Puse mi mano en la perilla de la puerta, y la giré lentamente, la habitación es enorme y color blanca, con una cama de dosel con cortinas semitransparentes de varios colores. Era mi cuarto, el cuarto de mi infancia, los peluches parecían un poco los que yo tenía, esos que mi estúpida prima rompió en un berrinche. Había un estante con cuentos, muchísimos cuentos nuevos, algunos con plástico aún. Voltee a ver a Osvaldo, me veía con unos ojitos tiernos. Me acerqué a él y lo abracé por la cintura. Metió su rostro en mi cuello, escuche su respiración pesada. —¿Cómo supiste como era mi cuarto? —Una chica me contó muchas cosas sobre ti —Dani —Este cuarto, más que nada, lo he mandado a hacer así, porque quiero que recuerdes a tus padres. Y sobre todo, porque si algún día tenemos hijos, me

