Introducción
SOPHIE
Riiiing… Riiiing… Riiiing…
¡Esto tiene que ser una broma! Ash, se supone que acabo de cerrar mis ojos, ¿por qué? Esto es una pesadilla extrema. Alargo mi mano para apagar ese tedioso despertador, ¿quién lo inventó? Está bien, ya son demasiadas quejas de mi parte, sé que la alarma de mi móvil debe sonar de lunes a sábado porque tengo que trabajar en la tienda de turista. Aunque no es el trabajo más emocionante, me gusta el contacto con los turistas y la oportunidad de aprender sobre diferentes culturas. Eh, el pecado torturador es madrugar, es que eso no lo es lo mío, ni modo, me toca abrir mis ojos. Agarro mi iPhone y me lo acerco a la cara, todo para asegurarme de que sean las seis de la mañana y no las siete.
Oh, es un alivio, las seis de la mañana. Con un suspiro, me levanto de la cama y estiro mis brazos hacia el cielo. Otro día en este pintoresco pueblo suizo, Zermatt. Mientras me preparo para enfrentar el día, mi mente divaga hacia la cita que tengo con el ginecólogo. ¡Mi abuela! Ella me ha pedido o mejor dicho exigido asistir al consultorio del ginecólogo, últimamente he tenido problemas con la menstruación y los cambios hormonales. Ash, su insistencia es por mi salud y a la vez porque mi hermana le ha recomendado la clínica en la que ella trabaja.
Me dirijo al baño y me miro al espejo… Cada vez que me poso frente al espejo, acostumbro hablarme a mí misma y recordar por qué me alejé de mis padres y de mi hermana, todo para irme a vivir con mi abuela. Lo sé, es demasiado raro que una chica de veinticinco años siga viviendo con su abuela y no con su novio, el farmacéutico. Sin embargo, mi novio, Peter, es el epítome de la moralidad. Es un hombre respetable, pero también extremadamente mojigato. Cada vez que intento sugerir algo un poco más aventurero o atrevido, él levanta una ceja con desaprobación y me recuerda la importancia de mantener nuestra relación en un marco de pureza y virtud. Si tan solo supiera cuánto anhelo, un poco de emoción y pasión en mi vida.
Después de vestirme, desciendo hacia la cocina con una sonrisa en el rostro. Ahí me encuentro con mi abuela paterna. Desde que mi abuelo falleció, decidí mudarme con ella. Ella es una mujer divertida y a veces un poco excéntrica para su edad, pero la adoro y disfruto de su energía desbordante.
—Buenos días, tesoro, ¿has dormido bien? —me dice con cariño mientras le respondo con una afirmación silenciosa con la cabeza. Me siento en una de las sillas de la cocina, y ella coloca frente a mí un vaso de zumo de naranja recién exprimido, el cual bebo encantada. Mientras ella se mueve con soltura por la cocina, decido preguntarle por la señora Mercedes, la amiga de ella que aparece en la cocina todas las mañanas.
—¿Dónde está la señora Mercedes? —le pregunto con curiosidad. Veo cómo su sonrisa se vuelve traviesa y, acercándose a mí en voz baja, responde:
—Tiene un par de asuntos que resolver —sus ojos brillan con complicidad y una pizca de misterio. Mi corazón se acelera de emoción.
Con una sonrisa picarona en su rostro, mi abuela continúa sus tareas en la cocina mientras yo me apresuro a terminar mi desayuno.
—Oh, lo siento abuela, no puedo terminar mi desayuno, se me había olvidado que Peter vendría por mí para llevarme al ginecólogo —le doy el último sorbo a mi jugo, a toda prisa me levanto y corro agarrar mi bolso.
—Niña, presiento que se te olvidó que vivías aquí, cuidadito y me fallas a esa cita, tu hermana me llamó temprano.
Por eso mismo me alejé de mis padres, el favoritismo se encuentra a flor de piel y no es victimización, menos celos. Mi hermana y yo somos muy diferentes, ella es la chica médico importante de la familia, mientras que yo soy la chica que no sabe qué quiere.
—Adiós, abuela —dejo a un lado los malditos celos, ¡los he aceptado! Me despido de mi abuela con un beso en la mejilla.
