El shock aún está latente en el cuerpo de Jhazlym, no se podía creer la valentía que había tenido para expresar su pesar, para exponer su pensar y esa sorpresa hizo que la valentía se fuera reduciendo, se fueron empequeñeciendo al punto en que no supo si estaba haciendo bien, o no seguir estática en el mismo lugar. «Tengo que irme.» El pensamiento quedó únicamente en ello, porque no terminaba de moverse, ni tampoco de accionar o puntualizar en algo más para tomar el impulso que le faltaba para dejar atrás a este hombre, a este hombre que no reaccionó aún. Los ojos de Carlos no se movieron ni un centímetro del cuerpo de Jhazlym que aparentaba quietud y frialdad en su totalidad. Él por supuesto no supo que responder, por un momento titubeó, pero por otro movió la cabeza en asentamientos, c

