—¡Max!— Gritó Catalina, —¡Ayúdale! Yo me encargo de este—, sonrió Catalina mientras entrecerraba los ojos mirándome. —O—, dijo una nueva voz, —puedes probar conmigo. Giré la cabeza hacia el recién llegado. Quinton se quitó la chaqueta y se arremangó. Max apretó la mandíbula y, en un rápido sprint, corrió hacia Quinton, dispuesto a placarle. No tuve tiempo de ver si Max había conseguido derribar a Quinton, porque Catalina se interpuso en mi campo de visión. Antes de que pudiera hablar, me crují los nudillos. —Sabes —dije con voz ronca debido al fuerte apretón que Rowan me había dado antes en el cuello—, estoy de un humor muy, muy, espantoso. Como no puedo desquitarme con Rowan, tendrás que hacerlo tú. Catalina se limitó a sonreír. Al cabo de un momento empezó a avanzar demasiado haci