—Corre mi pequeña, parece que Peter no entrará a saludar —ella me da una palmada en el hombro—, cualquier cosa no dudes en llamarme.
Asiento y antes que se le dañe el claxon a Peter, me apresuro. Hoy es lunes, no un día cualquiera; mi abuela se encargará de abrir el pequeño negocio que tiene, todo mientras salgo de mi cita con el ginecólogo. Ja, qué ignorancia, antes pensaba que ir al ginecólogo era por tener relaciones sexuales… Vivo en un mundo de desinformación, ya que para mí es importante ver videos en t****k o de los chismes pendientes en i********:. Hace meses he experimentado descontrol de la menstruación y dolores extremos en mi vientre; al principio pensé que todo era normal y que las mujeres debíamos sufrir, por el hecho de que está escrito en la biblia. Ash, qué tonta, en la biblia, habla de traer hijos al mundo. ¿No es lo mismo?
—Buenos días, ¿podemos apresurarnos? Llegaré tarde al trabajo —saliendo de casa veo el rostro de furia de Peter, su voz es diferente—. De seguro te dormiste—gruñe.
Él está cerca de su auto BMW, con los brazos cruzados y esa mirada de pocos amigos. Trato de respirar y no arruinar mi mañana. ¿Qué esperaba? Mi novio del año es prepotente, egocéntrico y terrible en relaciones. Siempre me pregunto, ¿por qué sigo con él?
—Buenos días —esbozo una sonrisa de oreja a oreja, tratando de ocultar mi furia hacia él—, no esperemos más, el tiempo es oro—a pasos rápidos, llego hasta él, por un momento quise saludarlo con un beso, sin embargo, lo omití, lo mejor que hice fue abrir la puerta del auto y adentrarme. No quiero discutir.
—Aún sigo pensando que es mala idea que un hombre o mujer te vea —dice malhumorado, entra al auto y la tensión se pone peor de lo que ya estaba. Le incomoda el tema del ginecólogo, la verdad no sé quién es la persona que me atenderá. Mi hermana es la que está detrás de todo.
Peter es un hombre frondoso, apuesto y no se diga el color verde de sus ojos, no obstante, es demasiado mojigato y conservador. ¡Le gusta el sexo rápido y discreto! Puf, no es que lo hagamos en público, solo que no quiere experimentar nuevas cosas, menos cumplir mis fantasías. ¡Él dice que necesito ir a la iglesia porque mis pensamientos son pecaminosos!
—No empieces con eso, ya lo habíamos hablado.
—Sophie, tu cuerpo es el templo de Dios y no quiero que nadie, además de mi persona, lo vea.
Oh, por Dios.
—Suficiente.
—No estoy de acuerdo —dice tras dar un golpe al tablero del auto—. Lo siento, pero no soporto la idea que otro te vea.
—Me parece mala idea ir contigo, mejor me voy en taxi —justo cuando estaba por abrir la puerta del auto, él me detiene.
—No, no lo hagas por favor —su mano atrapa mi brazo y su boca va directo a la mía, la respiración se acelera mientras me besa—. ¡No!—suelta un grito tras empujarme—, nos tenemos que ir, no me gusta dar esta clase de espectáculos, luego se crean chismes y quien aguante al padre castigándome.
Peter y su familia son muy religiosos, pero… ¡No estamos haciendo nada malo! Peter tiene treinta y cuatro años; siempre me han atraído los hombres mayores, ya que su personalidad es exquisita, mientras que los de mi edad son extremadamente aburridos y nefastos. Me considero una chica activa en las relaciones íntimas, por suerte no tengo una familia que todo lo ve tabú. Peter puede ser sexy, pero su forma de pensar es diferente a la mía; no tener relaciones más de dos veces al día, no tener relaciones sexuales más de dos días, no experimentar nuevas cosas, no tener nada de nada en su auto, ¡es sagrado!
—¿El padre es más importante que yo?
—Sí.., lo que quiero decir es que no podemos exhibirnos.
—No te entiendo, Peter…
—Entiende que no soy un exhibicionista —vociferó, dejándome helada.
—Ni yo —encojo mis hombros.