Capítulo 19

3260 Palabras
-         ¡Ananiel! De inmediato me cubro la boca al percatarme que Karla podría oírme. Camino hacia él y observo toda la sangre de color oscuro esparcida por su camiseta. -         ¿Estás bien? Con un gesto de su cabeza, Ananiel me pide que me adentre en la habitación y lo hago. Vislumbro a Baraquiel sentado en el piso con la espalda apoyada en la pared junto a la ventana. Su ropa se ve desgastada y se encuentra descalzo, sin embargo, parece menos  agotado que Ananiel. -         ¿Están bien? Alterno mi mirada entre Baraquiel y Ananiel esperando una respuesta de parte de cualquiera de los dos. Ananiel cierra la puerta y camina hacia mí. -         Es mejor que te sientes. Obedezco y me acomodo en el filo de la cama a un par de pasos de donde se encuentra Baraquiel. -         ¿Dónde está Gabriel? -         A él le fue peor a nosotros. Uno de nuestros hermanos tuvo que venir a sacarlo de la pelea. Lo llevó a Canadá, a una de las zonas de energía. Necesitará descansar un par de días. El tono de voz que utiliza Ananiel me estremece y provoca que me sienta culpable. -         ¿Qué ocurrió? -         Vinieron más de los que pensamos. Gracias a Miguel pudimos escapar. El nombre llama mi atención de inmediato y no tardo mucho tiempo en asociarlo con el arcángel. -         ¿El arcángel? -         Sí. Papá lo envió cuando notó que continuaban viniendo más y más enviados. Nosotros tres no pudimos contra cientos de ellos. Dirijo mi atención a Baraquiel y me percato de la expresión en su rostro. Parece enojado a la vez que derrotado. -         ¿Cómo estás? Baraquiel nota que lo observo fijamente y trata de cambiar su expresión para que no note su estado de ánimo. -         Bien, un poco adolorido, pero bien. -         No te preocupes por él, Malakh. Solamente está celoso porque todos los enviados se concentraron en destruir a Gabriel y no a él. El comentario de Ananiel me confunde, por lo que decido interrogarlo. -         ¿Qué? No entiendo por qué tendría que estar celoso por un motivo tan absurdo. -         La presencia de Gabriel es más poderosa que la de Baraquiel o la mía, debido a que es un arcángel. Todos los enviados se sintieron atraídos por él y por destruir a alguien tan poderoso y Baraquiel prácticamente tuvo que ir a buscar a los enviados para que pelearan con él. Trato de no reírme al notar las expresiones de fastidio en el rostro de Baraquiel mientras Ananiel habla, por lo que me cubro la boca y evito mirar a los ángeles frente a mí. -         ¡Claro que no! Jamás sentiría celos por nada ni por nadie. -         Por favor, hermano. Era más que obvio la mirada asesina que le dedicabas a Gabriel cada vez que los enviados se juntaban a su alrededor para atacarlo solo a él. Baraquiel ignora por completo el comentario de su hermano y se levanta del suelo para sentarse a mi lado. -         ¿Cómo estuvo la consulta? ¿Naber se encuentra bien? -         Sí, aunque debemos ir preparándonos. El Doctor dijo que en dos semanas posiblemente entre en labor de parto. La expresión en el rostro de Ananiel y Baraquiel cambian por completo y su mirada se centra en mi vientre. -         Tranquilos, sé lo que conlleva traer a Naber a este mundo. Ananiel desvía la mirada cómo si tratase de fingir ignorancia ante lo que todos en esta habitación sabemos que ocurrirá. -         Baraquiel, debemos bajar a la cocina. Karla nos está esperando. El aludido asiente y se levanta de la cama para poder extender su mano y ayudarme a ponerme de pie. Tomo su mano y Baraquiel procede a jalarme del brazo delicadamente. -         Espera, Malakh, debo utilizar mi poder antes de irme. Ananiel camina hacia mí y coloca su mano derecha sobre mi vientre. -         ¡Espera! Baraquiel