-Hola, mi amor-, me dijo Luiggi sonriendo, distendido, haciendo brillar su mirada, con las piernas cruzadas, la camisa desabrochada mostrando sus abundantes vellos, tratando de mostrarse indiferente aunque yo veía que en su mirada había crueldad. -¿Qué haces aquí?-, le pregunté asustada, temblando de miedo, aupada por el pánico. -Vine a visitarte-, sonrió y su carcajada me pareció maquiavélica. -¿Tú le dijiste a mi hermana que la tía Lucy estaba mal?-, adiviné. -Claro. Tu hermana y tu mamá son personas muy confiadas, no son con como tú que eres muy sagaz-, siguió haciendo brillar sus ojos con esa mirada que me aterraba. Sus destellos me parecían malvados, fantasmagóricos, como el atisbo de un espectro. -¿Qué buscas?-, empecé a sospechar. Él no tenía ni una pizca de esa mirada dulce,

