El viernes llegó con un aire pesado, cargado de tensión y expectativas.
Valeria había intentado concentrarse en su trabajo durante toda la mañana, pero sus pensamientos se escapaban cada vez que recordaba la intensidad de la noche anterior.
Adrián había regresado al despacho más serio que nunca, con el ceño fruncido y la mirada que parecía atravesarla.
Sin embargo, había algo diferente. Algo que hacía que su presencia encendiera cada nervio de su cuerpo.
—Valeria —dijo él, acercándose a su escritorio—. Necesito hablar contigo.
Ella levantó la vista, tratando de aparentar calma.
—¿Sobre qué?
Él se detuvo frente a ella, dejando que el silencio llenara el espacio.
Luego, inesperadamente, tomó suavemente su mano y la levantó hacia él.
—No puedo… —susurró—… resistirlo más.
Antes de que Valeria pudiera reaccionar, Adrián se inclinó y rozó sus labios con los de ella en un beso inesperado.
No había advertencias. No había palabras. Solo la fuerza de la atracción contenida durante semanas.
Valeria quedó inmóvil por un segundo, sorprendida por la intensidad del contacto.
Pero pronto respondió, correspondiendo con la misma urgencia, con el mismo deseo que ardía en ambos desde hacía tanto tiempo.
Sus cuerpos se acercaron, como si el espacio entre ellos hubiera sido un obstáculo insoportable.
Las manos de Adrián recorrieron suavemente su espalda, mientras Valeria se apoyaba contra él, perdiéndose en la mezcla de calor y emoción que los envolvía.
El beso fue breve, pero suficiente para encender algo más profundo.
Cuando finalmente se separaron, sus frentes permanecieron juntas, respirando al unísono.
—Valeria… —susurró Adrián, con un hilo de voz—. No puedo seguir fingiendo que esto es solo profesional.
Ella lo miró, con las mejillas sonrojadas y el corazón acelerado.
—Yo tampoco… —respondió—. Esto… nosotros… es más fuerte de lo que imaginábamos.
El silencio volvió a caer, pero esta vez no era incómodo.
Era íntimo. Cargado de posibilidades.
Ambos sabían que este beso inesperado no era un accidente.
Era el principio de algo inevitable.
Un deseo que no se podía negar, y que comenzaba a romper todas las barreras que los separaban.
Adrián tomó su rostro entre las manos por un instante, solo para asegurarse de que ella estaba allí, frente a él.
Valeria sintió que el mundo desaparecía, y que nada más importaba… salvo ese momento, ese beso, esa conexión que los había atrapado para siempre.