Capítulo 15

1050 Palabras
Abril Corro de un lado a otro buscando uno de los zapatos colegiales de los niños, se me hizo muy tarde haciendo el desayuno y ahora parezco una loca apurando los a ambos para que estén listos, me pongo de rodillas en el piso y agachó mi pecho hasta tocar el piso. -¡Aquí está! - les aviso y ellos empiezan gritar emocionados porqué lo encontré.- ven aqui rápido Adan. Se acerca corriendo a mi y le pongo su zapato lo más rápido que puedo, les entrego a cada uno su mochila y los tomo de la mano para llevarlos hasta la entrada de la residencia, llegamos justo cuando el camión venía llegando. -Se portan bien.- les beso la cabecita a cada uno.- y deseenme suerte. -Shuelte abby.- me dicen ambos mientras los ayudo a subir al bus. Saludo a el chófer y me quedo viendo cómo se van, cuando no puedo ver más el bus entro de nuevo a la residencia y camino a paso rápido hasta mi casa, lo primero que hago al llegar es ver la hora, y entro en pánico al ver que falta una hora para que tenga que entrar a el trabajo, subo corriendo a mi habitación y entro al baño sin pensarlo mucho, tomar baños rápidos, con dos niños pequeños aprendes a hacerlo a la fuerza, salgo de la ducha escurriendo agua y pego un grito cuando veo que el estante de las toallas está vacío, debí haberlas dejado en el cuarto de lavado. Me escurro el cabello lo más que puedo, me encuentro completamente sola así que no tengo problema con que alguien me vea, abro un poco la puerta y para sentirme un poco más seguro miro a todo lados antes de salir, cuando confirmo que no hay nadie, salgo por completo y corro hasta mi armario, lo recorro por completo hasta llegar a la zona en donde se encuentran mis trajes de varios colores, recuerdo que los compré por qué quería parecer una empresaria sexi, cuando llegue a la tienda y vi el modelo que tenían grite de la emoción, era perfecto, atravieso pero formal, y ni se di de la forma en que me queda, me gustó tanto que no pude decidir por un solo color y terminé comprando todos los que tenían. Miro la docena que tengo y elijo el rosa pastel, no se porque pero me parece que ese color queda perfecto para dar una buena impresión el primer día de trabajo, el conjunto consiste en una falda tubito que llega hasta unos cinco dedos por encima de la rodilla, los especial está en que en uno de los lados tiene una pequeña abertura en forma de triángulo dándole un toque sensual, la camisa es blanca al igual que la de los demás trajes, es de botones ceñida a el cuerpo, dejando un escote un poco pronunciado y por último está el blaiser, que es de el mismo color de la falda, un poco corto y se me pega a el cuerpo como una segunda piel, todo esto lo convino con una correa y un par de tacones de aguja negros. Como siempre me visto antes de de arreglar mi pelo y maquillarme, una costumbre rara que tengo, el cabello lo seco y lo ató en una cola larga dando la impresión de que es bastante largo, y para el maquillaje solo me coloco lo más escencial cómo base, corrector, polvo, rubor, pestañina, un poco de sombras para cejas y una sombra rosada muy clarita en los párpados, miro mi reloj y me asustó cuando veo que solo faltan veinte minutos para las ocho, tomo una de mis cartera negras y guardo todas mis cosas en ella, bajo las escaleras corriendo y me lamento por qué no me dará tiempo de desayunar. Me subo a mi auto y coloco mi teléfono en un soporto a un lado de el volante con la dirección que Chase me envió en Google maps, enciendo el auto y empiezo a conducir siguiendo todas las indicaciones que me da el aparato, me estacionó en una pequeña cafetería para comprar un café, no quiero llegar con el estómago vacío ya que no podré comer hasta medio día. Me vuelvo a subir a el auto y está vez si conduzco directo a la empresa, cuando llegó frente a el edificio me asombro por lo inmenso que es, es incluso mucho más alto que el de mi padre, me estacionó frente a este y me miro en el retrovisor antes de bajarme para asegurarme que me vea presentable. -Buenos días señorita.- el portero me saluda amablemente, y aunque intento devolverle el saludo no me sale y lo termino ignorandolo sin querer. -Buenos días ¿en qué puedo ayudarle? -Me dijeron que solo dijera mi nombre y usted sabría a dónde llevarme.- siento que no puedo quitar ni mi cara ni mi tono de superioridad, lo que hace me empiezen a mirar mal. -¿Y cuál es su nombre? - está vez no suena tan amable cuando me habla y como yo no estoy para que me traten así la miro sobre mis hombros -Abril Reimons.- finjo mirar mis uñas para verme más superior. -Si ya se quien es, sigame por acá abril.- se levanta de su silla y le sonríe con burla a una de sus compañeras. Me muerdo la lengua para no clamarle el que me llame por mi nombre con tanta confianza, y la sigo hasta el ascensor y me cruzo de brazos cuando esté empieza a subir hasta el último piso, las puertas se abren luego de unos minutos y un amplio recibidor nos recibe, salgo de el ascensor y miro a mi alrededor notando que solo hay dos enormes puertas, y cada una tiene a su lado un pequeño escritorio. -Esta será tu lugar de trabajo.- me señala de mala gana la pequeña mesa a mi izquierda, me acerco un poco a ella y observó que en la puerta a su lado hay un pequeña placa que dice presidente.- El señor Collins llegará pronto así que apresúrate a acomodarte en tu lugar. No le respondo y ella se va sin decirme más nada, me quedo un momento quieta en mi lugar pensando de dónde me suena conocido ese apellido.
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