- ¿Qué haremos?
La preocupación en la voz de Baraquiel es evidente y no puedo evitar sentirme de igual manera.
- No puedo ir.
- Debes ir, ningún médico te ha revisado en meses y Karla podría sospechar.
- Nos arriesgamos a que los enviados noten la presencia de Naber.
Un silencio se instala en la habitación y empiezo a pellizcar una y otra vez el sofá en el que me encuentro sentada.
Baraquiel se levanta del sofá frente al mío y empieza a caminar de un lado al otro.
- No podemos seguir mintiéndole a Karla.
- ¿Qué propones? ¿Decirle toda la verdad y que la presión se le suba?
- Ananiel podría ayudar con eso.
- No utilizaremos los poderes de Ananiel en Karla.
Baraquiel parece frustrado y un poco enojado, sin embargo, trata de mantener la compostura.
- No he podido sentir la presencia de Naber, quizá los enviados tampoco puedan detectarlo.
- Entonces, ¿planeas que salga y lo compruebe por mí misma?
- Necesitamos asegurarnos de que tú y el bebé se encuentren bien de salud. Ve al médico con Karla y yo me encargaré de distraer a los enviados.
- ¿Cómo?
- La presencia de Naber está opacada, la mía no. Llamaré su atención y dejaré que me persigan unas horas.
No me agrada su idea, aunque no puedo discrepar de él, ya que no se me ocurre una mejor.
- ¿Y si te atrapan?
Baraquiel detiene su caminata y me observa con detenimiento por unos segundos mientras parece que trata de encontrar una respuesta a esa pregunta que no me asuste.
- Me encargaré de ellos.
Su respuesta no me tranquiliza para nada y bajo la cabeza en señal de preocupación por esta situación.
- Estaré bien.
La voz de Baraquiel se oye más cercana y al levantar la cabeza encuentro su rostro cerca del mío. Coloca su mano sobre mi hombro y trata de mostrar una sonrisa para tranquilizarme, sin embargo, causa el efecto contrario.
Estoy a punto de decir lo que pienso sobre su plan cuando la mirada de Baraquiel se desvía hacía un punto a mis espaldas y toma mi brazo con rapidez para jalarlo y colocarme detrás de él.
Grito por su repentino movimiento y al levantar la mirada hacía él me percato que todo su cuerpo se encuentra en posición de defensa y alerta.
- ¿Qué sucede?
- Detecto dos presencias dentro de la casa.
De inmediato todos mis sentidos se alarman y dirijo mi mirada hacia el punto en el que Baraquiel observa con atención.
Observo dos pares de zapatos bajar por las escaleras y de inmediato reconozco uno de ellos.
- Tranquilos.
La voz de Ananiel me tranquiliza y parece que causa el mismo sentimiento en Baraquiel.
- Somos nosotros.
Ananiel se encuentra junto a Gabriel, quienes caminan hacia nosotros con rostros serios.
- ¿Qué estás pensando? No podemos estar todos juntos dentro de esta casa, el hechizo no podrá ocultar nuestra presencia.
Baraquiel parece molesto y parece que está a punto de echarlos de casa.
- Ese es el plan. Los tres podríamos llamar la atención de los enviados y de esa manera Malakh podría asistir a su cita médica.
Ananiel parece confiado de su plan mientras que Gabriel se mantiene en silencio.
- Entre los tres llamaremos la atención de cientos de enviados.
- Mientras más distraídos se encuentren será mejor para Malakh. Los llevaremos en dirección contraria a la que irá Malakh.
- ¿Cómo sabemos que Naber no tendrá una presencia mucho más poderosa que la nuestra?
- No lo sabemos, pero Gabriel y yo creemos poco probable que su presencia sea más poderosa que la de nosotros tres juntas.
Gabriel camina hacia mí pasando junto a Baraquiel e ignorándolo por completo.
- Es más poderoso de lo que suponíamos, aunque Ananiel ha hecho un gran trabajo opacando su presencia.
