El Ascensor de la Humillación
El edificio en Pocitos recuperó su ritmo habitual, pero la tensión en el piso 12 se podía cortar con un hilo dental. Elena y Micaela habían llegado hacía apenas unas horas, dejando sus maletas llenas de recuerdos y su espíritu inflado de victoria. Estaban radiantes, descansadas y, sobre todo, ansiosas por el reencuentro.
—¿Estás lista para ver el despojo humano? —preguntó Micaela, terminando de pintarse los labios de un fucsia eléctrico.
—Nací lista, Mica. —Elena tomó su bastón de plata, lo hizo girar con la destreza de quien ha ganado una guerra, y salieron al pasillo.
Justo en ese momento, las puertas del ascensor se abrieron.
Dante y Luca salieron de la cabina. Si en Memphis daban lástima, en la luz blanca del pasillo de Montevideo daban risa. Dante traía un collarín cervical por el golpe con el imitador, un parche en el ojo por el carterazo de la anciana y caminaba con una rigidez que gritaba "inflamación". Luca, por su parte, tenía ojeras de no dormir, pero una sonrisa que no se le borraba con nada; seguía en un estado de euforia post-carcajada.
El silencio duró tres segundos.
—¡Pero qué les pasó! —exclamó Elena, exagerando una expresión de preocupación que no engañaba a nadie—. ¿Se cruzaron con una banda de motociclistas o los pasó por encima un desfile de Carnaval?
Micaela no aguantó más y soltó una carcajada que resonó en todo el piso.
—¡Dante! ¿Ese collarín es la nueva tendencia en Milán o es que el "fantasma" te dio un abrazo muy fuerte?
Dante se detuvo, tratando de mantener la poca dignidad que le quedaba. Intentó cruzar los brazos, pero el dolor en la costilla lo hizo soltar un quejido agudo.
—Muy graciosa, Elena. Tuvimos un... percance logístico.
—¿Percance logístico? —Luca intervino, apoyándose en la pared porque le volvía a dar el ataque—. ¡Dante se batió a duelo con una congregación de abuelas y perdió por knock-out! ¡JAJAJA! ¡Tendrían que haber visto cómo volaban los rosarios!
—¡Callate, Luca! —gruñó Dante, mirando a Elena con su único ojo libre. A pesar del dolor, su obsesión seguía ahí, pero ahora mezclada con una derrota humillante—. Veo que disfrutaron mucho del Mississippi.
—Fue increíble, Moretti —dijo Elena, acercándose a él con el *clac-clac* rítmico de su bastón. Se detuvo a centímetros de su cara, oliendo el aroma a antinflamatorio que emanaba el italiano—. Memphis tiene algo mágico. Las mujeres allá son fuertes... y las señoras mayores tienen una puntería excelente, por lo que vimos en la foto.
Dante apretó los dientes.
—Me perseguiste por todo el festival para sacarme esa foto.
—No te perseguí, Dante. Eras el espectáculo principal. Era imposible perdérselo —Elena le dio un toquecito juguetón con la punta de su bastón en el zapato de él—. Por cierto, la pollera floreada no te quedaba tan mal. Resaltaba tu lado... sensible.
Micaela y Luca estallaron de nuevo. Luca se agarraba de la puerta del 12B, literalmente llorando de risa otra vez.
—"¡El lado sensible!" —repetía Luca entre hipos—. "¡El mafioso de las flores!"
—Bueno, vecinos —dijo Micaela, tomando a Elena del brazo—, nosotras tenemos que ir a desarmar valijas. Tenemos muchos videos que editar... uno de un hombre volando sobre un cable de sonido es nuestro favorito.
Elena miró a Dante por última vez antes de entrar a su apartamento.
—Tratá de no caerte en la ducha, Moretti. No creo que Elvis esté ahí para atajarte esta vez.
Cerraron la puerta con un clic sonoro seguido de una explosión de risas que se escuchaba perfectamente desde el pasillo.
Dante se quedó ahí parado, con el collarín apretado y el alma por el piso. Miró a Luca, que seguía tentado de risa en el suelo.
—Luca, te juro que si no te levantás ahora mismo, te mando de vuelta a Italia por correo simple.
—Vale la pena... —susurró Luca, secándose las lágrimas—. Dante, sos el mejor perdedor que conocí en mi vida. El viaje más gracioso de la historia.
Dante suspiró, sintiendo que, aunque estaba destruido, el juego en el piso 12 acababa de subir de nivel. Ya no era solo deseo; era una guerra de humillación y seducción donde, claramente, las mujeres tenían el control absoluto.