Un fuerte dolor en el vientre me despierta de golpe y de inmediato escucho unos pasos acercándose apresuradamente a mi habitación.
- ¡Malakh!
Baraquiel aparece por la puerta y me observa intensamente con una expresión de preocupación en su rostro.
- ¿Estás bien?
Acaricio mi vientre como si este me pudiese dar la respuesta que Baraquiel requiere.
- Creo que sí. Fue una patada del bebé. Hace un mes que a penas se mueve, ya no recordaba lo fuertes que podían ser sus patadas.
Baraquiel camina hacia la cama donde me encuentro recostada y mantiene su mirada fija en mi vientre.
- Volví a sentir su presencia.
- Pensé que los poderes de Ananiel solucionaron ese inconveniente.
- Lo sé, supongo que Naber tuvo alguna pesadilla que lo despertó por un momento.
Vuelvo a acomodar mi cabeza en la almohada y cierro mis ojos cuando doy por terminada esta conversación, sin embargo, la voz de Baraquiel me despierta.
- ¿De verdad volverás a dormir?
- ¡Si! ¿Por qué no?
- Porque son las once de la mañana y no has desayunado.
Mi apetito se abre de pronto y mi estómago produce un sonido que llama la atención de Baraquiel.
- ¡Te lo dije! Debes desayunar, no es bueno para el bebé que te saltes comidas.
- De acuerdo, tienes razón. ¿Podrías traerme algo de comer? Por favor.
- De acuerdo, pero después te levantarás de la cama.
Observo que Baraquiel desaparece por el pasillo y decido dormir unos minutos más hasta que él vuelva. Cierro mis ojos y al instante empiezo a sentir el cansancio envolviendo mi cuerpo y acunándome para adentrarme en un sueño profundo.
Otro dolor me despierta abruptamente, sin embargo, este es más fuerte y doloroso.
- ¡Malakh!
Baraquiel entra en la habitación sosteniendo una bandeja con un plato de comida y un vaso de jugo.
- ¿Qué sucedió? A penas me fui quince minutos.
- No lo sé, supongo que otra patada.
Esta vez Baraquiel me observa con una mezcla de preocupación y confusión. Acerca la bandeja con comida hasta la cama y la deja en la mesita de noche junto a mi cama.
- ¡Oh! Olvidé una servilleta, no tardo.
Ni siquiera me da tiempo a decirle a Baraquiel que no necesito una servilleta para comer fruta cortada en cubos y un jugo de naranja, cuando ya lo veo desaparecer por la puerta.
Empiezo a disgustar del desayuno preparado por Baraquiel mientras pienso en los dolores intensos que me despertaron dos veces esta mañana.
La última vez que esto ocurrió fue antes de que Ananiel comenzara a usar sus poderes en mí y empieza a preocuparme que Ananiel se vea o******o a usar más fuerza para mantener oculta la presencia de mi bebé.
Termino de beber el jugo de un solo trago y continúo saboreando la mezcla de cubos de manzana, pera y plátano que Baraquiel sirvió en un plato.
Noto que han pasado casi cinco minutos desde que Baraquiel bajó por una servilleta y todavía no ha vuelto. Estoy a punto de llamarlo por su nombre cuando lo veo entrar corriendo a la habitación.
- ¿Por qué demoraste? Creí que únicamente habías ido por una servilleta.
- Yo… no las encontraba.
Por un momento conjeturo que está mintiéndome hasta que levanta su mano y me muestra un envase de chocolate derretido y de inmediato olvido mis sospechas.
- Pensé que te gustaría ponerle chocolate a la fruta, ya que todo tu embarazo has tenido antojos extraños.
Tomo el envase y esparzo el chocolate por los pocos cubos de fruta que me quedan.
- ¿Te he dicho que te amo? – Le digo mientras saboreo el chocolate de mis dedos.
Termino mi desayuno y Baraquiel me obliga a salir de la cama para bajar al primer piso y hacer ejercicio.
- Solamente te estoy pidiendo que camines del televisor de la sala de estar a la isla de la cocina, Malakh.
- Eso es mucho, apenas puedo cargar mi propio cuerpo y quieres que camine una y otra vez.
- Ayer no te levantaste de la cama en todo el día, debes hacer ejercicio.
Sé que ahora mismo actúo como una niña, sin embargo, realmente me siento demasiado cansada.
No quiero continuar discutiendo con Baraquiel, por lo que finalmente acceso a su petición y camino lentamente desde la pantalla de televisión hasta la cocina una y otra vez.
- Sigue así, Malakh. Otras cinco vueltas.
Le lanzo una mirada de odio, aunque no me detengo y continúo caminando a pesar del cansancio.
- Por cierto, Karla dijo que no vendría hoy en la tarde. Es el aniversario de la muerte de su esposo.
Las palabras de Baraquiel detienen mi andar y lo observo atentamente.
- ¿Cuándo dijo eso?
- Esta mañana. Trajo la fruta que desayunaste y dijo que después del trabajo iría al cementerio, así que vendrá mañana para la cena.
