquí, me amenazo de muerte si miraba por las ventanas o si alguien me veía, ahora que lo pienso su príncipe es bastante cambiante.
-oh ya entiendo, si necesita esconderse y que no la vean, no me pregunte porque yo no lo sé, pero en la madrugada, cuando usted se levanta, en los jardines aun no hay sirvientes, no hay nadie que la vea y puede ver por la ventana, también durante la noche cuando ya los sirvientes han terminado su horario puede ver por la ventana.
-Es solo que me da miedo que me vean y me maten.
-Para que se sienta mas segura, antes de correr las cortinas apague todas las veladoras, luego podrá ver y nadie la notara.
-Gracias por todo lo que hace por mí. – Genuinamente Gyda estaba agradecida con él, pensaba que si el mayordomo hablaba tan francamente de su príncipe debía ser por que no era tan malo como ella lo pensaba.
Era la primera noche que Gyda y Keelan lograban tener un sueño reparador.