Jimmy y yo, volvimos a besarnos, apasionadamente, esa tarde, después que Yolanda fue con los expedientes del caso del Grupo Zodiaco donde Angélica. Luego que quedamos solos, empezamos a mirarnos a los ojos con deseos y mucho fuego en las miradas. Él estaba febril, se leía clarito en sus pupilas y yo ardía en deseos, de ganas que me besara y acariciara. Él avanzó hacia mí como una locomotora y se abalanzó sobre mi silla, besándome con locura y con desesperación. Sus manos empezaron a estrujarme los pechos y yo comencé a gemir, a desesperarme, a darle golpes en la espalda, sumida en una total excitación, obnubilada por las ansias. Me quitó la blusa, arranchándome los botones y luego me sacó el sostén, también jalándolo con furia, dejando mis pechos al aire palpitando al mismo compás de mi p

