Papá y mamá llegaron a la casa, temprano, discutiendo como siempre. -Tu padre es un loco al timón-, se quejó ella. -Tu madre es una cucufata-, se defendió mi papá. Me dio risa. -Mejor es que cada uno tenga su carro-, intenté ser salomónica, pero mamá se puso furiosa. -Ni loca me siento delante de un timón-, renegó. Mi padre estaba preocupado por todo lo que estaba pasando en esa racha de juicios en que estaba. -¿Por qué no renuncias al caso del Grupo Zodiaco, dijo bebiendo su vasito de limonada, es gente muy peligrosa- Era verdad. La policía no lograba vincular los ataques, pese a las sospechas y evidencias, con los accionistas que le hacían la guerra a Figueroa y sentía mi vida amenazada, sin embargo no me iba a rendir. -Es un buen caso, papá, me deja además excelentes dividendos

