Encendido por el momento y sin detener el beso, descendí la mano hasta su entrepierna, presionando levemente la zona mientras sentía como se iba endureciendo. Había soñado tanto con este momento...él estaba por primera vez a mi merced, sin embargo, ahora, una mezcla de todo lo que sentía por él me detenía. Por más que quisiese cobrarle cada abuso, cada castigo, cada beso robado, él siempre seguiría siendo todo lo que tenía y ante todo, le amaba.
- ¡Vete de aquí!- Me aparté tratando de no arrepentirme de mi elección.
- Alex, yo...no.- Respirando entrecortadamente trató de acercarse a mí.
- ¡Fuera, ahora!- Golpeé la pared en un intento de no rendirme ante sus suplicas, estaba a punto de perder el control.
- Cálmate, ya me voy pero piénsatelo, te necesito a mi lado.- Salió de la habitación pero no sin antes recuperar su tono autoritario.- Y recuerda que acabaré sabiendo lo que ocurrió anoche.
Cerré de un portazo, la impotencia me consumía ¿cómo podía ser tan débil? Él seguía siendo el mismo de siempre y yo había perdido la oportunidad de demostrarle en qué me había convertido gracias a sus maltratos. Comencé a dar vueltas por la habitación como una fiera enjaulada, de mi mente surgían ideas, a cada cual más perversa que la anterior, puede que aún no fuese demasiado tarde para remediar mi cobardía.
Dos horas más tarde, tras haber pedido algunas cosas en recepción, me encontraba llamando a la puerta de Sergio, tras la que, lejos de sorprenderme, se escuchaban fuertes gemidos. Volví a golpear la puerta hasta escuchar unos pasos acercándose, pertenecientes a una chica morena.
- Vuelve más tarde, estamos ocupados.- En la cama, podía vislumbrar a otra chica sobre mi hermano.
- ¿Qué tal si mejor os largais tú y tu amiguita?
- Cassidy, dale un buen recibimiento, es mi hermano pequeño.- La chica, mostrándose ahora más interesada en mí, me adentró en la habitación de forma lasciva.
- No tengo ningún interés en perder tiempo con vuestros juegos. Si sigues interesado en lo que hablamos antes, échalas, si no, no vuelvas a molestarme.
- Alex, disfruta un poco.
- No voy a cambiar de idea, si es esto lo que prefieres, me iré.
- ¡Espera! Chicas, largaros, esto se ha vuelto aburrido.- Las gemelas, entre protestas y ruegos, se marcharon ofendidas.
- ¿Y bien? ¿Qué has decidido?
- Estaré contigo pero de ahora en adelante las cosas se harán a mi manera.
- Te arriesgas mucho, primero me calentaste y echaste de tu habitación, y ahora no sólo echas de aquí a esas dulzuras si no que también impones tus condiciones. Estás siendo un insolente pero te seguiré el juego por el momento, si es eso lo que quieres.
- Bien, comencemos ahora. Las reglas son sencillas, harás lo que te pida y no podrás hacer ningún ruido.
- ¿Y si hago todo lo contrario?
- Después de la primera vez que lo intentes, créeme que no volverás a tener ganas de repetirlo.
Vendé sus ojos con mi bandana de los conciertos y até sus muñecas al cabecero de la cama, esta vez me vengaría, no importaba lo que ocurriese después. Mientras se derretía la cera de una vela, me propuse entretenerme con unos hielos, por lo que comencé a deslizarlos por su torso. Los músculos de Sergio se tensaban al contacto con el frío pero era demasiado orgulloso como para dejarme ganar tan fácilmente, era el momento de subir el nivel.
- ¿Qué te parecería subir la temperatura?
- ¿Crees que podrás? Puede que te precipitaras al echar a las gemelas.- Haría desaparecer su sonrisa prepotente en cuestión de segundos.
- Juzga tú mismo.- Vertí un poco de cera líquida sobre su abdomen.- ¿Sigues creyendo que estás al mando?
- ¡Joder!- Sergio gritaba y se retorcía, tratando de librarse de las ataduras.- ¿¡Acaso te has vuelto loco!?
- Una de las normas era no hacer ruido ¿lo recuerdas?- Volví a verterle cera por encima, esta vez sobre el pecho.- Este es el precio si quieres que siga a tu lado.
Durante una hora y media más, siguió soportando el contraste del hielo, los roces sugerentes por sus zonas sensibles y la cera candente sobre su piel, retorciéndose pero sin emitir nada más que ruidos ahogados. Tenía que admitir que no esperaba que aguantase tanto. Ya era tiempo de parar pero no sin antes hacer una foto para recordar esta pequeña victoria, aunque era imposible que en algún momento, alguno de los dos, olvidase esta noche.
- Por hoy ya es suficiente.- Me acerqué a su oído mientras desataba sus muñecas.- Y recuerda que de ahora en adelante tú eres sólo mío.- Lo besé, mordiéndole el labio inferior hasta notar el sabor de su sangre. Estaba satisfecho, hoy lograría dormir tranquilo.