El Beso Robado por el Destino y la Insistencia Felina El apartamento quedó en un silencio cargado de electricidad. La lluvia comenzó a golpear las ventanas, creando una sinfonía íntima que parecía haber sido compuesta para ese momento. Dante y Elena estaban de pie en el centro de la sala, sus manos entrelazadas, sus miradas atrapadas en un laberinto de deseo y de todo lo que había sucedido entre ellos. Dante se inclinó. La distancia se acortó milímetro a milímetro. Elena no se movió; su respiración se aceleró, sus ojos se cerraron suavemente. El sabor del vino, el aroma a incienso, la memoria de las caídas, las risas, la furia y la curiosidad... todo convergía en ese instante. Sus labios se rozaron una vez. Un toque apenas perceptible, una promesa. Dante profundizó el beso, sintiendo la

