Magnolia se encontraba caminando por los pasillos de su universidad con suma pesadez, esbozó una sonrisa falsa al ver a sus compañeros de curso pasar entregando folletos de lo que parecía ser un baile de Navidad. No sabía si el pueblo era en extremo pequeño o por qué a la gente le encantaba tanto este tipo de actividad, al fin y al cabo no tenía nada mejor que hacer.
—Es el baile de Navidad, aparte de celebrar con comida y decoración a tono de las fiestas, elegiremos al rey y reina del baile. En verdad me gustaría muchísimo que pudieras participar de eso, sé que no solemos hablar mucho en clases o algo por el estilo, pero nadie debería ser excluido. Quién sabe, hasta es probable que te elijan como la reina del baile este año— comentó una muchacha un tanto desalineada, entregándole un folleto a Magnolia con felicidad.
—Muy mal gusto tendrían que tener los alumnos para que ella sea escogida como reina de la clase— esa voz, sabía de quién era, la chica Sitka. Ni siquiera sabía su nombre, pero ya sabía que era en extremo desagradable y que esa voz solo podía pertenecer a ella.
—Ah... ahora entiendo, sé que los estudiantes de este lugar sí tienen buen gusto, por esa razón nunca has salido elegida como la reina del baile, ¿o me equivoco?— Magnolia miró a la chica sonriente, estaba dispuesta a iniciar una pelea y todos a su alrededor sabían eso.
—No me provoques— la chica rubia se puso de pie en su pupitre mirando amenazadoramente a Magnolia, haciendo un gesto con sus uñas, como dando una señal de que si seguía podría utilizarlas.
—Tus uñas de animal no me detendrán, Sitka—
La pelea habría continuado, pero era de esperarse que el profesor llegara a apaciguar aquella situación. Magnolia quedó pensando atentamente en la forma en que la chica había mostrado sus garras y había arrugado su nariz para también mostrar sus colmillos, le era bastante familiar. La clase se había vuelto aburrida desde que Magnolia había intentado averiguar de dónde se le hacía tan familiar aquella expresión, y no fue hasta unas horas después que su cabeza se iluminó por completo. El mismo gruñido y las mismas garras absurdas, todo calzaba ahora, por esa razón Sylas había tenido esa conversación con Sitka hace unos meses atrás. La chica Sitka fue quien se lanzó a atacar a Magnolia aquella tarde cuando fue al centro sola, era ella quien había generado aquel altercado, pero ¿por qué? A su mente vino la conversación que había tenido con Sylas en el parque luego de salir de la cafetería, ¿acaso quería matarla ese día simplemente para estar con Sylas? No, no tenía sentido, esto iba mucho más allá de todo esto. Si ese fuera el caso, Sylas ni siquiera se habría molestado en pedirle ser pareja, lo cual le causaba repudio recordar que aún lo eran supuestamente. Entonces, ¿esto tenía algo que ver con la profecía de la cual se hablaba? No estaba segura, pero sin duda averiguaría mucho más hoy leyendo el libro.
—¿Muy ocupada en clases?— la voz de Kayn resonó en el salón.
Magnolia miró en dirección a la puerta rápidamente y se percató de que el chico estaba de pie junto al marco de la puerta, recostado en este. Miró a su alrededor y notó que su clase ya había terminado hace unos minutos, estaba tan sumergida en sus pensamientos que ni siquiera se percató de eso.
—Muy interesante, la verdad— dijo mientras comenzó a guardar los libros en su mochila para poder retirarse del lugar.
—Supongo que ya sabes lo del baile de Navidad— comentó el muchacho mientras miraba el folleto que la chica tenía entre sus dedos—. No sé si tus intenciones eran asistir o no, pero me temo que debemos ir sí o sí, los tres. Mamá es exigente en ese sentido, a pesar de nuestra condición quiere que vivamos una vida de lo más normal posible, aunque eso implique ir de gala a un baile—
—Creo que no tengo problema en asistir, el problema sería con qué asistir, creo que justo no empaqué mi vestido de gala en mi maleta— dijo la chica mientras se reía.
No sabía por qué, pero Magnolia se sentía en extrema comodidad junto a Kayn, no le sacaba de quicio como cierto hermano. Todo fluía y pasaba con una calma y comodidad inimaginable, como si de verdad estuviesen hechos para estar juntos. Esa bella sonrisa amplia y encantadora, su cabello que ahora estaba un poco más largo y alborotado de lo normal, su piel pálida y esos ojos tan brillantes y llamativos, y esos hombros, esos anchos hombros que... ¿habían crecido? ¿Acaso Kayn había estado ejercitándose? Se le había olvidado la última vez que realmente se había detenido para ver al chico con delicadeza y sumo detalle.
—Creo que no deberías preocuparte de eso, mi madre debe tener algunos vestidos de gala guardados en su armario, seguro puede prestarte alguno que te guste, sin duda te verás hermosa—
La chica levantó la vista rápidamente y miró al chico con asombro. ¡Le había dicho que se vería hermosa! No sabía si la temperatura estaba aumentando o por qué había una sensación de calor sofocante que cada vez aumentaba muchísimo. Kayn notó esta reacción en la chica y le fue inevitable que la comisura de sus labios se elevara dejando ver sus blancos y perfectos dientes. Sin embargo, la sonrisa desapareció en un instante cuando su hermano se acercaba a toda velocidad.
—Veo que ustedes se están llevando mejor, ¿no es así?— Sylas levantó su brazo para rodear los hombros de Lía y demostrar que aún tenía cierto tipo de control sobre ella, y claro, era su novia aún, aunque no actuaran como tal.
—Simplemente estaba hablando con ella sobre el baile, no tienes que lucir tan desesperado— Kayn hizo sonar levemente el hueso de su cuello al girarlo hacia la izquierda.
La tensión comenzó a subir un poco y Magnolia estaba dispuesta a apaciguar aquella situación, sabía que ambos hermanos eran capaces de pelear aquí mismo, incluso transformarse para ver quién era el alfa finalmente de los dos, aunque estaba segura de que Sylas no era uno. ¿Acaso un beta u omega puede luchar contra un alfa y ganar su rango? Esas cosas debían ser averiguadas a la brevedad.
—Tranquilos, nenitas, ahora... ¿acaso no irás con la perrita atropellada?—
Magnolia quitó sutilmente el brazo de Sylas para disimular ante los demás que no quería verlo siquiera en pintura. Kayn, al escuchar la frase anteriormente dicha por la mujer, miró disimuladamente a otro lado para poder reírse con gusto.
—No me gusta que te dirijas así a Aurora— Sylas retrocedió unos pasos y puso ambas manos en sus bolsillos—. Además, sigues siendo mi novia, iré contigo, y supongo que sabes que si un lobo tiene una pareja no puede alejarse mucho de ella, ¿verdad?—
—Así que ese es el nombre de nuestra indefensa chica— susurró Magnolia para luego ignorar completamente a Sylas—