- Malakh.
Siento que alguien mueve mi cuerpo y me veo obligada a abrir los ojos.
Todo mi cuerpo pesa y me cuesta trabajo realizar cualquier movimiento. Trato de moverme para acomodarme de mejor manera en la cama, sin embargo, apenas puedo mover uno de mis brazos.
- ¿Estás bien?
Busco con la mirada a Baraquiel, pero no logro visualizar su rostro debido a que se encuentra a mis espaldas y mi cuerpo no me permite efectuar el movimiento necesario para encontrarlo con la mirada.
- ¿Necesitas ayuda?
- Necesito que me dejes descansar, Baraquiel. Me siento cansada.
Baraquiel rodea la cama colocándose frente a mi rostro y puedo observar en su rostro una expresión de preocupación.
- Te ayudaré a ponerte de pie.
Envuelve sus brazos alrededor de mi cintura y me levanta con tanta facilidad que por un momento pienso que he dejado de tener un bebé en mi interior y todos esos kilos de más han provocado que Baraquiel pueda levantarme sin esfuerzo, aunque después recuerdo la naturalidad de Baraquiel y descarto la idea.
- Karla está en la cocina.
- ¿Qué? Debería estar en el trabajo.
Baraquiel no me suelta hasta que observa que me trato de mantenerme de pie por mi cuenta.
- Está preocupada por ti, dice que no es normal que te sientas tan cansada y no quieras salir de cama en todo el día.
Poco a poco Baraquiel se despega de mi cuerpo, pero no se aleja demasiado. Toma mi brazo derecho y lo coloca sobre su brazo izquierdo para que lo utilice como apoyo para caminar.
- Estoy embarazada, por supuesto que es normal que me sienta cansada todo el día.
- Malakh, tú y yo sabemos que ninguna humana embarazada se siente tan cansada como para no haberse levantado por días de la cama y que eso sea normal.
Camino tan lentamente que pienso que una tortuga podría ganarme en una carrera y eso parece desesperar a Baraquiel.
- Le manifestaré a Ananiel que no puedes seguir así. Tiene que bajar la intensidad de su poder o uno de estos días te quedarás dormida y ya no despertarás.
- ¡No! La presencia de Naber ya no es detectada ni siquiera por ti. Sí seguimos de esta manera, Devil no nos encontrará.
- Malakh, solo mírate. No eres capaz de ponerte de pie por ti mismo. Duermes todo el día y no te despiertas ni siquiera para comer.
Su comentario me enfurece, pero sé que tiene razón. Desde hace una semana puedo dormir por más de quince horas al día y eso no es bueno ni para el bebé ni para mí.
- Al menos finge que no te sientes tan cansada y de esa manera Karla se irá a trabajar sin preocuparse por ti.
- Tienes razón.
Suelto su brazo y me enderezo para empezar a dar mi mayor esfuerzo y caminar con normalidad. Abro la puerta de mi habitación y me sostengo de la manija unos segundos.
Trato de concentrar todas mis fuerzas en las piernas y proceder a caminar como una persona normal.
Camino unos cuantos pasos hasta llegar al filo de las escaleras y en ese momento giro mi cuello en dirección de Baraquiel.
- Puedo fingir que camino normalmente, no obstante, no creo poder bajar todos los escalones sin desfallecer en el camino.
Baraquiel no lo piensa dos veces y me toma entre sus brazos para bajar las escaleras. Se detiene en el último escalón antes de entrar en el campo de visión de Karla y me baja para que podamos fingir que todo está bien.
En el momento en que Karla levanta la mirada y nos observa camina rápidamente hacia mí y me abraza con fuerza.
- Cariño, estaba preocupada por ti.
Baraquiel pasa por nuestro lado y se dirige a la cocina mientras trato de elaborar en mi mente una buena excusa para decirle a Karla.
- Estoy bien, Karla. No es nada.
- Sam, has estado en cama por días, no considero que eso sea normal, pero al menos hoy te veo más animada.
Finjo una sonrisa y trato de disimular que mi cuerpo pesa diez veces más de lo que debería.
Karla camina hasta Baraquiel y le pide ayuda para servir el desayuno mientras camino hacia ellos. Me cuesta trabajo dar cada paso, aunque consigo que Karla no note mi cansancio.
- Preparé el desayuno para los tres.
Karla le sirve una taza de café a Baraquiel mientras que a mí me sirve una taza de té.
- Debo ir al trabajo, pero a las seis de la tarde tienes una cita con el médico.
