—¿Qué? —preguntó la joven sintiendo la mirada de Kaleb sobre ella. —Eres preciosa —emitió, ocasionando que las mejillas de la chica se tornaran rojas. —Gracias —musitó llevándose la copa de agua a su boca para disimular el efecto que causaba la intensa mirada de Kaleb—. Esto está delicioso, ¿quién lo preparó? —Yo mismo —respondió sorprendiendo a la joven—. ¿Qué, acaso crees que no soy capaz de preparar una simple tarta de queso? Añadió haciéndose el ofendido. —No he dicho eso —contradijo Sahara—. ¿Pero sabes lo difícil qué me resulta hacerla y que quede así de exquisita? —Tal vez te hace falta la receta secreta para una magnífica tarta de queso —mencionó Kaleb encogiéndose de hombros. —Probablemente —dijo dejando el plato encima de la manta—. Bueno, cambiemos de tema. —Vale —respo

