CAPÍTULO VEINTIUNO —Será mejor que sea algo bueno —dijo el Superintendente Turner mientras Lacey se acercaba a él andando. Estaba de pie con el culo apoyado en el coche, aparcado en el paseo marítimo fuera del salón de té de Brooke. Le sorprendió que él hubiera llegado allí antes que ella, pues ella había conducido al doble del límite de velocidad para llegar allí. —Oh, es buen —dijo Lacey con confianza—. Como le dije al teléfono, he resuelto su asesinato. El detective levantó una ceja. —Lo dudo mucho. Pero Lacey estaba segura de sí misma y, por el modo en que Chester caminaba a su lado con la barbilla levantada y sacando pecho, sentía que él también la apoyaba. Hizo un gesto hacia las puertas automáticas, que se abrieron con un zumbido. —Los caballeros primero. El Superintendente