detiene la acción de su hermano y envuelve su brazo alrededor de mi cintura. -         Podría caerse si alguien no la sostiene. Trata de que en esta ocasión no la dejes tan adormilada o Karla podría notarlo y se preocuparía. Ananiel parece de acuerdo con las palabras de Baraquiel y vuelve a colocar su mano sobre mi blusa para que de inmediato todo mi vientre empiece a iluminarse. Todo mi cuerpo empieza a perder fuerza y sí no fuese por Baraquiel hubiese caído al piso tal y como él no dijo. Trato de mantenerme de pie, sin embargo, no lo consigo y antes de que mi cuerpo llegue a tocar el piso, Baraquiel me levanta en brazos. -         Te lo advertí, ¿ahora cómo disimularemos frente a Karla? -         El bebé tiene que estar lo suficientemente calmado para que su presencia no se note, no puedo controlar los efectos secundarios en el cuerpo de Malakh. Ananiel trata de justificarse y noto que Baraquiel está a punto de gritarle, por lo que decido intervenir. -         No culpes a Ananiel. Estaré bien. Mi vista empieza a nublarse y ya no puedo observar con claridad la expresión en el rostro de Baraquiel, aunque hace lo que le pido y deja de reprochar a Ananiel. -         Iré a ver cómo está Gabriel. Me quedaré con él hasta mañana y volveré en la noche para continuar ocultando al bebé con mis poderes. Baraquiel lo vuelve a ignorar y escucho que Ananiel sale por la ventana rumbo al escondite de Gabriel. -         Necesitarás descansar unos minutos antes de bajar. Dos segundos después siento la suavidad del colchón bajo mi espalda y me acomodo para descansar un poco. -         No te duermas sin antes cenar. Ignoro sus palabras y acomodo mi cabeza en la almohada de Baraquiel. -         Karla no puede verte así. -         Dile que estoy cansada. Baraquiel levanta mi cuerpo y me obliga a sentarme con la espalda reposando en la cabecera de la cama. -         Baraquiel, déjame descansar. -         Bajaré a decirle a Karla que te sientes cansada, pero no puedes dormirte. Sí lo haces tendremos que explicarle por qué te sentiste tan cansada de repente y estoy harto de mentirle. -         De acuerdo. Mi cuerpo me traiciona y mi cabeza empieza a resbalarse por la cabecera, sin embargo, Baraquiel lo nota y vuelve a acomodarme a su gusto. -         No te duermas, volveré pronto. Asiento y de inmediato escucho la puerta abriéndose. Trato de mantener mi cuerpo erguido, aunque el cansancio trate de vencerme. Poco a poco siento el peso de la gravedad y dejo que mi cuerpo caiga sobre las almohadas de Baraquiel. -         Malakh, te pedí que no te durmieras. Baraquiel entra a la habitación y trato de levantar mi cabeza para observarlo. -         Karla dice que descanses. En veinte minutos estará lista la cena. -         No creo poder mantenerme despierta otros veinte minutos. -         Tendrás que hacerlo. Baraquiel se sienta a mi lado y levanta mi cabeza para que pueda observarlo a los ojos. -         Háblame para mantenerme despierta. -         De acuerdo… Utilizo la poca fuerza que tengo para colocar mis manos sobre el colchón y volver a erguir mi espalda. -         Háblame sobre lo que sea, pero que no sea algo aburrido o me dormiré todavía más rápido. -         De acuerdo, déjame pensar… Pellizco mi brazo para mantenerme despierta y por unos minutos parece funcionar. -         Si notas que me estoy quedando dormida, pellizca mi brazo. Baraquiel asiente y de pronto abre los ojos por completo cuando parece que finalmente ha decidido el tema de conversación. -         Una vez me preguntaste sobre el motivo por el que caí a la tierra, así que hoy te lo cantaré. Siéntete libre de interrumpirme y hacerme preguntas cuando quieras. No puedo estar más feliz de saber que finalmente escucharé la