Sin esperanzas - Henry McMana POV

1045 Palabras
Han mantenido sedada a Carolina durante varias semanas. La presión en su cabeza podría hacerla enloquecer de dolor y todos preferimos mantenerla dormida, a pesar de mi negativa inicial comprendí, gracias al Doctor Martín que era mejor dejarla así hasta que su cerebro estuviera totalmente normalizado. En estas semanas he conocido a la hermana de Carol y a su familia. También a un par de amigas, sobre todo me ha llamado la atención que tenga una amiga en la policía. Resulta que eran amigas del barrio, de cuando eran niñas y se había perdido la pista, pero escuchó por otra amiga lo que había pasado y vino a verla. Cuando supe que era poli casi me da un infarto, yo ya no estoy para estos sustos, pero consultando un poco a resultado ser más afín a mi mundo del que parecía. De hecho, he aprovechado una de las veces y le he contado la forma real en que se hirió Carol y me ha dicho que hará que Jota lo pase mal durante su estancia en prisión. En estas semanas apenas piso mi chalet, aún está en obras, divido mi tiempo entre el hospital, donde ya conozco a casi todas las enfermeras, y la oficina, donde sigo mi lucha personal contra los italianos, que se han aliado con los rusos. He optado por acercarme a los árabes, aunque, juro por Dios que no entiendo esa cultura. Estoy acabando una reunión cuando Susana interrumpe, pálida. - Señor McMana, acaban de llamar del hospital.- No espero que termine. Me levanto de un movimiento y dejo a mis invitados en sus asientos.- Señor, el Doctor Martín dice que tiene que ir lo antes posible. - Susana, por favor, termina de atender a los invitados. - En mi cabeza comienzan a pasarse imágenes de escenario horrendos donde Carolina está en cualquier estado menos bien. - Señor, Pedro le espera en la puerta del edificio para que no tenga que bajar hasta el garaje.- La eficiencia de esta mujer siempre me sorprende. Comienzo a entender porque Henry está tan apegado a ella. Corro por el pasillo y tomo el ascensor que me lleva a hall. Estoy a punto de salir, cuando Pedro desde el coche me levanta la mano. Comprendo que pide que pare y es cuando me doy cuenta que estoy corriendo como loco y no he pensado a la seguridad. Miro fuera del edificio y puedo comprobar que nadie sospechoso está cerca. Me acerco activando el sensor de las puertas automáticas y con calma me dirijo al coche, subo atrás y Pedro nos lanza a las ajetreadas calles de Madrid. - Señor, cuando me ha llamado la secretaria me he tomado la libertad de avisar a mi Ruth para que fuera al hospital, ya que está más cerca. Me ha dicho que no pasa nada malo. - Escuchar a mi chofer hace que mi corazón tome un ritmo más normalizado, pero también hace que en mi cabeza se abran varias cuestiones. Pedro mira por el retrovisor y debe haber comprendido mis dudas. - El Doctor Martín le llama porque está allí la familia de Carolina y quieren que se le retire la sedación. Han aprovechado que no estaba usted, el Doctor cree que podrían querer llevarla a otro hospital. - Su familia me ha conocido, ¿serán capaces de hacer eso? Quizás ya se han enterado de quien soy, o de que he estado casado, o cualquiera de las tresmil cosas por las que unos padres no me querrían como yerno, pero no me van a separar de Carol. - Pedro, por favor, ves lo más rápido que se pueda. - No se preocupe señor, nadie en el hospital va a permitir que se haga nada sin que usted esté y de su visto bueno. Todos allí ya saben quien manda. Y si por un casual pasará algo tenemos allí a mi angelito que nos avisará. Han sido los veinte minutos más largos de mi vida. Pedro entra por la zona de urgencias, allí está el Doctor Martín. Parece que mi chofer y el médico se habían puesto de acuerdo con anterioridad pues nada más salir del coche comienzo a corres detrás del doctor, que me mete por pasillos a los que no tendría acceso sin él. Al minuto estamos en la habitación de Carol, con su familia alrededor de la cama. Dejo al Doctor Martín a dos pasos de la puerta de la habitación, recobrando el aliento mientras yo entro. - Vaya, estamos todos aquí. Que alegría verles. - Intento sonar lo más seco e intimidante que puedo. La reacción de todos en la sala es de tensar la espalda y mirarse de reojo unos a otros. Justo cuando el ambiente está tan tenso que se puede notar el aliento de cada uno, entra en Doctor Martín. - Bueno, entonces, desean retirar la sedación de la paciente. ¿Correcto? -Nadie habla, pero todos afirman con la cabeza. - Yo no estoy seguro, Doctor. ¿Es conveniente retirarla ya?- No estoy dispuesto a dañar al amor de mi vida por satisfacer a su familia. - Es tan buen momento como otro. Si es ahora mejor, así sabremos si tiene alguna lesión y que medidas debemos tomar para solucionar el posible problema.- El Doctor solo me mira a mi. Entiendo lo que dice y le doy un leve asentimiento con la cabeza. - Bueno, esto se hará poco a poco. - El Doctor se acerca al gotero de Carol y junto a una enfermera la manipula.- Se ira despertando y veremos como reacciona. Nos quedaremos cerca por si hay que volver a sedar. Los minutos pasan y parece que nada cambia hasta que, de repente, Carolina mueve sus manos. Muy poco a poco va abriendo los ojos. Parece que le cuesta centrar la vista, pero comienza a reconocer a gente. Bajito y con la voz carrasposa va nombrando a su hermana, a su madre y entonces llega a mi. Se queda en silencio y me mira a los ojos. Parece contrariada. - Soy Henry, tu marido.- Oigo un murmullo a mi espalda y de una mirada asesina les hago callar a todos. Centro de nuevo mi atención en Carol, que está repitiendo muy bajito “mi marido”.
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