(Almendra) ¿Mi papá y don Alfonso se conocían? Eso era toda una sorpresa. Y al parecer, no en muy buenos términos. ―No te metas, estoy hablando con mi hija ―le respondió mi papá. ―¿Tu hija? ¿La misma hija a la que querías que buscara para darle una lección? ―Ya te dije que no te metas. ―Escúchame, estoy de franco, pero eso no significa que no pueda usar mi autoridad para sacarte de aquí o llevarte detenido; por si no lo sabías, los policías nunca dejamos de serlo. Mi papá guardo silencio. Uno de esos silencios que me asustaban tanto de niña, silencios cargados de rabia contenida, de maquinaciones de su enferma mente. Era la calma antes de la tormenta. Por un momento, pensé en ir con él para evitar más malos ratos, pero, en esos instantes se me iluminó la mente y fui consciente

