Mi casa tiene el jardín delantero donde hay rejas y se ve la casa de enfrente. Es decir, la casa de la familia Mendizábal. Esto lo puedo usar a mi favor, como en el verano cuando me bronceo en bikini.
Ante la vista no solo de Freddy sino de su hermano Denise, quien tiene mi edad y está muerto por mí, como la mayoría de los chicos del barrio.
Soy bonita y me visto sexy, pero eso no es lo que atrae a los hombres, sino mi actitud de inalcanzable. Mi padre me enseñó que nadie en este lugar está a mi altura y los hombres son como un niño pequeño: les atrae lo que no pueden tener.
Estaba leyendo un libro y noté que la motocicleta de Freddy llegó con una muchacha a la que conozco muy bien. Es Rocío, de cabello oscuro como sus ojos, además de ser una resbalosa con el nos llevamos muy mal.
¿Por qué nos llevamos mal? Así como atraigo a los hombres del barrio, las mujeres me tienen envidia. No es por presumir.
Nunca he sido grosera con nadie (excepto Freddy, pero él se lo busca). El punto es que mi padre me cuida como si yo fuera su joya más valiosa. Desde pequeña, no ha dejado que nadie se acerque a mí.
Por eso todos creen que soy una antipática. De chiquita se lo reprochaba mucho a papá, pero ahora que crecí, lo entiendo. En esta zona hay personas muy peligrosas y también personas buenas, como en todos los lugares.
Todas las niñas andaban en la calle y hacían lo que querían, y yo quería hacer lo mismo, pero mi padre no me lo permitía.
Ahora entiendo que es peligroso que una niña ande sola por un barrio donde hay delincuentes; podría ocurrirle cualquier cosa. Incluso ahora que soy grande, a veces los hombres me acechan. Por suerte, mi padre no me deja ni a sol ni a sombra, ni a Derek.
Ellos me cuidan mucho y se los agradezco. A más de una chica, estos desgraciados le han arruinado la vida. No me gusta decir esto, pero, en ocasiones, me da miedo ser mujer.
***
Me levanté temprano y me duché. Me coloqué el uniforme y dejé mi cabello suelto. Luego procedí a maquillarme.
Mi uniforme es una camisa blanca con una corbata roja y una falda roja.
Bajé a desayunar y luego me dirigí a la parada de autobuses, que queda a la vuelta de mi casa.
Alguien en un auto se acercó a mí. Se cuando bajo la ventanilla lo reconocí. Tiene el cabello castaño como su hermano, pero la diferencia es que él tiene los ojos claros.
Es Denise Mendizábal. A diferencia de su hermano, él sí me cae bien. Es un buen muchacho, estudioso y centrado, el polo opuesto de su hermano.
Es el típico chico bueno. Ojalá Derek fuera así, pero mi hermanito es una mini copia de Freddy.
Creo que lo considera a él más su hermano mayor que a mí.
— Hola, Aisa, te llevo al colegio — me ofrece.
— No, gracias, no es necesario.
— ¿Segura? Me queda de camino, guapa. Vamos, te llevo.
— Bueno, se me hace tarde y tengo un examen.
Finalmente me subí. Denise conduce muy bien. Luego de unos minutos, llegamos a mi colegio.
Saco mi billetera para pagarle.
— ¿Cómo crees, Aisa?
— El auto lo usas para trabajar. Estás perdiendo el tiempo conmigo cuando deberías estar trabajando.
— No aceptaré tu dinero, preciosa.
— Entonces, ¿cómo te pago? — acomodo mi cabello.
— ¿Qué tal saliendo conmigo?
— Acepto, si paso el examen. De lo contrario, estaré castigada hasta 2050.
Él ríe. — Entonces, déjame desearte suerte. — Besa mi mejilla.
Llegué a clases tarde. Por suerte, me dejaron hacer el examen. Era de matemáticas, lo cual no se me complica.
Luego del examen, me dirigí al jardín con Julissa. A ella sí se le complican los números y, debido a que llegué tarde, no pude dejar que se copie de mí, como hacemos siempre.
— Yo te ayudo con el recuperatorio.
— Gracias, amiga. ¿Qué onda con Freddy?
— Me preguntó y negué todo.
— Lo hubieras vuelto a besar, tonta. — Rodea los ojos.
— No quiero andar con nadie y menos con el pesado de Freddy. Es un mujeriego insoportable.
— Y te encanta ese mujeriego insoportable.
— Obvio que no. Vamos a la biblioteca. Necesito sacar un libro.
— Nate me está pidiendo tu número. ¿Se lo doy?
Río. — No, dile que no tengo celular.
Ella ríe.
Me dirigí a casa y noté que Freddy estaba con sus amigos. Así que decidí retroceder a la esquina.
Desabotoné mi camisa un poco, luego subí mi falda dejando ver mis piernas desde mis muslos para abajo.
Caminé frente a los chicos y Freddy, con una sonrisa triunfal, sin mirarlos. Ellos comenzaron a chiflarme. Volteé a verlos y noté que Freddy estaba enfadado. Estaba a punto de saltarle una vena.
— Qué linda faldita, mamita — me gritó un chico. Freddy golpeó su hombro —. ¿Qué nos ves? Sigue tu camino — me grita.
— No le hables así al bombón, ¿quieres tomar algo? — me dice uno de los chicos.
Yo solo reí y seguí caminando, los chicos lo abuchearon. Vi que mi puerta se abría y rápidamente me acomodé la camisa.
Papá sale y me fulmina con la mirada — ¿Qué haces?
— Solo camino.
Los muchachos me seguían chiflando y me pedían que me acercara a ellos. Eso molestó a mi padre.
— Vayan a trabajar, vagos — luego me jaló del brazo y me entró a la casa.
— ¿Por qué los provocas?— Pregunta mi padre con una mirada de enfado.
— Es el uniforme de la escuela, papá. Yo no hice nada — fingí inocencia.
Reí por dentro.
Qué se siente, Freddy, que le encantó a tus amigos.