Capítulo 9

1084 Palabras
Al fin Johan estaba libre. No le fue bien en el partido que jugó en una provincia alejada y andaba de malhumor. Yo le había dicho que quería ir a La Punta, porque es un distrito muy romántico, junto al mar. Él, en cambio, deseaba ir a la sierra, perderse entre los cerros, quizás Matucana o San Mateo. -No, eché a reír, acabo de pasarla mal por esos sitios- Pasó por mí tempranito. Apenas me había duchado cuando ya timbraba mi móvil con un mensaje de texto: acá estoy flaca. ¡Rayos! Me sequé apurada el pelo, me puse un calzón chiquito, jean, botines, mi sostén y una blusa floreada. También pulseras, sortijas a granel y aretes. Me pinté rápidamente y metí mis cosméticos a mi canasta, todo en un santiamén. -¿Tanto demoras?-, se quejó Johan, con la cara arrugada. ¿Demorar? Ay, lo hice todo en un segundo y dice que me demoré. ¡Hombres! Estaba lindo. Tenía el pelo desordenado, sin afeitar, los ojos vivarachos, una camiseta de la selección de fútbol de Alemania y un short que dejaba ver sus piernas llenas de vellos. ¡Qué delicia! Saqué mi lengua entusiasmada viendo sus poderosos muslos, repletos de pelos y también le miré el pantalón corto, "guau, qué varonil", me decía entusiasmada. Mi corazón rebotaba en el pecho. -El entrenador me cambió, caramba, cuando íbamos a empatar-, se quejó furioso. Puso una salsa en romántica. Moví los hombros entusiasmada. -Seguro estabas muy marcado-, intenté consolarlo. -Nada. Lo que pasa que el mediocampo no funcionaba. Debió cambiar al diez. Lo hacía mal. No me daba pelotas. A mí solo me marcaba el stopper-, reclamó furioso Johan. ¿Mediocampo? ¿El diez? ¿Pelotas, no es que el fútbol se juega solo con una? ¿Stopper? No tenía ni la más remota idea de lo que hablaba, pero yo asentía y ponía la carita triste, acariciando su brazote. -Ay, qué mal, Johan-, parecía reconfortarlo y le miraba el short. ¡Mañosa!, me reclamé riéndome para mis adentros. Fuimos caminando junto al mar, por el malecón de La Punta. Él alzó la capucha de su casaca para que nadie lo reconociera. Le conté del incidente que tuvimos en la sierra y Johan se sorprendió mucho. -Wow, qué miedo ¿presentaste la denuncia?-, me preguntó. -Sí, le tomaron fotos de las magulladuras de la camioneta cuando la chocaron para sacarnos del camino-, le dije entusiasmada. -Debes tener cuidado, me suplicó con una vocecita dulce que me impactó bastante, no me gustaría que te pase nada- Mordí los labios. Johan había dejado su fastidio y ahora parecía un gatito. Metí mi mano por sus brazos y me recosté a su hombro. Me encantaron sus músculos, duros, fuertes, macizos como rocas. -¿Te conté que me gusta hacer música?-, me dijo, luego, sentados en las piedritas viendo el mar rebotando en la orilla. -No ¿qué música haces?-, le pregunté, -Salsa, pues mujer, lo mejor del mundo-, echó a reír. -Ay, qué bonito, exclamé enamorada, lo harás con tu propia orquesta- -Sí, es la idea-, dijo rebuscando algo en su móvil. -Esa salsa la hice para ti, se llama "Fiebre", es una salsa romántica, muy bonita, escucha-, me anunció. Era un video, su hermano estaba con el órgano eléctrico. -Día y noche tengo fiebre de ti y deliro por tus besos y frenesí. Solo sueño contigo, con tu ojos y quisiera estar abrigado entre tus brazos. Te llamo, te anhelo y te necesito para calmar esta fiebre de amor. Mi cuerpo tiene fiebre de ti, mis manos tienen fiebre de ti y mi corazón te llama, Deborah, porque son tus besos, mi única medicina- Luego de eso, junto a su hermano, hacían los coros. -Deborah, tengo fiebre de ti. Tus besos calman mi calentura, mujer Deborah, tengo fiebre de ti. Cúrame con tus labios, mujer. Deborah, tengo fiebre de ti. Tú sabes cuál es mi medicina, mujer- No saben cómo se estremeció mi corazón, arrugándose por completo dentro mi pecho. Mordí mis labios excitada, temblé de emoción, sobé mis muslos, mis rodillas, mis tobillos, sentí el fuego calcinándome las entrañas, me jalé el pelo toda loca y gemí, suspiré, romántica y perpleja a la vez, completamente seducida. -Ayyyy, qué linda salsa-, le dije, y le besé apasionada la boca. Él ni corto ni perezoso saboreó mis labios, exprimiéndome como un limón, hasta quedar derretida a sus brazos. Sí, adivinaron. Hicimos el amor en una hostal escondida en una callecita estrechita cerca a la plaza principal del distrito. Él miró y admiró absorto mi inmensa belleza, mágica e hipnótica, cuando quedé totalmente desnuda. Aparecí delante de sus ojos, como un destello de luz, igual a un ángel radiante y divina, grácil como una gaviota flotando en un límpido cielo o una garza detenida en un lago muy romántico. Él se deleitó mirando mis crines negros rodando como cascadas sensuales sobre mis hombros y sintió explotar su máxima virilidad. Empezó a saborear mi boquita y masajear mis senos con afán y vehemencia, aplastándome sobre la pared. Hervía de deseos de poseerme y le encantó mis pechos prominentes, emancipados, duros, erguidos que palpitaban al mismo compás de nuestros corazones, retumbando al unísono. Suspiré, gemí, con mi vocecita musical, armónica, dulce, mágica y coqueta y lo volví más loco, haciéndose una antorcha que no dejaba de acariciarme, besarme y disfrutar de la suavidad de mi piel. Sus manos iban y venían por mi cuerpo, disfrutando de su lozanía, y sus ansias llegaron a mis largos valles, mis sinuosas laderas y mis mágicos barrancos, tomándolos, apropiándose de mis acantilados y cascadas. Me devoró como un lobo hambriento, mordiendo mis brazos, mis cuellos, mis pezones. Y estaba sobrecogida, totalmente excitada, suspirando pasión en mi aliento y sin dejar de soplar alborozada. Yo era más llamas que él, era una tea intensa e inmensa, volviéndome cenizas, chisporroteando fuego en todos mis mis poros. Y sus besos y caricias, conquistando cada centímetro de mi piel, alimentaban, más y más mis fuegos. Grité loca de placer cuando Johan invadió hecho en una gigantesca ola, mis entrañas. Fue un caudaloso río, entrando febril y vehemente a mis vacíos, llenándolo todo, haciéndome estallar de placer y sensualidad. -¡Fuerte, más fuerte!-, aullé rendida por la pasión y el placer, en el máximo clímax del sexo, en su absoluta expresión. Quedé rendida, maravillada, excitada, satisfecha y exánime, regada en la cama, exhalando sexo en mi aliento, suspirando, con mi corazón acelerado, después de haber sido suya.
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