Esa última parte lo expresa observándome con atención y mis ojos se abren ante la sorpresa.
- Karla, no es necesario, ya te mencioné que…
Karla me interrumpe para que no pueda terminar esa frase.
- Sam, solo pediremos que un médico te examine y si todo está bien entonces me quedaré más tranquila. No quiero que nada malo te pase.
Busco con la mirada a Baraquiel esperando ayuda de su parte, no obstante, encuentro que en su rostro se mantiene una expresión de horror. Su taza se ha quedado congelada cerca de su boca y observa a Karla como si de un momento al otro ella se hubiese convertido en una clase de demonio.
- Karla, yo…
Trato de pensar en una excusa lo suficientemente buena, pero nada llega a mi mente.
- Por favor, Sam, hazlo por mí. Únicamente quiero asegurarme de que todo esté bien contigo y el bebé.
Estoy a punto de gritar de la frustración y salir corriendo, sin embargo, la mirada de Karla me persiste de hacerlo y simplemente asiento con la cabeza rendida ante su petición.
Baraquiel empieza a toser como si se estuviese ahogando y Karla golpea su espalda preocupada por él.
- ¿Estás bien? – Pregunta Karla cuando Baraquiel ha dejado de toser.
Su mirada se fija en mi rostro y noto que Baraquiel se encuentra tan preocupado como yo lo estoy.
- Karla, no creo que sea buena idea sacar de la casa a Sam, ella debe descansar, además estos días está haciendo mucho frío y podría enfermarse.
Una carcajada casi escapa de mis labios al recordar que el pronóstico del clima decía que esta semana sería una de las más calurosas en los últimos diez años, sin embargo, consigo cubrir mi boca con la manga de mi pijama.
- ¿Pero, que dices, Baraquiel? Es un día caluroso. Sí quieres puedes venir con nosotras y asegurarte de que nada le ocurrirá a Sam.
Baraquiel se ha quedado mudo y parece que no sabe como responder ante el ofrecimiento de Karla.
- Yo… no lo sé, creo que tengo una reunión a esa hora, sin embargo, te confirmaré después.
Sí Baraquiel y yo salimos juntos nos convertiremos en el centro de atención de cualquier enviado.
- De acuerdo, debo irme para no llegar tarde a casa de los Miller. Vendré por ti a las cinco y media, cariño.
Karla toma su bolso, que se encontraba junto a la refrigeradora y se despide de ambos con un abrazo para posteriormente caminar hacia la salida de la casa.
Escucho que Karla abre la puerta y de inmediato una voz conocida de hace presente.
- Karla, hola.
Regreso a ver y me encuentro con Josh frente a Karla saludándola.
- Josh, no te he visto hace semanas. ¿Cómo has estado?
Han sido pocas las veces que Josh y Karla se han encontrado. Días posteriores a que hablé con Josh sobre mi vida venía seguido y un par de veces se encontró con Karla, aunque solo por unos minutos, después de eso le pedía a Josh que se fuera para no arriesgarnos a que Karla escuchara algo que no estaba preparada para decirle.
- Ya sabes, el trabajo me mantiene ocupado.
Karla parece recordar su propio trabajo y se despide rápidamente de Josh para luego alejarse corriendo.
- Lo que me faltaba…
Baraquiel no parece contento con la presencia de Josh y no puedo culparlo, ya que debo pensar en una manera de no ir a esa cita médica y con Josh aquí no podré idear un plan.
- Malakh…
Josh parece a punto de mencionar algo, pero Baraquiel lo interrumpe.
- ¿Qué haces aquí? Te pedimos que ya no vengas tan seguido. Te arriesgas a que te sigan y nos encuentren.
Es obvio que Baraquiel no está de buen humor y parece que trata de desquitarse con Josh.
- Eso era lo que quería decirles. Dos enviados estuvieron en mi oficina hace menos de una hora.
Toca mi atención se centra en Josh y tal parece que Baraquiel ha decidido ignorar su propio enojo y escuchar a Baraquiel.
- ¿Qué sucedió? – Pregunto.
- Esta mañana me encontraba entrando a la galería cuando un olor a gas me entró en las fosas nasales. Por su puesto me preocupé y volví a salir para llamar a emergencias. Cuando estaba marcando el número escuché un extraño ruido proveniente del interior de la galería. Nadie tiene la llave más que yo, así que rodeé el edificio hasta la ventada de mi oficina. En ese momento los vi. Uno de ellos estaba sentado sobre mi silla mientras que el otro estaba tirando al piso todo lo que encontraba. Después de eso retrocedí lentamente, tomé mi auto y conduje hasta un edificio de apartamentos a unos veinte minutos de aquí. Temí que me siguieran, por lo que estacioné el auto y pedí un Uber que me trajera hasta aquí.
