CAPÍTULO VEINTIDÓS Brooke dejó el capuchino delante de Lacey y cogió el banco de enfrente. —Siento que tu teoría no avanzara —dijo—. Todo el altercado parecía superincómodo. —Fue bochornoso —dijo Lacey, echando un vistazo al rincón vacío que antes había ocupado Daisy. Se giró y removió lentamente la espuma del café con la cucharilla—. Estaba segura de que lo había resuelto. —Si te sirve de consuelo, yo también pensaba que lo habías hecho —respondió Brooke. Lacey dio un sorbo. El café estaba divino. Desde luego, Brooke hacía el mejor café en Wilfordshire. Dejó la taza de nuevo en el plato. —Yo sigo pensando, si la tira no era del bolso de Daisy, entonces ¿de quién era? Brooke repiqueteó los dedos sobre la mesa, obviamente intentando sopesarlo también. —Puede que suene un poco raro,

