Las cosas mejoraban más y más cada día. Esa mañana el teniente Castro me llamó a mi móvil. -Capturamos al sujeto al que le rompiste la nariz, confesó que estaba pagado por Agüero, que la intención, sin embargo, solo era asustarte-, me dijo. Me sentí contenta y alborozada, incluso bailé sentada en mi silla. -¿Dónde lo atraparon?-, pregunté -En una clínica muy costosa. Los gastos fueron asumidos por Agüero. Eso nos dio una pista hacia él-, me contó. -¿Lo van a detener?-, pregunté estirando mi sonrisa. -No. El fiscal, sin embargo, le ha abierto una investigación. El sicario no ha querido señalarlo ni acusarlo y lo del pago de sus gastos no es atenuante, puede aducir que es un buen samaritano-, subrayó. -Lo único de samaritano que tiene ese sujeto son sus calzoncillos-, eché a reír festi