Me entristece no haber podido ver a Karla y saber que tampoco lo haré el resto del día, sin embargo, entiendo que quiera visitar la tumba de su amado. Sí Hizzand estuviese en una tumba también me gustaría visitarlo.
- Baraquiel.
- ¿Sí?
- ¿Sabes que hicieron con los c*******s de los guardianes en el templo?
- Nos encargamos de ocultar todos los libros o artefactos que se encontraban ahí dentro en otro lugar y los c*******s los quemamos al igual que toda la estructura del templo.
- ¡Espera! ¿Estás diciendo que mis libros se los llevaron y no se quemaron?
- ¿Tus libros?
A Baraquiel parece hacerle gracia mi pregunta y lo demuestra riéndose sonoramente.
- Malakh, esos libros fueron escritos por escribas siguiendo órdenes de papá, no son “tus libros”.
Hace comillas con los dedos al decir esas últimas dos palabras y empiezo a molestarme con él.
- Me esforcé por buscar esos libros, tardé años.
- Malakh, ambos sabemos que encontrar los libros fue fácil, simplemente estabas esperando a sentirte cansada de vivir para volver a hacerte mortal.
No entiendo como Baraquiel puede saber esos detalles sobre mi vida, sin embargo, no lo interrogo y continúo caminando hasta terminar las cinco vueltas que me pidió.
- No me pidas que vuelva a caminar el resto de mi vida.
Baraquiel dirige su atención a mi rostro y observo que en su mirada se encuentra algo que solo puedo describir como tristeza.
- ¿Sucede al…?
Otro intenso dolor interrumpe mis palabras y en esta ocasión es tan intenso que no puedo mantenerme de pie y caigo al suelo.
- ¡Malakh!
Baraquiel me ayuda a sentarme en el sofá junto al que él se encontraba hace a penas unos segundos mientras yo caminaba.
- ¿Estás bien?
- Creo que no son patadas, Baraquiel. ¡Son contracciones!
Acaricio mi estómago mientras una lágrima solitaria cae por mis mejillas al percatarme que ha llegado el momento.
- Tranquila, todo estará bien.
Noto que Baraquiel trata de usar el mismo tono de voz relajante con el que Ananiel siempre habla.
- Solamente Ananiel tiene ese poder, Baraquiel. No trates de imitarlo.
Me recuesto en el sofá mientras Baraquiel acaricia mi vientre al mismo tiempo que yo lo hago.
- Perdona, solo quería ayudar.
- Lo sé, pero nada podrá tranquilizarme. El momento se acerca.
Evito mirar a los ojos a Baraquiel porque sé lo que encontraré y no quiero empezar a deprimirme.
- Debemos llamar a Ananiel. Tiene que traer a la bruja.
- Ya me encargué de eso. Cuando bajé por una servilleta, lo llamé y fue por Helena. Tardarán un par de horas en venir. Sospeché de que se trataban de contracciones la segunda vez, porque fue lo mismo que ocurrió con mi esposa. Con cada contracción la presencia de mi hijo se hizo más y más detectable.
Trato de fingir que no me encuentro aterrada, aunque evidentemente fracaso al tratar de ocultar mi fatiga.
- También llamé a Gabriel. Ya está alistando las tropas.
Mi corazón se acelera cuando imagino lo que se avecina y la guerra que habrá dentro de mi casa.
- Debimos haber ido a una zona de poder donde nos podríamos ocultar.
- Te recuerdo que fuiste tú la que quería volver a casa porque no querías dejar de ver a la mujer que limpiaba tu casa.
Su comentario me causa gracia al percatarme que tiene razón.
- Admítelo, amas a Karla tanto como yo lo hago.
Baraquiel sonríe porque sabe que ahora soy yo la que tiene razón.
- ¿Cómo no amar a esa mujer? Aparte tampoco sabíamos que eventualmente tu cuerpo dejaría de ocultar la presencia de tu bebé y tendríamos que construir una barrera invisible alrededor de tu casa.
Un pensamiento cruza por mi mente en ese momento y dirijo mi atención a Baraquiel.
- ¿Qué pasará con Karla cuando desaparezcamos? Se preocupará y nos buscará.
Al parecer Baraquiel tampoco ha pensado en aquello y se nota mortificado cuando nota que dejará de ver a Karla para siempre.
- No descansará hasta encontrarnos.
- Y jamás lo hará, así que toda su vida vivirá con la preocupación de saber lo que nos ocurrió.
Varias lágrimas caen de mis ojos al saber que no podré despedirme de Karla y jamás la volveré a ver al igual que a Josh.
- La extrañaré…
Baraquiel me abraza cuando nota que no puedo detener el llanto y acaricia mi espalda hasta que logro tranquilizarme.
- Recuerda tu promesa. Cuidarás de Naber.
- Lo sé, te di mi palabra y no te fallaré, Malakh.
Sonrió porque sé que Baraquiel no se atrevería a mentirme con aquello.
