A pesar de que la película en una televisión, por muy grande que fuera, no podía compararse con la del cine, no se podía quejar porque se lo estaba pasando muy bien. El pitido de un móvil hizo que Axel se inclinara para cogerlo de la mesa y abriera el mensaje que acababa de recibir. Poco después, una carcajada silenciaba el sonido propio de lo que estaba viendo. —¿Qué es tan gracioso? —preguntó Eireen—. ¿Son Euen e Ithan? Cuando había salido de su habitación, en la sala sólo estaba Axel rebuscando entre los muchos DVD que tenían. Al preguntarle por ellos, le comentó que los habían llamado para decirles que las entradas de la película que querían ver estaban agotadas y habían salido mascullando algo que no había conseguido entender. —No, no... Unos amigos que me han enviado unas fotos.

