Glenn observó el lugar desde la oscuridad del interior del coche. Según veía en un cartel, esa noche tenían un espectáculo a las doce de la noche. Consultó su reloj en el móvil y sonrió. Sería el mejor momento para actuar. Lo que le hacía falta era deshacerse del tipo que le podía impedir la entrada. Pagarían caro lo que le habían hecho, aunque no se acordaba de nada, pero por lo que había visto al remangarse los brazos, y después cuando se levantó la camiseta, no era nada bueno. Estaba lleno de señales de besos, como si de ventosas se trataran, y no quería ni imaginarse lo que habrían hecho mientras lo mantenían inconsciente. —Malditos desgraciados... —masculló con ira. Algunas mujeres seguían entrando en el lugar, muchas de forma apresurada junto a su acompañante. Sólo faltaban unos

