Madrugar para la reunión había sido una gran pérdida de tiempo, concluímos que no podíamos hacer nada pero no sin antes montar un gran revuelo en el comedor del que de no ser por nuestra fama estoy casi seguro que nos habrían echado.
Después tuvimos que ir a una sesión fotográfica que nos habían adelantado. Perdimos toda la mañana y parte de la tarde porque al director no le parecían lo suficientemente buenas, lo que empezaba ya a impacientarme porque si no terminábamos pronto, no tendría tiempo para estar con Dafne, los minutos se me hacían horas pensando en ella.
Cuando por fin llegamos al hotel pensé que tal vez no era demasiado tarde para quedar con Dafne, pero me llevé una sorpresa al encontrar un mensaje suyo:
18:00 Princesa
“Hoy no podremos vernos, me ha surgido un imprevisto. Lo siento, de verdad que tenía ganas de verte pero tendrá que ser en otro momento, besos.”
Contesté rápidamente y subí consternado a mi habitación, hoy no era mi día. Ahora todos mis planes se habían hecho pedazos, ya no sabía en que ocupar mi tiempo durante el resto de la noche. Quizá podría unirme a los chicos y al menos sería una forma entretenida de matar el rato.
- ¡Chicos, dadme las gracias! Tengo el plan perfecto para esta noche.
- ¿Perfecto? Adrian, todos tus planes terminan con alguno de nosotros en un coche policial o peleando con el novio de alguna.- Dijo Lucas que siempre era la voz de la razón entre nosotros.
- ¡Bah, no exageres! Eso sólo paso una vez.
- Una detrás de otra querrás decir, yo ya he perdido la cuenta de los cornudos a los que he tenido que noquear por tu culpa.- Iván y su testosterona, típico.
- Yo no tengo la culpa de ser tan encantador. ¡Venga, esta vez es distinto! Me han hablado de un lugar llamado La Perla donde podremos pasar una noche inolvidable. Además, no me iréis a decir que las otras veces os lo habéis pasado mal ¿no?
- Venga, démosle un último voto de confianza, no pasará nada por una última pelea y menos si así Alex aprende algo.- Dijo Sergio entre risas decidiendo por todo el grupo.
Al llegar todos nos quedamos estupefactos, aquel lugar desprendía lujo por todas partes, desde la alfombra roja que descendía por unas escaleras de mármol n***o hasta la enorme lámpara de araña que colgaba en la zona central. No parecía el típico lugar al que vendría el grupo, la música suave, el ambiente íntimo y la existencia de varias salas me hacía desconfiar, Adrian era un busca líos y esto no tenía nada que ver con su estilo, algo no iba bien.
- Caballeros, ¿desean una copa? A la primera invita la casa.- Dijo una mujer que llevaba un vestido rojo ajustado, abierto hasta el muslo derecho.
- ¡Claro! ¿Y podrías avisar a Carlos? De parte de Adrian.
- ¡Oh! Son amigos del señor, ahora mismo le hago llamar. Mientras acomódense en alguno de los sofás de los que dispone la sala central, ahora les llevan las bebidas.- La joven se fue, contoneando el trasero, escaleras arriba.
- ¿Veis a lo que me refería? Está claro que será una noche inolvidable.
- ¿Pero tú te has vuelto loco? ¿A dónde se supone que nos has traído?
- ¡Shh! Cálmate un poco Lucas, yo no le veo nada de malo a este sitio. Por una vez, el plan de Adrian, sea el que sea, me está gustando. Además esa gatita va a ser mía.- Dijo Iván todavía mirando fijamente el trasero que desaparecía en la planta de arriba.
- Creo que lo tienes difícil, esa gatita es la preferida del jefe. Vamos a los sofás y os lo explico.- Todos le seguimos sin todavía comprender nada.- Esto es por así decirlo un salón del juego y el espectáculo, simplificándolo, diosas de la seducción dispuestas a complacernos.
- ¡Eso ya lo tenemos a diario y sin pagar!
- No tendremos que pagar, he hecho un trato con él. Además no encontrarás nada como esto.
- Buenas noches chicos, me alegra veros a todos aquí. Espero que acabéis pensando lo mismo que Adrian, él ya me ha informado más o menos de vuestros gustos y me he tomado la libertad de encargaros espectáculos por separado, así que seguid a mis chicas hasta las salas correspondientes, si por alguna razón queréis cambiar de situación sólo tenéis que decirlo.- Al tiempo que se iba aquel imponente hombre, llegaron cinco chicas que nos llevaron a cada uno en una dirección distinta.
A mí me condujo una rubia hasta una sala que tenía un sofá de terciopelo rojo separado por un cristal de una barra de baile.
- “La Veneciana” tiene suerte de poder complacerte. Bueno, ella no te podrá ver hasta que tú le des a ese botón que tienes al lado, disfruta del espectáculo querido y si te cansas de ella pregunta por Sofía.
La rubia salió meneando sus curvas y dejándome una llave con la que cerré la puerta. Seguía sin entender nada pero sin darme una tregua para poder pensar, comenzó a sonar la música y al otro lado del cristal apareció una chica bailando en la barra, luciendo un picardías celeste y una máscara veneciana del mismo color que dejaba entrever unos ojos avellana, no podía ser.