Han pasado los días y parece que Carolina no avanza nada. El Doctor Martín insiste cada día en que tenga paciencia, que no me la lleve a una clínica privada, incluso me ha sacado a escondidas de la habitación de Carol cuando llegaba la policía a hacer preguntas.
Veo a Carol enganchada a maquinas y me dan ganas de matar al cabrón de Jota, pero contengo mi rabia y voy al despacho un par de horas al día y noto que soy implacable y tengo piedad, parece que mi alma se ha ido con la consciencia de Carol.
Apenas paso por casa, y eso me ha salvado de una bomba que ha estallado en mi vestidor de la piscina. Carol me ha salvado sin saberlo y le hablo cada noche sobre todo lo que va sucediendo, aunque está sedada y me dicen que no escucha nada, paso cada noche en su habitación. No se sí será por el Doctor o por que algunas de las enfermeras me hacen ojitos, pero me han puesto un buen sillón convertible en cama y Henry ha mandado una tele y una mini nevera que Pedro mantiene llena de agua y picoteo. Y a sido tan amable de traerme una botella de wisky que mantengo escondida en el armario con la ropa de Carol. La trajo hace un par de días, cuando me pilló llorando en la puerta de la habitación mientras aseaban a Carol. Por casualidad la vi desnuda y me dí cuenta que había perdido peso, sus preciosas tetas no estaban. No pude seguir mirando por la rendija de la puerta y me doy la vuelta, los ojos se me llena de lagrimas y justo en ese momento Pedro llegó. Esa noche me trajo la primera botella de wisky y se sentó junto a la cama de Carol a escuchar todos mis miedos y mis faltas de esperanza. Parece un buen hombre, no sé si este mundo es para él.
Me desespera esta rutina de hospital, casa, trabajo. Ver consumirse a Carol me desespera, hasta la fatídica noche. Estaba tomando mi segunda copa, viendo la tele, nada en concreto, cuando una maquina empezó a pitar. Asustado me levanto y mtiro el vaso, una enfermera entra y mira la maquina que pitan, cuando otra comienza a pitar. La enfermera pulsa un botón de la pared y tira de la almohada de Carol. Varias enfermeras entran y a mi me sacan de la habitación a empujones. Un médico, que no es el Doctor Martín, entra en la habitación y de repente todos con Carol en un camilla, desapareciendo por una puerta que no me dejan traspasar. Es mitad de la noche y no tengo a quien llamar. Mi media embriaguez me hace sacar mi móvil y sin pensar marco el teléfono de Pedro. Noto que no está durmiendo, pero me atiende con murmullos. No se como, acaba la conversación y media hora después Pedro llega acompañado de, la que me presenta como su mujer, Ruth. Me sorprendo al verla, es muy guapa, pero sus medias son algo exageradas, y no me refiero a las perfectas 90-60-90, me refiero a una mujer alta y con más kilos de más de los que deberían ser saludables, pero mi chofer la mira como si fuera la mujer más bella que hay en el mundo.
El matrimonio me acompaña el resto de la noche y parte de la mañana, hasta que llaman a los familiares de Carol. Su hermana Luz llegó cerca del amanecer, pedí que la llamaran al ver la gravedad del asunto. Es tan amable que me deja entrar para hablar con los médicos junto a ella. Allí, en el despacho de los quirófanos el Doctor Martin, junto a otros comienza ha hablar, solo consigo escucha algo con coherencia en mi cabeza cuando dicen “fuera de peligro” y mi mirada se cruza con la del Doctor Martin, que me lanza una leve sonrisa.