+++ Horas más tarde, después de una interminable espera, los médicos finalmente nos dieron la noticia que tanto deseábamos escuchar: Sophie estaba estabilizada, y su abuela había salido de cuidados intensivos. Había un alivio palpable en el aire, como si todos en la sala hubieran estado conteniendo la respiración y ahora, por fin, pudieran soltarla. Sophie se movió en la cama, todavía débil, pero con una determinación que no podía ignorar. —Quiero ver a mi abuela —dijo, su voz aún frágil, pero con una firmeza que me hizo entender que no iba a aceptar un "no" como respuesta. La miré a los ojos, reconociendo ese fuego que tanto admiraba en ella. Sabía que sería inútil intentar detenerla. Además, después de todo lo que había pasado, visitar a su abuela parecía ser lo que más necesitaba en

