El Coche

675 Palabras
— Creo que sí le gustas — me dice Julissa. — Tal vez, pero ahora solo me interesa entrar a la facultad. Además, andar con él sería meterme en problemas. — ¿Por qué? Comencé a redactar en la computadora. Es increíble que sin computadora no pueda hacerlo. — Porque papá no lo quiere. Además, es súper mujeriego. Ya te lo dije. — Quizás cambie por amor. — Lo nuestro no es amor, solo es físico. Coqueteamos, pero no pasará de ahí. Ella ríe. — ¿Segura? — Sí, terminé. — Ahora haz mi tarea — bromea. — Ni lo sueñes, Julissa. — Sabes que puedes llevarte la computadora. Te la regalo. — ¿Cómo crees? Bueno, ya me voy. Debo entregar este trabajo mañana y no tengo dinero para un ciber, por ello le pedí la computadora a Julissa para hacerlo. A ella no le interesan las notas del colegio; de todas formas, sus padres, con sus influencias, la inscribirán en las mejores facultades. Yo no tengo esos privilegios. — Ya es tarde, Aisa. ¿Quieres que te lleve el chofer? — No es necesario, tomo el autobús. Gracias. Nate se acerca a nosotros, me saluda con un beso en la mejilla y luego saluda a Julissa. — ¿Está tu hermano? — No salió. — Bueno, hola y adiós, Nate. — Te llevo. — No, gracias. Llego con el autobús. — Las princesas no se van en autobuses. — Mientras llegas, se te hace tardísimo. Es verdad, ya está oscureciendo y mi casa queda al otro lado. El autobús tarda una hora viniendo, más el tiempo que espero y si hay tráfico. Finalmente, acepté que Nate me lleve a casa, pero claro, tiene un precio. — ¿Me das tu número? — No funciona el celular. Suena mi celular. Es papá preguntándome cuándo llego. — Ajá. — No me interesa salir con nadie ahora. — ¿Quién te dijo que quiero salir contigo? Rodeo los ojos. — Bueno, me atrapaste, pero sé aceptar un no. Amigos y listo. — En ese caso, sí. Finalmente, llegamos cerca de mi casa. Le pedí que se detenga. Él me mira extrañamente. — ¿Vives acá? — No, a la vuelta. Pero es peligrosa la zona. — Me voy a arriesgar. Te llevo hasta la puerta de tu casa. ¿Dónde queda? — Dos cuadras y doblas a la izquierda. Tercera casa. — Sí, señorita hermosa. Nate estaciona enfrente de mi casa y me abre la puerta. Noto que Perla Mendizábal nos observa. Ella es la hermana menor de Freddy y por alguna extraña razón, me odia. No hice nada para provocar su odio, así que me da igual. No vivo del cariño de los demás. — Adiós, Nate. Ve con cuidado. — Ni un beso — hace un puchero. Acerqué mis labios a su mejilla, él se corrió y terminé besando sus labios. En cuanto me di cuenta, me aparté. — Ups. — Solo amigos — le recordé. — Por ahora — me lanza un beso y se va. No pude evitar sonreír. *** — Creí que te quedabas a dormir en la casa de Julissa — me dice papá mientras cenamos. — Me alcanzó el primo. — ¿El tipo de la camioneta carísima? — Expresa Derek. Mi hermano también me estaba espiando. Es raro ver un auto como el de Nate por este rumbo y por ese motivo llama la atención. Asentí. — Entonces, tiene dinero. ¿Cuál es su apellido? — Curie — dije tomando un sorbo de jugo. — ¿Eso qué importa? — pregunta mamá. — Invítalo a la casa — me pide papá — para agradecerle que te alcanzó a casa. — No lo acabo de rechazar y quieres que lo invite. — Eres estúpida, Aisa. Debes ser más lista. — No le hables así — mamá intenta calmarlo. — Princesa, ¿qué hablamos el otro día? — No me interesa andar con alguien por dinero, papá. ¡Provecho! Siento que mi padre quiere venderme. No sé qué le ocurre.
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