historia y por un momento dejo de sentir cansancio y me concentro en las palabras de Baraquiel. -         Hace muchos siglos papá me ordenó que cuidara de una pequeña niña de dos años llamada Leonor. -         ¿Eras su ángel de la guardia? Baraquiel ríe ante mi chiste, aunque nota que empiezo a recostar mi cabeza en su hombro y pellizca mi brazo tal y como se lo pedí. -         Algo así. Era una niña de cabellos negros y ojos cafés. Mis órdenes eran claras, guiar a la niña por el camino del bien sin revelarme ante ella. -         ¿Entonces ella no podía verte? -         Esas son las órdenes de papá para todos los ángeles que cuidan de sus protegidos. Sus palabras llaman mi atención y de inmediato lo cuestiono. -         ¡Espera! ¿Todos sus protegidos tenemos ángeles guardianes? -         Así es. -         ¿También tuve uno? Baraquiel empieza a carcajearse y su reacción me confunde por completo. -         Malakh, todavía tienes a tu ángel guardián. Analizo sus palabras por un par de segundos y de pronto la respuesta llega a mi mente.   -         ¿Estás diciendo que Ananiel es mi ángel guardián? -         Mi hermanito ha sido tu ángel guardián desde que empezaste a caminar y papá supo que era momento de que alguien te guiara por el camino del bien. -         Supongo que Ananiel no hizo un buen trabajo. -         ¡Hey! Mi hermano no tiene la culpa de las decisiones que tomaste. Los ángeles solo guiamos, no podemos intervenir en tu vida, por eso existe el libre albedrío. Agacho la cabeza al percatarme que Baraquiel tiene razón y no debería culpar a nadie de mis decisiones, sin embargo, Baraquiel confunde mi acción y vuelve a pellizcar mi brazo causándome una corriente de dolor por todo el brazo. -         En fin… Cuando Leonor cumplió los catorce años conoció a un hombre de gran poder económico. No tardó mucho tiempo en enamorarse del hombre. -         ¿Cuál era el nombre del hombre? -         Su nombre era… no importa… prefiero que jamás conozcas el nombre de ese ser tan despreciable. Noto la ira en la voz de Baraquiel así que decido callarme y continuar escuchando la historia. -         Sabía que ese hombre era malvado, por lo que traté de alejar a Leonor de él. No me siento orgulloso de lo que hice, sin embargo, no me arrepiento. Enfermé a los animales de la granja de los padres de Leonor para que se vean obligados a mudarse a otro lugar. -         Por tu expresión, deduzco que no funcionó tu plan. -         Funcionó, pero ese hombre ya se había obsesionado con Leonor y cuando supo que ella y sus padres se mudarían lejos, asesinó a los padres para quedarse con Leonor. Mis ojos se abren ante la sorpresa y empiezo a sentir la ira que Baraquiel refleja en sus ojos. -         El hombre era listo y organizó que la muerte de los padres de Leonor pareciera un accidente. Leonor se quedó completamente sola y el hombre le propuso matrimonio para llevarla a su casa. Un mes después ya se habían casado. -         ¿No pudiste cancelar esa boda? -         No puedo intervenir en las decisiones de los humanos, únicamente guiarlos, ya te lo dije. Bajo la cabeza al imaginar lo próximo que Baraquiel relatará. -         Dos años después Leonor tuvo a su primer y único bebé. Era una niña de cabello oscuro al igual que el de su madre y unos ojos tan verdes que por un momento pensé que se trataba de un celestial, ya sabes, nuestros ojos son de colores claros y brillantes. Baraquiel parece recordar a la niña con nostalgia, aunque por un momento noto algo extraño en su mirada, un sentimiento indescifrable. -         El hombre al ver a la niña enloqueció. Acusó a Leonor de infidelidad, ya que la niña tenía ojos verdes. Cabe aclarar que el hombre tenía ojos negros. Repudió a Leonor y la