Un gran estruendo se escucha en el segundo piso de la casa que alerta a Baraquiel.
- ¿Quién llegó?
- No lo sé, no percibo la presencia de ningún celestial o enviado.
Sus palabras me confunden, ya que nadie podría entrar a la casa desde el segundo piso sin que Baraquiel lo sepa, al menos que se tratase de un humano.
- ¿Crees que pueda ser un ladrón?
- Sí es así acaba de cometer el peor error de su vida.
Baraquiel camina hasta las escaleras y antes de que suba por ellas, levanta la mirada y observa un punto fijo en la parte superior de los escalones.
- ¿Qué ocu…?
No termino de formular mi pregunta cuando observo que varias personas bajan por las escaleras. Alcanzo a contar a doce cuerpos bajando tranquilamente hasta el primer piso. Baraquiel se aparta y de inmediato deduzco que los conoce, ya que caso contrario los hubiese atacado desde el primer segundo.
Las doce personas se colocan junto a Baraquiel alineados uno tras otros observándome fijamente. Todos visten de blanco y no llevan puestos zapatos. Su presencia me incomoda hasta que Baraquiel empieza a hablar.
- No te asustes, Malakh, son querubines.
En mi mente empiezo a buscar todo el conocimiento que tengo sobre esa palabra y todo lo que relacionado.
- ¿Querubines?
- Vinieron a ayudar. Su presencia no es detectable ni por ángeles, arcángeles o enviados.
- ¿Por qué?
- Porque no están en ningún lugar.
Mi rostro muestra una expresión de confusión que Baraquiel nota de inmediato.
- ¿Recuerdas que te expliqué que los ángeles tienen la capacidad de estar en todas partes y que cuando quieren hacerse visibles proyectan un cuerpo humano en un sitio en específico?
Asiento al recordar esa conversación de hace meses.
- Los querubines no proyectan ningún cuerpo, trata de tocarlos y no podrás hacerlo. Son energía pura. No están en ningún punto a la vez que están en todas partes. No pueden hablar, no obstante, no significa que no puedan comunicarse. Ellos te hablan a partir de la mente y de igual manera pueden hacer que veas y escuches lo que ellos quieran.
- ¿Qué hacen aquí?
No obtengo respuesta de parte de Baraquiel, sin embargo, una voz en mi cabeza distinta a la mía se hace presente.
- Papá nos envió. Mantendremos la guerra que se avecina dentro de los límites de tu propiedad para que no lastimen a ningún humano que viva en los alrededores.
No puedo explicar la sensación que produce escuchar una voz dentro de mi mente, aunque no es agradable cuando notas que todos tus pensamientos pueden ser escuchados por ellos.
- No estamos de acuerdo en esta guerra, pero papá quiere que te protejamos, así que mantendremos alejados a todos los enviados posibles. Papá no quiere que mueras y nos pidió hacer todo lo posible para que nuestros hermanos tengan que luchar con la menor cantidad posible de enviados, para que de esa manera Gabriel pueda atender el parto y tratar de ayudarte a sobrevivir.
- ¿Gabriel sabe cómo atender partos?
La pregunta la dirijo a los querubines, sin embargo, Baraquiel da un paso adelante para responder.
- Gabriel no solo es el mensajero, Malakh, su poder es la esperanza. Él hará que todas tus esperanzas de criar a Naber aumenten y esperamos lograr que eso te dará la fuerza suficiente para sobrevivir.
Todavía recuerdo lo molesto que se veía Gabriel cuando Baraquiel lo llamó “mensajero”.
Mi única esperanza en este momento es que Naber crezca y se mantenga a salvo, aunque no lo menciono en voz alta para no preocupar a Baraquiel, sin embargo, noto que los querubines escucharon mi pensamiento.
- Sí queremos que esto funcione tendrás que empezar a creer que sobrevivirás para que Gabriel se encargue de alimentar esa esperanza.
Esas palabras las escucho de varias voces distintas sincronizadas, lo cual provoca que me sienta todavía más incómoda.
Otro dolor en el vientre interrumpe mis pensamientos y Baraquiel corre hacia mí cuando nota que me retuerzo en el sofá.
- Respira, pasará pronto.
Tal y como dijo Baraquiel, la contracción no demora más de diez segundos.
- Empezaré a preparar todo. Gabriel no vendrá hasta que tengas que empezar a pujar. De hecho, nadie a excepción de Ananiel y Helena vendrán hasta que las contracciones sean tan fuertes que la presencia de Naber se perciba fuera del hechizo alrededor de la casa.
- ¿Cuánto tiempo pasará hasta que eso ocurra?
- Tus contracciones son cada quince minutos, todavía falta varias horas. Eres primeriza y quizá puede durar hasta doce horas.
- ¡Doce horas! A penas llevamos menos de una hora.
Sé que estoy haciendo un berrinche en este momento así que trato de tranquilizarme para no molestar a Baraquiel, no al menos las últimas horas que nos veremos.