+++ ¡Esto es una locura! Esto es lo mejor que me ha pasado. ¡Él no me puede dejar! Ambos nos complementamos tan, pero también que es mejor disfrutar cada momento juntos y no pensar en que pronto se acabará. Él se ríe de cómo gimo y me esfuerzo. Las sensaciones son alucinantes y solo mejoran cuando reemplaza el hielo por su lengua, calentando lo que acaba de enfriar. Mi sollozo se convierte en un grito y mi cuerpo se pone rígido, pero no me corro, todavía no. Más bien estoy al borde del abismo, con todos los nervios a flor de piel, el sexo temblando mientras la tortura se prolonga antes de que el hielo se derrita finalmente. Cuando me doy cuenta, siento su boca sobre mí, chupándome la humedad, lamiéndome hasta dejarme limpia. —Quiero correrme... —gimo—. Por favor, ¿puedo correrme? —ni