El aludido muestra una sonrisa de orgullo y camina hacía Baraquiel.
Gabriel continúa acercándose y levanta una de sus manos hacía mi vientre.
- Sí mantenemos al bebé dormido y en paz, no habrá problema, sin embargo, su presencia todavía será notada con cada movimiento que haga dentro del vientre de Malakh.
Baraquiel parece molesto con Gabriel por atreverse a tocar mi vientre, por lo que camina hacia nosotros y retira la mano de mi vientre.
- No hace falta que la toques.
Nunca había visto a Baraquiel siendo tan posesivo, por lo que me siento sorprendida a la vez que preocupada.
Gabriel se aleja lentamente de mí y camina hacía Ananiel.
- No pasa nada sí Gabriel quiere tocar mi vientre, Baraquiel.
- Gabriel podría despertar al bebé y la presencia de cuatro celestiales será demasiado para el hechizo que rodea la casa.
Su explicación me parece razonable y asiento con la cabeza en muestra de que estoy de acuerdo con él.
- Deben irse, no podemos permanecer todos juntos sin llamar la atención de cualquier enviado que pueda estar cerca de aquí.
- En el momento en el que Karla y Malakh salgan de esta casa, llámanos y vendremos por ti. Los llevaremos hasta el Área de reserva de agua y en ese lugar los mantendremos las horas que sean necesarias.
El plan de Ananiel suena bien y me tranquiliza que Baraquiel tenga refuerzos para luchar.
- De acuerdo.
Tanto Ananiel como Gabriel caminan hacia el patio t*****o y desaparecen de mi vista.
- Debemos estar listos para todo…
- ¿A qué te refieres?
Baraquiel ignora mi pregunta y se dirige a las escaleras. Sube hasta el segundo piso y decido seguirlo para saber sus planes. Lo encuentro en su habitación rebuscando entre las armas que oculta bajo su cama.
- Aquí está.
Gira su cuello en mi dirección y estira su mano donde sostiene una pequeña daga con mango dorado.
- ¿Por qué me das esto?
La tomo por curiosidad y la observo con detenimiento tratando de no hacerme daño en el proceso.
- Sí algo llega a ocurrir y algún enviado te encuentra, clava esa daga en su pecho y procura que nadie te vea.
- ¿Qué pasa si me llegan a a****r con Karla a mi lado?
- Tendremos que dar muchas explicaciones después, por eso te pido que no permitas que ningún humano note que acabas de apuñalar a un enviado.
Asiento y Baraquiel me entrega una funda hecha de cuero y pintada de color dorado en donde puedo guardar la daga.
Las horas pasan más rápido de lo que me gustaría y llega el momento en que la puerta de la entrada se abre y por ella aparece Karla con una gran sonrisa en su rostro y varias bolsas de supermercado en sus manos.
- Les traje comida necesaria para que puedan alimentarse una semana.
Baraquiel camina hacia ella y cómo siempre, le ayuda con las bolsas a Karla.
- Tenemos quince minutos para llegar así que será mejor irnos. ¿Vienes con nosotras, Baraquiel?
- Lo siento, Karla, no puedo. Tengo una reunión en unos minutos.
Karla parece decepcionada, pero desvía la mirada y le quita importancia.
- ¿Iremos en tu auto o en el mío? – Pregunta con la mirada en mí.
- Mejor en el tuyo.
Karla no pierde más tiempo y toma mi mano para arrastrarme hacia la puerta.
No puedo evitar sentirme nerviosa y asustada al mismo tiempo. No he salido de esta casa en tanto tiempo que siento que ya no conozco el mundo donde vivo. Le doy una rápida mirada a Baraquiel antes de que Karla cierre la puerta detrás de nosotras y su rostro parece serio.
Empiezo a caminar junto a Karla y visualizo el camino casi imperceptible que pertenece al hechizo a unos centímetros de mis pies.
