📖 Capítulo 18 — Una noche de gala

734 Palabras
La invitación había llegado semanas atrás, impresa en papel marfil con letras doradas: Gala Anual de Fundación Empresarial Herrera. El evento más importante del año. Empresarios, inversionistas, prensa… y todas las miradas puestas en Adrián Herrera. Valeria observó la invitación sobre su escritorio mientras intentaba concentrarse en los documentos del día. Sabían que debía asistir como parte del equipo ejecutivo, pero eso no evitaba el leve nerviosismo que crecía en su interior. No era su mundo. Vestidos de diseñador. Conversaciones estratégicas. Sonrisas calculadas. Adrián apareció en la puerta de su oficina. —Esta noche necesitaré que estés cerca durante el evento. Valeria levantó la vista. —Claro. Él dudó apenas un segundo. —Tu presencia transmite confianza a los inversionistas. Era una explicación profesional. Pero su mirada permaneció sobre ella un instante más de lo necesario. —Estaré disponible —respondió ella. Esa noche, el gran salón del hotel brillaba bajo una lluvia de luces cristalinas.Vestidos largos deslizándose sobre el mármol. Trajes oscuros perfectamente ajustados. Copas de champán elevándose entre conversaciones elegantes. Valeria entró al salón con paso contenido. Su vestido azul oscuro caía con elegancia natural, sencillo pero sofisticado. Su cabello recogido dejaba visible la delicadeza de su cuello, y un maquillaje suave resaltaba su belleza sin exageraciones. No buscaba llamar la atención. Pero lo hizo. Varias miradas se giraron a su paso. Y entonces Adrián la vio. Se detuvo en medio de una conversación. El mundo alrededor pareció difuminarse. No era solo hermosa. Era imposible de ignorar. Daniel Rivas, de pie a su lado, siguió su mirada. —Vaya… —murmuró—. Ahora entiendo por qué todos hablan de tu asistente ejecutiva. Adrián no respondió. Porque algo en su pecho se había detenido. Valeria se acercó. —Señor Herrera. Su voz era serena, profesional. Pero sus ojos brillaban con una luz distinta. —Valeria —respondió él suavemente. Daniel sonrió. —Señorita Valeria, esta noche el evento mejoró notablemente. Ella sonrió con cortesía. —Gracias, señor Rivas. Un fotógrafo se acercó. —Señor Herrera, una foto para la prensa. Adrián miró a Valeria. —Quédate. No fue una orden. Fue una petición silenciosa. Se colocaron uno junto al otro. El flash iluminó el instante. Pero lo que capturó no fue una imagen corporativa. Fue la tensión invisible entre dos personas que luchaban por ignorar lo inevitable. Durante la velada, Valeria cumplió su papel con precisión impecable: coordinó reuniones, presentó invitados clave y resolvió imprevistos con elegancia. Pero Adrián no podía dejar de notar algo. Cada vez que ella se alejaba… su atención la seguía. Cada vez que alguien se acercaba a hablar con ella… algo dentro de él se tensaba. En un momento de la noche, mientras la música suave llenaba el salón, Daniel se acercó nuevamente a Valeria. —¿Le concedería este baile a un inversionista curioso? Valeria dudó. Antes de responder, sintió una presencia a su lado. Adrián. —La necesito para una presentación —dijo con calma. Daniel sonrió con diversión. —Por supuesto. Valeria lo miró, confundida. —La presentación es en treinta minutos. Adrián sostuvo su mirada. —Lo sé. El silencio entre ellos se volvió denso. El sonido lejano del piano parecía marcar cada latido. —No me gusta compartir tu atención esta noche —añadió él en voz baja. Valeria sintió que el corazón le golpeaba el pecho. No era una frase profesional. No era apropiada. No debía decirla. Pero la había dicho. Y ahora flotaba entre ellos, cargada de significado. Adrián pareció darse cuenta de lo que había revelado. Se apartó levemente. —Vamos. Nos esperan. Pero algo había cambiado. De manera irreversible. Más tarde, mientras los invitados comenzaban a marcharse, Valeria salió a la terraza para respirar aire fresco. La ciudad brillaba bajo el cielo nocturno. —Necesitaba un momento lejos del ruido. La voz de Adrián surgió detrás de ella. Valeria no se giró de inmediato. —Yo también. Se colocó a su lado. El silencio no era incómodo. Era íntimo. El viento movió suavemente el cabello suelto de Valeria. Adrián la miró como si estuviera viendo algo que no sabía que necesitaba. —Esta noche… —comenzó él. Pero no terminó la frase. Porque si la terminaba… cruzaría una línea sin retorno. Valeria lo miró. Y en sus ojos había una pregunta silenciosa. El aire entre ambos vibraba con algo nuevo. Algo inevitable. Algo peligroso. Y ambos lo sabían.
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