- Magnolia querida, él es Sylas, mi querido nieto, que no te engañe su altura con su madurez, es muy terco y recién está entrando al negocio familiar, sin embargo, no debo negar que era uno de los más felices de que vinieras, lo único que quería era poder conocerte finalmente, tiene veintidós años, aunque sin duda sigue teniendo una mentalidad de trece. Por aquí esta Kayn, es el mayor de los tres, tiene veinticinco, tampoco debería de engañarte, se ve muy rudo y frio, pero en el fondo es muy amoroso, y de seguro el pequeño Riven debe estar por ahí jugando a las escondidas, no tengo el corazón para llamar su atención, solo tiene ocho años, es una criatura muy amorosa pero traviesa, no puedo controlarlo. Su madre sin duda es la única que puede, sin embargo, por temas de trabajo nos ha dejado unos meses, pero ya debe estar por volver, y mi querido hijo Draven, sabrá dios que está haciendo, nunca está en casa y cuando lo está simplemente da ordenes- Camille le entregó la copa de vino que Lia había estado observando hace un tiempo atrás. - Te cuento un poco de lo que va esto, aquí en Haines nos conocemos todos, a pesar de ser una ciudad, yo diría que es más un pueblo grande. La familia Collin tiene el negocio de productos derivados de la leche como te comenté al momento de tu llegada, sin embargo, no somos los únicos que tiene poder aquí, los Sitka son otra cosa, la industria hotelera y atracción para turistas estúpidos es su trabajo favorito-
- Es más algo familiar, ambas familias llevan algunas décadas viviendo en estos lados, se podría decir que es más una rivalidad de quien construyo Haines o quien tiene más poder. Aunque obviamente todos sabemos que los Collin son más importantes, nosotros somos quienes alimentan a medio pueblo y daños trabajo, los Sitka son más de estatus y respeto, les gusta de cierta forma que los respeten- comento Sylas llevando a la copa en dirección a Lia para darle a entender que debían de brindar. - Hoy quiero brindar por Magnolia Rowe, la nueva ayudante de la familia Collin-
Los aplausos se hicieron presentes, Magnolia miro fijamente a Sylas, sus ojos marrones parecen ser tan profundos y tenían una mirada de deseo constante, daban unas ganas inmensas de lanzarse al muchacho y besarlo sin parar, sin duda se veía todo lo opuesto a la descripción que Camille daba de él. Entre charla y charla conoció a algunos integrantes de la familia y a los ayudantes de esta, sabia ahora que Doran era alguna especie de guardaespaldas o mayordomo, que Camille era la madre de Draven, quien estaba comprometido con Diana, ambos tuvieron a tres hermosos hijos, Kayn el mayor, Sylas el del medio y por último Raiven el menor. Pudo distinguir a Sylas, Camille y Draven en los r4etratos que habían en el amplio pasillo, sin embargo habían dos personas que faltaban en la cena, Raiven y Kayn no se veian por ningún lado, no quería sonar un tanto interesada, pero si Kayn era similar a su retrato, era ya todo un hombre, un muchacho que era digno de ser jefe de la mafia o algo parecido, dejando su incertidumbre de lado y dispuesta a preguntar por ellos, la puerta principal se abrió de par en lar dejando ver a tres hombres, por un momento Lia sitio su corazón latir lentamente, como si el tiempo se paralizara y todo estuviese ocurriendo en cámara lenta, seguramente aquel hombre frente a ella era Kayn. Draiven claramente no dejaba nada que desear, era un hombre corpulento y musculoso, con una barba controlada y dientes blancos y perfectos, su cabello n***o azabache brillante se veía en extremo sedoso, aunque su aura era más suabe, como si estuviese más calmado y no imponía tanto respeto como otros. Una mandíbula firme y rectangular, Kayn una sonrisa encantadora, piel clara y ojos brillantes, tenía un aura imponente al igual que Draven, y por ultimo el pequeño Raiven, su cabello rojizo y contextura delgada, con unos labios finos daba a entender que era una mini copia de la señora Diana. Los ojos de magnolia se detuvieron en las manos de Raiven, quien tenía lo que aprecia ser un conejo muerto. Sylas noto esto enseguida, al parecer el rostro de Magnolia era de confusión y miedo se podría decir.
- Les dije que no debían de cazar a esta hora, tenemos visita y ustedes la reciben de esta manera- Sylas camino en direcciona Raiven para arrebatar el pequeño conejo muerto y regañarlo con la mirada.
- Ah, mi error querido, lamento decirte que es una vieja costumbre entre la familia, antes todos solíamos hacerlo, sim embargo los gustos van cambiando, ahora Sylas quiere ser vegetariano o alguna mierda así- Comento quien suponía que sería Draven, camino en dirección a Magnolia para poder besar su mano de manera cortes. - Supongo que mi madre ya te dio todo el sermón, espero que puedas aprender mucho de nuestras costumbres y sobre todo que disfrutes tu estancia en nuestro hogar, mi casa es tu casa, ahora eres parte de la manada- soltó una carcajada mientras hacía señas para invitar a los demás seguir con la fiesta.
Magnolia observo como Kayn se dirigió a lo que seguramente seria su habitación, no sabía porque, pero algo en el le llamaba en extremo la atención, sin embargo, al mirar a Sylas sentía le necesidad de permanecer a su lado, como si el la estuviese llamando a estar con él, a estar juntos.
La fiesta había terminado, la familia era agradable y se sentía en extrema comodidad, una seguridad recorría su cuerpo seguramente por el hecho de que la mayoría de las personas en esta casa eran hombres. Camino en direcciona su cama para poder recostarse y dormir, sin embargo, antes de hacerlo se dio cuenta de que su cuarto estaba más iluminado de lo normal, al mirar hacia afuera noto que la luna estaba llena y brillante, sin duda una luna hermosa para una noche hermosa. Al recostarse en su cama escuchó a lo lejos un aullido de algún cachorro, peso enseguida que podría ser por las sombras que se ven en la noche, pero un pensamiento llego a su mente- aullido de lobo- claramente era más probable, es una zona donde es más probable ver un lobo que un cachorro, cerro sus ojos para poder conciliar el sueño, y no le llevo mucho tiempo hacerlo.
Entre sueños podía percibir nuevamente el aroma a pino, no sabía porque, pero desde que llego ese aroma se había apoderado de ella, al embriagaba por completo, seguramente era el aroma que estaba por toda la casa, a cualquiera podría molestarle, pero era más que eso, era una necesidad de sentirlo siempre.