—Si supieras las clases de estupideces que dices— Kayn dejó caer su mochila en su hombro para luego girarse tras de sus talones y marcharse.
—Ven y dímelo a la cara— Sylas comenzó una caminata rápida tras su hermano, pero una fría mano lo detuvo en seco.
—¿Por qué no irás con Aurora?— Magnolia se cruzó de brazos y miró expectante al chico.
—Tiene que realizar una actividad en las montañas, nada de tu incumbencia—
—Ahh... perfecto, pues irás solo al baile, no pienso ir— Magnolia esquivó a Sylas y comenzó su camino, pero el chico tenía otros planes, puso su mano en el hombro de la chica y la giró para que quedaran nuevamente frente a frente.
—Escucha, Magnolia, no sé si entiendes en qué situación estás, pero quiero que sepas que aquí tú eres la presa, no el depredador, así que la presa se calla, escucha y obedece—
Los ojos de Magnolia se llenaron de ira, tanto que se podría decir que el característico color marrón de la chica comenzó a ser un rojizo, le hervía la sangre y no podía creer que se había interesado en un idiota como Sylas, pero el chico tenía razón, a pesar de que Diana estaba enseñándole a defenderse y podía utilizar armas que eran muy prácticas contra los lobos, seguía siendo la presa indefensa que sería siempre, una chica humana sin poder alguno, ¿qué podría hacer una humana con un cuchillo o lanza frente a un hombre lobo más alto, pesado, con más fuerza y garras con colmillos? Simplemente aceptar su destino. Con todas sus fuerzas empujó a Sylas y comenzó su caminata rápida, no entendía por qué la actitud de Sylas era tan cambiante, y ahora último más hiriente que de costumbre, seguramente podría ser que Aurora estaba presente, o porque su celo se acercaba y el lobo quería simplemente quitarse las ganas con ella, pero no estaba dispuesta a ofrecerle nada de su cuerpo a un ser tan desagradable y repugnante como Sylas, prefería ser comida por los lobos, literalmente.
El entrenamiento hoy se cancelaría, Diana tenía una reunión urgente con la compañía Sitka, las cosas se ponían un poco más tensas de a poco, Raiven practicaba de vez en cuando transformarse en lobo y poder utilizar bien sus garras mientras Doran lo aconsejaba, Kayn encerrado en su habitación como siempre o por algún lado del bosque correteando. No sabía qué hacer, la verdad necesitaba un poco de comprensión y cariño, por primera vez se sintió ajena y fuera de casa en todos estos meses, no quería volver y debía de ser fuerte, pero mierda, solo necesitaba que la comprendieran o le brindaran un hombro en donde poder descargar sus lágrimas de cristal. Con pereza se apegó a la pared derecha de su habitación y se dejó caer en el suelo, hoy no tenía ganas de cenar, hoy no tenía ganas de nada, simplemente quería llorar, y sin darse cuenta eso era lo que estaba haciendo, su cabello largo tapaba la mitad de su cara y sus mejillas empapadas se tornaban rojizas, no podía más con este sufrimiento, sentía un dolor en el pecho agudo, pero más agudo que de ira o rabia, sino de soledad, necesitaba a su lobo.
Miró en frente y una imagen vino a su mente, en la pared de atrás de ella había un pequeño lobo llorando apoyado justo en la misma parte que ella, solamente una pared los separaba, parecía que aquel lobo estaba entendiendo su sufrimiento y de alguna manera le estaba diciendo que entendía y comprendía su dolor, que no estaba sola, que fuera fuerte, pero ¿qué lobo era? No era el lobo de Sylas, este lobo era blanco, como aquel lobo que la salvó aquella noche, ¡es verdad! El lobo de aquella noche era blanco, y este lobo es exactamente igual, ¿entonces no fue Sylas quien la salvó esa noche? Pero, si no fue él ¿quién es? Todo este tiempo creyó que el lobo de Sylas era quien se acostaba a su lado en las noches, el que veía en visiones e incluso el que la salvó aquella noche, pero estaba cegada, no podía ver más allá de la simple imagen mental y recuerdos que tenía de la situación. Por algún motivo ver a aquel lobo acompañándola la hizo estar más calmada, al menos no estaba sola, por eso creía, miró al lado izquierdo y vio en su mesa de noche aquel libro pequeño que había dejado ahí hace unos días, era momento de leerlo, al parecer era original de aquellos años, así que es probable que pudiera resolver unas cuantas dudas que tenía en mente. Lo abrió delicadamente y comenzó con aquella lectura, pero las páginas principales tenían algunos símbolos extraños, algo que no había visto nunca, parecían unos jeroglíficos tanto indios, decidió seguir avanzando mientras sus dedos rozaban las ásperas páginas amarillas y gastadas del libro.
Un aullido interrumpió su lectura, rápidamente se puso alerta y miró por la ventana, la luna ya casi estaba llena, quizás en tres días más estaría por completo y sería el celo de los chicos, qué bien, justo para el baile. Magnolia entrecerró los ojos para poder ver más a lo lejos, había un lobo esperando entre el bosque un tanto alejado, costó ver quién era, pero supo al instante cuando Sylas fue corriendo tras de aquel lobo, no había que ser muy inteligente para preguntarse de quién se trataba, sabía que la respuesta era Aurora, volvió a su cama para poder recostarse y volver a lo suyo. No sabía cómo, pero algún día tendría que acabar todo esto, ya no soportaba más la actitud de Sylas, solo quería estar apartada de él y poder finalmente vengarse de Aurora, no se quedaría con las manos cruzadas y ver cómo la chica se reía de ella en su cara, tomaría las medidas necesarias cuando correspondiera. Nuevamente abrió el libro y comenzó su lectura, esta vez al fin sabría lo que está ocurriendo en todo este caos.
"La leyenda de los Kitratuhuel"
Hace miles de años atrás, se dice que existía en el mundo la paz y tranquilidad...