- Ananiel, llegó el momento. – Susurro tan bajo que ni yo me escucho, aunque parece ser lo suficientemente alto para ser escuchada por Ananiel.
Observo dos sombras cruzar rápidamente por mi jardín hacía mi casa y de inmediato deduzco que se trata de Ananiel y Gabriel.
Finalmente, cruzo la frontera del hechizo y una ráfaga de aire helado choca con mi rostro. Karla trata de que camine más rápido, sin embargo, mi cuerpo todavía se siente pesado y no puedo dar pasos rápidos.
- Debemos apresurarnos, linda o llegaremos tarde.
Karla me abre la puerta del copiloto de su Chevrolet del 2010 y rodea el auto para empezar a conducir.
En exactamente quince minutos llegamos al estacionamiento del consultorio médico y Karla estaciona junto a la puerta.
Me cuesta trabajo salir del auto, ya que no solo el peso de mi vientre me causa problemas, sino que el poder de Ananiel todavía recorre mi cuerpo y no puedo evitar sentirme más cansada de lo normal.
- Estamos justo a tiempo.
Karla parece preocupada cuando nota el gran esfuerzo que debo realizar para salir del auto, sin embargo, se mantiene en silencio y espera pacientemente a que empiece a caminar en dirección a la entrada.
Antes de entrar al edificio busco con la mirada cualquier hombre que pueda resultarme sospechoso y una vez que no encuentro nada, sigo a Karla hasta el interior del consultorio.
- Buenas noches, ¿en qué puedo ayudarlas?
La voz de la recepcionista parece dulce y a juzgar por su apariencia deduzco que no puede tener más de veinticinco años. Su cabello n***o se encuentra perfectamente recogido a la altura de su nuca y muestra una sonrisa cálida.
- Sí, tenemos cita con el Doctor González a las seis. – Responde Karla por mí.
- Por su puesto, por favor tomen asiento, le informaré el doctor que han llegado.
- Gracias, querida.
Por un momento noto que la recepcionista me observa con atención mientras parece juzgarme con la mirada. Deduzco que se encuentra sorprendida por mi embarazo a la corta edad que aparento, sin embargo, deja de observarme cuando nota que me he percatado y toma el teléfono de su escritorio.
¿Cuántos años aparento?
Algunos podrían decir que apenas he cumplido la mayoría de edad, aunque otros sabrían que he dejado de contar mi edad desde hace varios siglos.
- Puede pasar, señorita Jones, el doctor la espera.
Karla es quien primero se pone de pie y me ofrece su brazo para poder apoyarme en ella y levantarme.
Caminamos por el pasillo hacía el consultorio del médico y al llegar a la puerta noto una pequeña placa metálica con su nombre escrito en ella.
Karla llama a la puerta y de inmediato escuchamos una voz proveniente del interior.
- Pase.
Karla abre la puerta y nos adentramos en el consultorio del doctor González.
- Karla, es un placer volver a verte.
- Lo mismo digo, querido. Tu padre siempre habla de ti.
Por la familiaridad con la que se saludan deduzco que se conocen hace muchos años.
- No he tenido tiempo de visitarlos estos meses, pero iré el próximo fin de semana.
- Más te vale, tus padres te extrañan. Siempre que limpio su casa hablan de ti.
- Lo sé, prometo que el domingo iré. Bien, ahora dime en qué te puedo ayudar.
- La cita no es para mí, querido, es para ella.
Karla dirige su atención hacia mí al igual que el doctor y trato de sonreír para que no se note mi nerviosismo.
- Mucho gusto.
Estiro mi mano en dirección al doctor y nos saludamos con un apretón de manos.
- El placer es todo mío. – Muestra una sonrisa resplandeciente para luego dirigirse hacía su asiento y espera a que nos acomodemos en los asientos frente a su escritorio.
- De acuerdo mencióname, Sam, ¿cuántos meses de embarazo tienes?
- Casi ocho.
- ¿Sabes las semanas exactas?
Niego con la cabeza y el doctor empieza a anotar algo en su tableta.
