Asunto: un amigo es una luz Vigésimo cuarto día aquí dentro y sigo sin saber quién es Maureen. Lo cierto es que con cada hora, cada minuto, cada segundo que paso encerrada, más lejos me siento de descubrir la verdad detrás de ese nombre. Nuevas hipótesis han comenzado a surgir en mi cabeza desde ayer, cuando encontré la nota fuera del dormitorio de Sebastian, pero por supuesto no es su letra. Y para mi sorpresa, tampoco es la misma letra de la carta que saqué de la habitación de Venecia días atrás. Quise comparar la caligrafía con la de las preguntas que hicimos uno de los primeros días, pero no encontré esos papeles por ningún lado. Y tengo la sensación de que alguien me los ha quitado. ―¿Alguien ha visto a Cato? ―grita Alejandra abriendo la puerta de la cafetería de par en par e irrum

