CAPÍTULO VEINTE Lacey se despertó sintiéndose grogui. Había olvidado que los somníferos e podían hacer eso. También la hacían sentir muy vacía y olvidadiza. Cuando miró la hora, se dio cuenta de que había estado dormida durante unas cinco horas. Ahora ya era por la tarde. Chester se incorporó al oír sus movimientos. —¿Quieres cenar? —le preguntó. Este ladró. —Ya me lo pensaba —dijo Lacey. Mientras bajaba las escaleras, pasó por delante de la ropa que había dejado en los escalones y, de repente, se acordó de la tira de bolso de piel rosa que todavía estaba en el bolsillo de su chubasquero. —El rosa oscuro de la temporada pasada… —dijo en voz alta. Parecía que poco a poco le volvían los sentidos, mientras llegaba al armario de la cocina y cogía el saco de comida para perros. Cuando