Baraquiel busca mi mirada y parece que nuestros pensamientos se sincronizan.
- Piensas lo mismo, ¿verdad?
- Josh debe irse por un tiempo.
Baraquiel asiente y ambos observamos a Josh detenidamente.
- ¿Irme a dónde?
- Tu mamá estará feliz de tenerte de vuelta, Josh. Es peligroso que estés aquí. Es obvio que los enviados fueron en tu búsqueda con un objetivo.
- Quieren saber dónde está Malakh. – Dice Baraquiel.
Josh se muestra preocupado y empiezo a temer por su bienestar.
- La anterior vez ya me preguntaron donde estás y les dije que no sabía, si vuelven a atacarme continuaré diciendo que no lo sé.
He visto de lo que son capaces los enviados y por un momento reflexiono sobre la razón que pudieron tener los enviados para no t******r a Josh por mucho más tiempo hasta obtener la información que tanto buscan.
- La primera vez te golpearon ligeramente con la intención de no revelar su naturaleza. – Responde Baraquiel como si leyera mis pensamientos. – La segunda vez no será igual. Fueron en tu búsqueda con la intención de torturarte lo que fuese necesario hasta que hablaras.
La expresión de terror en el rostro de Josh es evidente para Baraquiel y yo.
- Josh, debes irte por un tiempo.
Camino hacía él y lo observo directamente a los ojos.
- No quiero que vuelvan a atacarte por mi culpa, por favor vete.
- De acuerdo, pero ¿Por cuánto tiempo?
- Un mes, eso es lo que falta para que Malakh entre en labor de parto, después de eso puedes volver porque toda esta zona se volverá tóxica para los enviados y podrás venir a ver a Malakh todas las veces que quieras.
Regreso a observar a Baraquiel y noto algo en su rostro que me paraliza por completo… está mintiendo.
- ¿Tóxico?
- Te lo explicaremos la próxima vez que nos veamos. Ahora conduce a casa y empaca. Toma el primer vuelo a casa de tu mamá y no vuelvas en un mes.
De nuevo noto que Baraquiel miente, sin embargo, me mantengo callada para no desmentirlo.
- De acuerdo, eso haré…
Josh se gira para caminar hacia la salida, no obstante, tomo su mano antes de que pueda alejarse lo suficiente.
- Baraquiel, ¿puedes dejarnos a solas un momento? Por favor.
Sé que Baraquiel está a punto de protestar, por lo que le ruego con la mirada que haga lo que le pido hasta que finalmente accede y sube las escaleras hasta el segundo piso.
- Estaré bien, tranquila. Cuídate mucho y en un mes volveré con muchos regalos para el bebé.
Puedo escuchar como mi corazón se rompe ante sus palabras, pese a ello finjo una sonrisa.
- No es necesario. No gastes tu dinero en juguetes para el bebé.
- Pero quiero hacerlo. Sé que quizá Baraquiel sea la figura paterna de tu bebé y de seguro él querrá enseñarle a patear una pelota y esas cosas, sin embargo, yo le enseñaré todo sobre el arte.
Río al imaginar a Baraquiel enseñándole a Naber a patear una pelota. Las palabras finales de Josh me provocan un nudo en la garganta que casi me deja sin palabras.
- Te veo después, Malakh.
Josh me abraza con fuerza por unos segundos. Correspondo a su abrazo mientras trato de no derramar ninguna de las lágrimas que empiezan a acumularse en mis ojos.
- ¿Josh?
- ¿Sí?
- No sabes cuanto me hubiese gustado sentir el mismo amor que tú sientes por mí.
Su cuerpo se tensa por un par de segundos, aunque no se despega de mí.
- También a mí…
No puedo evitar que una pequeña lágrima caiga por mi mejilla mientras Josh se aleja y sale de la casa con una sonrisa melancólica en sus labios.
La puerta se cierra a la vez que escucho los pasos de Baraquiel bajando por las escaleras. Regreso a mirarlo y parece que nota las lágrimas sin derramar en mis ojos.
- Nunca volveré a verlo, ¿verdad?
Baraquiel camina hacia mí y me abraza por el cuello mientras dejo derramar cientos de lágrimas en su camiseta.
Recuerdo todos los maravillosos momentos que viví con Josh y todas las ocasiones en las que reímos juntos.
- Te extrañaré, Josh…