CAPÍTULO DIECISÉIS Luna miró con horror la horda de controlados que avanzaba. Nunca había visto tantos en un mismo lugar, ni siquiera cuando estaban en el instituto de la NASA ni tampoco cuando estaban en los muelles tratando de llegar a Los Ángeles. Ahora había tantos que parecía haber un mar de ellos, todos moviéndose al unísono, dirigiéndose hacia el cañón donde los supervivientes tenían su hogar. Luna vio que los demás se quedaban mirándolos mientras se acercaban y eso fue suficiente para hacerla salir de su propio horror. ―No se queden quietos ―gritó―. ¡Tenemos que luchar contra ellos! El grito fue suficiente para recordarle a los supervivientes lo que debían hacer. Aquellos con armas de fuego comenzaron a disparar, el estruendo de estas fue ensordecedor frente al silencio con el

