Reconocería esos ojos en cualquier parte por más ocultos que estén tras una máscara, esa mirada perdida que desde un primer momento me imantaron a ella ¿qué hacía aquí Dafne? Una extraña sensación se instaló en mi pecho, sus movimientos me hacían desearla fervientemente pero un sentimiento contrario me frenaba, ella había estado jugando conmigo. Más que la víctima, ella no era más que el verdugo y yo el títere sin cabeza. La rabia se apoderó de mí, al igual que con Sergio, yo para ella no era más que una marioneta a la que manipular. Necesitaba salir de allí pero al levantarme tan bruscamente, presioné el botón y la cristalera tintada comenzó a bajar.
A mitad de camino nuestras miradas se cruzaron desatando una tormenta de confusión, traición y amor... para cuando llegué a la puerta con lágrimas en los ojos, escuché su voz llamándome pero ya era demasiado tarde.
No podía esperar a que salieran los demás, corrí por los pasillos ignorando las miradas de todos aquellos con los que me cruzaba, hasta que por fin llegué a la salida. Ahora no era el momento de detenerme así que seguí corriendo, sintiendo como cada paso que daba se volvía más pesado. Finalmente me detuve al sentir cómo la humedad de mis ojos me emborronaba tanto la visión que no era capaz de ver lo que me rodeaba. Traté de secarme aquellas lágrimas que se resistían a dejar de brotar y perplejo caí al suelo, de todos los lugares a los que podría haber llegado, había acabado en el parque donde nos conocimos, maldita ironía, aquel día era ella quien lloraba y ahora habíamos intercambiado los papeles pero con una diferencia, ella no estaba aquí para consolarme, no volvería a iluminar mi vida con su sonrisa. Otra vez me encontraba encadenado en las profundidades de mi ser, roto por dentro, en mi cabeza no dejaban de repetirse imágenes de ella y una pregunta ¿por qué?
- Disculpe joven, ¿se encuentra bien? Este no es un lugar para dormir, debería volver a casa.- Abrí mis ojos encontrándome con un agente de policía que me miraba molesto.
- Sí, perdón. Ya me voy.
Desperté en lo que parecía ser el mediodía, me escocían los ojos y los tenía sensibles a la luz del sol por lo ocurrido la noche anterior, ¿qué podía hacer ahora? mis fuerzas me habían abandonado, no quería ver a nadie ni dar explicaciones así que me levanté sin un rumbo fijo en mente, tal vez podría llegar hasta la azotea del hotel sin ser visto, allí no me podrían encontrar mientras ponía algo de orden en mi cabeza.
Entrando por la puerta trasera del hotel logré llegar a la azotea sin ser visto, había ido tan sumamente despacio que ya estaba atardeciendo cuando, sentado en el lugar de siempre, decidí encenderme un cigarro. ¿Acaso era a esto a lo que estaba destinado? ¿Sufrir siempre a manos de las personas a las que quería? ¿Malgastar mi vida imaginando lo perfectas que eran las de otros? ¿Huir y refugiarme de los problemas? ¡No! Ya estaba cansado de que me utilizaran, era yo quien debía cambiar y empezar a preocuparme sólo por mí sin importarme las consecuencias, así que no podía seguir auto compadeciéndome, tenía que bajar y dar a cara.
En cuanto abriese la puerta estaba seguro de que Sergio estaría esperándome como de costumbre pero esta vez me daba igual, esta vez no me dejaría pisotear, tomé una bocanada de aire y giré el picaporte.
- ¿Alex? ¿Eres tú? ¿Dónde estabas?- Se acercó rápidamente para abrazarme con la preocupación reflejada en su rostro, esto sí que se salía de lo habitual.
- Necesitaba pensar, eso es todo.- Esto no cambiaba nada, me deshice de su abrazo para seguir avanzando.
- Desapareciste veinticuatro horas y no respondiste a las llamadas ¿qué fue lo que te pasó? Nos dijeron que te vieron salir corriendo.
- ¿Y a ti qué te importa? ¿Acaso te has preocupado en algún momento por mí como un hermano?- Le di la espalda al dirigirme hacia la ventana para encenderme otro cigarro.
- ¡Me preocupo más que como un hermano! ¿Todavía no lo entiendes? ¡Sólo intentaba que te mantuvieses a mi lado! ¿Qué es lo que te pasa y desde cuándo cojones fumas?
- Sólo has conseguido perderme, así que entiende tú que me he cansado de ser el juguete de todos. No volveré a darte explicaciones de lo que haga con mi vida.
- Tú no eres así pero no quiero perderte, pídeme lo que quieras por favor.
- Ya es tarde para eso, de ahora en adelante cogeré lo que me pertenecía desde el principio.- Me acerqué a él hasta que chocó contra la puerta y le besé posesivamente sin que él opusiese resistencia.