- De acuerdo, por favor, recuéstate en la camilla y levántate la blusa.
Sigo sus instrucciones al pie de la letra mientras pienso en Baraquiel, Ananiel y Gabriel. Trato de no preocuparme por ellos, aunque es imposible cuando siento una patada de mi bebé y de inmediato empiezo a rogar en silencio que ningún enviado se encuentre cerca.
El doctor González coloca gel sobre mi vientre para realizar una ecografía y seguido empieza a mover la sonda por todo mi vientre esparciendo el gel. Presiona varias teclas de la máquina y en un par de segundos la imagen que tanto deseaba ver se hace presente.
- Puedes mirar en la pantalla de enfrente, sí quieres.
Giro mi cuello y de inmediato noto la pantalla colgada en la pared frente a mí y la imagen de mi bebé en ella.
- ¿Por qué no habías ido al médico más temprano en tu embarazo?
Trato de crear una respuesta razonable en mi mente antes de responder, sin embargo, parece que Karla decide contestar por mí.
- Lo mismo pensé. Ni ella ni Baraquiel han querido salir de casa desde que Sam fue en su búsqueda.
- ¿Baraquiel, es el padre de tu bebé?
- No, él es hermano del padre. Mi… - trato de considerar un adjetivo con el que podría llamar a Hizzand. - … novio murió hace varios meses.
- ¡Oh! Lo siento mucho.
El doctor continúa moviendo la sonda por mi vientre y presiona otra tecla que provoca que el sonido de los latidos de mi bebé pueda ser escuchados.
- Bien, todo parece estar bien. Es un bebé saludable, aunque no se mueve cómo lo haría cualquier bebé de ocho meses de gestación.
Trago saliva al percatarse que eso se debe al poder que Ananiel ejerce en mi cuerpo a diario.
- Su latido es fuerte y parece que ya se encuentra perfectamente formado.
- ¿Qué quiere decir eso?
- Que probablemente solo queden dos semanas máximo para que entres en labor de parto.
No sé cómo sentirme al respecto, ya que, por un lado, está el hecho de que sé perfectamente lo que ocurrirá conmigo y por el otro, le daré vida a mi bebé.
- ¿Has pensado en donde quieres tener a tu bebé?
Sé que esa pregunta la hizo por el comentario de Karla hace un momento, sin embargo, ya tenía una respuesta planificada para esa interrogante.
- Lo tendré en casa, Baraquiel conoce un excelente médico que atiende esa clase de partos. Varios foros de internet declaran que tener a tu bebé en la comodidad de su hogar ayuda a que el proceso sea más rápido.
El doctor no parece convencido con mi respuesta y mucho menos Karla, sin embargo, ambos se mantienen en silencio.
- De acuerdo, puedes limpiarte con esto, Sam.
El doctor González me extiende toallas de papel y las tomo para limpiarme el vientre y acomodar mi blusa.
Recibo varias instrucciones y recomendaciones de parte del médico y finalmente me entrega las impresiones de la ecografía. Karla se despide con un abrazo del hombre mientras yo lo hago con un simple apretón de manos y salimos del consultorio.
Karla conduce de regreso a casa y en el momento en que atravesamos el jardín noto que todas las luces de la casa se encuentran apagadas.
- Volví a casa, ahora vuelvan ustedes. – Susurro y Karla parece no notarlo.
Caminamos hasta la entrada y Karla abre la puerta con sus llaves para después empezar a encender las luces del pasillo, la cocina y la sala de estar.
- Dile a Baraquiel que baje, por favor. Prepararé la cena.
Asiento y Karla empieza con su labor mientras subo las escaleras esperando que Baraquiel llegue antes de que Karla note su ausencia.
- Ananiel, necesito que traigas a Baraquiel de vuelta.
A penas termino la frase cuando la luz de la habitación de Baraquiel se enciende y Ananiel aparece con el rostro lleno de sudor y sangre esparcida por toda su ropa.