Los recuerdos la aislaron, sintiendo el dolor en cada arista de su piel. Esos recuerdos jamás los había tenido, en muchos años no pensó en su abuela materna, en lo que vivió, en lo que fue su infancia. Nunca se torturó a pensar la razón que la llevó a vivir esa situación, solo se permitió seguir viviendo la experiencia como debía de ser, aunque en más de una oportunidad lloró como una niña pequeña porque no deseaba vivir esas experiencias. Quería una vida normal, una familia normal que le pudiera dar eso que tanto anhelaba: unión familia. Muchas veces ella se cuestionó esa forma de vivir, si era la más adecuada para una niña de su edad, la muerte de su papá desencadenó muchos sucesos que, hasta el día de hoy la peruana, hubiese deseado jamás experimentar. Su plan para esa noche era irse

