—Estas de un humor encantador hoy, Danika—soltó Alexander al otro lado de la mesa de la biblioteca, con un montón de hojas sobre esta. La agente de mirada azul como el hielo, alzó una oscura ceja mientras una pequeña sonrisa afloraba en sus labios. —¿A qué te refieres?—preguntó ella algo extrañada y sorprendida ante las palabras del hermoso príncipe de hielo. Alexander apartó su rostro del manojo de hojas y libros viejos, mientras ladeaba su rostro levemente para entonar su mirada verde esmeralda hacia ella. —Hoy no estás tan quisquillosa como siempre—comenzó a decir él arrastrando las palabras—. Llevas media hora esperando a que termine de leer, y la sonrisa de tus labios no se movió. —No sabía que fuera un pecado estar feliz—ronroneó Danika, sosteniendo aquella sonrisa en sus labios