arrojó a la calle junto a la niña. Para este punto mi odio hacia el hombre es tan intenso cómo el que siente Baraquiel. -         La verdad era que el hombre quería un heredero y cuando vio que se trataba de una niña quiso deshacerse de Leonor y la niña. Un mes después se casó con su amante. Leonor se vio obligada a prostituirse para poder alimentar a su hija y a sí misma. Pasaron seis meses en los que Leonor se vio obligada a realizar actos deplorables. -         ¿Nunca hiciste nada para rescatarla? Mi pregunta parece enojar a Baraquiel, sin embargo, me responde con tranquilidad. -         ¿Crees que no quise hacerlo? Recé a papá para obtener instrucciones de lo que debía hacer y la única respuesta que obtuve fue de parte de Gabriel. Dijo que papá le había pedido decirme que permita que Leonor tome mejores decisiones y me encargue de guiarla. Trato de no enojarme con Deus por no intervenir, aunque no funciona y termino enojándome de igual manera. -         Seguí las instrucciones de papá y al sexto mes del nacimiento de Catalina, Leonor tomó la peor decisión de su vida. No puedo evitar notar que Baraquiel sonrió cuando pronunció el nombre de Catalina. -         ¿Abandonó a la niña? Escucho que un gran suspiro escapa de los labios de Baraquiel y se frota el rostro con frustración antes de continuar hablando. -         Dejó a Catalina con una prostituta y se adentró a escondidas en la casa del hombre. No me gusta nada por dónde va la historia. -         Apuñaló al hombre y a su nueva esposa mientras dormían en la misma cama. Leonor sentía tanto odio hacia el hombre que planeó asesinarlo y así lo hizo. Lo culpaba por lo que se vio obligada a hacer para alimentar a su hija, aunque al ver a otra mujer junto a él no lo pensó dos veces y terminó apuñalando a ambos. -         ¿Qué pasó con ella? -         Los aldeanos descubrieron lo había hecho cuando una de las empleadas la vio salir de la habitación del hombre. La ahorcaron en medio del pueblo. -         ¿Y Catalina? Baraquiel se mantiene callado varios segundos después de escuchar mi pregunta y parece que trata de encontrar las palabras correctas antes de hablar. -         Catalina creció en la pobreza junto a los hijos de las otras prostitutas. La mujer que la crio era buena persona, aunque no era una buena influencia. Catalina tuvo que mendigar comida muchas veces desde que aprendió a caminar. El corazón se me rompe en mis pedazos al escuchar la historia de Baraquiel y una lágrima solitaria cae por mi mejilla al imaginar a la pequeña niña mendigando por migajas. -         ¿Qué ocurrió luego? -         Cuando Catalina creció lo suficiente sabía que pronto papá le asignaría un ángel que la cuide y me ofrecí de voluntario. -         No querías que la niña sufriera lo mismo que la mamá, ¿verdad? -         Así es. Un silencio sepulcral se instala en la habitación por varios minutos y empiezo a sentir el cansancio de nuevo por todo mi cuerpo. Otro pellizco de Baraquiel me despierta y vuelvo a erguir mi espalda. -         Sigue hablando. -         Cuando Catalina cumplió trece años, la mujer que la cuidaba le dijo que tendría que empezar a trabajar para poder comer, ya que la mujer no podía seguir prostituyéndose toda su vida. No quería que Catalina hiciera eso y me revelé. -         ¿Caíste por Catalina? Baraquiel muestra una gran sonrisa en el rostro antes de continuar hablando. -         Cualquier humano hubiese caído por ella. Sonrió por el juego de palabras de Baraquiel y lo incito a que continúe con la historia. -         La guie por un camino donde se encontraba un hombre anciano que había tenido un accidente en su caballo. Catalina era una persona de buen corazón que al ver al hombre de inmediato lo ayudó. Ella lo