Los primeros días para Jhazlym eran una pesadilla completa, porque nunca sabía cómo iban a terminar siendo las cosas, pero ahí estaba la peruana, bañada y lista para subirse a ese transporte público que la lleve hasta donde debía de ir. Ya había calculado que sería una hora de camino maso menos, entre las caminatas y las esperadas del mismo transporte público. Esa mañana se había levantado muy temprano, como esas primeras veces que había ido a sus primeros días de escuela, menos en cuarto año de secundaria que comenzó a llegar tarde, a todos lados, porque tenía de pretexto ese yeso que tenía en ambos pies. Siete de la mañana ya estaba caminando hacía el paradero, rogando que ese día no se demore demasiado el transporte que la llevaría hasta su lugar, con suerte había llegado a tiempo así

