CAPÍTULO DIECISIETE Ro sintió... bueno, sintió todo. Felicidad y tristeza, alegría y dolor, miedo, definitivamente miedo al pensar que, en cualquier momento, la Colmena podría darse cuenta de que estaba desconectado, que era un rebelde, que ya no era un purísimo sino impuro. Impuro Ro. Pero, sobre todo, sentía culpa. Sentía culpa por haber traicionado a la Colmena, aunque eso era un reflejo, no era tan fuerte como Ro podría haber imaginado que sería, era más miedo que culpa. Sentía culpa por no sentir más culpa por su traición y por cada emoción que sentía. Sin embargo, los verdaderos sentimientos de culpa estaban reservados para las cosas que Ro había hecho y había ayudado a hacer. Había ayudado a a****r mundos. Había ayudado a robarlos y a transformar sus especies, masacrando a los qu