cuidó por varias horas hasta que otro hombre cruzó por ahí y vio lo que había ocurrido. Juntos lo llevaron al pueblo, donde curaron al hombre. Catalina se quedó con él todo el tiempo hasta asegurarse de que estaría bien. Días después el hombre buscó a Catalina para recompensarle por su ayuda. Le ofreció empleo como criada en su casa y ella aceptó, ya que sabía que de esa manera no tendría que prostituirse e incluso podría ayudar económicamente a la mujer que la crio. La historia empieza a mejorar y sonrío al notar que Baraquiel parece más relajado. -         Los años pasaron y Catalina cumplió los diecisiete años. Una noche un incendio se produjo en la casa donde Catalina trabajaba y por supuesto, se quedó sin empleo. La madre adoptiva de Catalina le dijo que tendría que buscar un nuevo empleo o empezar a prostituirse. -         No creo que esa mujer haya sido una buena persona cómo tú lo dices. -         A pesar de su empleo, esa mujer nunca llegó a golpear a sus hijos, ni siquiera a Catalina y todo lo que hacía era porque una mujer de bajos recursos económicos en esa época solo tenía tres opciones: trabajar de criada, prostituirse o conseguir un buen esposo que la mantuviera. Entiendo lo que esa mujer tuvo que hacer para sobrevivir, sin embargo, no comparto la idea de que solamente puedan existir esas opciones. -         Catalina no consiguió otro empleo en un mes y decidió que empezaría a vender su cuerpo por dinero. Obviamente, estaba desesperado y pensé que, ya que había intervenido una vez y papá no se enteró, podría hacerlo de nuevo. -         ¿Qué hiciste esa vez? -         Aparecí frente a ella y le pedí que no lo hiciera. Baraquiel pronuncia esas palabras tan rápido que me tardo en comprenderlas hasta que finalmente expreso mi asombro ante su confesión. -         ¿Te revelaste frente a ella? -         Tenía que detenerla. No podía permitir que Catalina sufriera lo mismo que su madre.  Por supuesto papá sabía todo lo que hice y no permitió que volviera a acercarme a ella. -         Déjame adivinar, no obedeciste. -         Para ese punto ya había visto la manera de actuar de Catalina, su forma de ser, su rostro y su cabello. Ni siquiera sabía que me había enamorado de ella hasta que me prohibieron volver a verla. -         ¿La buscaste de nuevo? -         Si, le dije que sí se iba conmigo le ayudaría en todo lo que pudiera y que jamás permitiría que le ocurriera algo malo. Mi corazón se derrite al escuchar esas palabras y noto que jamás había sido testigo del lado romántico de Baraquiel. -         Papá me desterró del cielo y perdí mis alas, sin embargo, estaba tan feliz de que finalmente pudiese estar con Catalina que no me importó nada más. Estuvimos juntos por varios años, huyendo de un lado al otro mientras los enviados me perseguían, hasta que encontramos una de las zonas donde los enviados no puedes entrar y nos instalamos en ese lugar. -         ¿Cuánto tiempo pasó hasta que nació Naber? Recuerdo las palabras de Baraquiel cuando dijo que su esposa había muerto durante el parto. -         Cinco años después. Mi corazón vuelve a romperse cuando entiendo que Baraquiel solo pudo ser feliz junto a la mujer que amaba por cinco años. -         No sabía cómo cuidar a un bebé y lo abandoné en una iglesia. De pronto observo que varias lágrimas caen de los ojos de Baraquiel y me sorprende verlo tan vulnerable. -         Pensé que eso sería lo mejor para él. Lo visitaba de vez en cuando hasta su muerte y empecé a hacer lo mismo con mi nieto. La sola mención de Hizzand provoca que mis brazos envuelvan mi estómago y varias lágrimas resbalen por mis mejillas hasta que finalmente caen en mi abultado vientre.  
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