Capítulo 4

1005 Palabras
La hora se estaba acercando cada vez más, ya eran las seis de la tarde y solo faltan dos horas para que la pasen a recoger. Mariela sin más remedio y sin saber que hacer decidió prepararse para ir a ver a Aurelio, su intención no es ceder ante él, pero sus opciones eran pocas y tenía que ir a donde él. Mientras se terminaba de preparar busco su bolso para sacar su monedero y ponerlo en el bolso que usaría esa noche, mientras sacaba su monedero encontró la pulsera que se había encontrado en el baño la noche anterior y por la cual ella estaba metida en este lio. Ella estaba observando la pulsera cuando alguien toco la puerta de su habitación. Ella fue y abrió la puerta, frente a ella había un hombre con traje n***o, ese hombre le pareció conocido, pero ella no sabía quién era él. —¿Quién es usted? _ le pregunto, aunque quizá sea evidente quién es esa persona. —El señor Salvatore me envió a recogerla, así que si ya está lista me gustaría que nos fuéramos. _ le dejo el hombre que estaba en ese momento frente a ella. —Deme unos minutos y termino de arreglarme. _ Mariela regreso al cuarto y el hombre que vino a recogerla se quedó afuera esperándola. Ella recogió lo que creía necesario, además de que colocó un gas pimienta en el bolso por si lo necesitaba. Su madre, aunque no fue la madre que ella quería por lo menos le enseñó que debía de tener precaución y siempre tener consigo algo que la ayude a escapar de alguna situación de peligro, aunque quizás esto no le sirva de nada a dónde va, ya que ella podría escapar de Aurelio, pero sus guardaespaldas la atraparían en poco tiempo. Ella tomó el bolso y salió del cuarto para irse con el hombre que la estaba esperando. Ambos salieron del hotel y subieron a un auto n***o que los esperaba en la entrada. —A dónde es que iremos. _ pregunto atemorizada. —El señor la está esperando en su apartamento. _ me dijo mientras conducía el hombre de traje n***o. Ambos continuaron su trayecto en silencio. Mariela estaba cada vez más nerviosa mientras se acercaba a su destino, el temor y los nervios se apoderaban cada vez más y más de ella. Llegaron a un gran edificio, es una enorme torre de apartamento, los cuales son bastantes lujoso. —Por favor acompáñeme. _ le dijo el hombre mientras sostenía la puerta del auto abierta para que ella saliera. Mariela salió del auto en silencio sin decir una sola palabra, simplemente lo siguió hacia donde el la llevaría, en su interior solo pensaba en encontrar la manera de huir, pero no sabe cómo lograra hacerlo, ya que era más que evidente que él la ha tenido vigilada desde que salió del club, sino como la encontraría tan fácil y rápido, mientras el mantuviera ese interés por ella no la dejaría ir y eso ella lo sabe perfectamente. Después de un largo recorrido en el ascensor llegaron al apartamento donde se supone que Aurelio la está esperando, fuera de la puerta había más hombres vestido de la misma manera que el que la acompañaba a ella, por lo que supuso que este es uno de los guardas espalda de Aurelio, entonces en ese momento recordó haberlo visto en el club junto a su jefe, ambos entraron al apartamento y caminaron hacia la sala. Ahí sentado en el sofá estaba Aurelio sentado esperándola, el traía su pelo n***o húmedo, su cabello estaba peinado hacia atrás, Mariela miro a ese imponente hombre y lo observo inquisitivamente, era la primera vez que podía ver su rostro con total claridad ya que la dos veces que lo había visto el lugar donde se encontraba estaba medio oscuro y no pudo apreciar la apariencia de él correctamente. Aurelio se dio cuenta de lo que estaba sucediendo, en ese momento Mariela lo observaba en silencio, y él le daría una mejor vista de su apariencia, quizás así dejaría de reusarse a entregarse a él y esa noche el obtendría lo que de él desea. Cuando Aurelio se puso de pies y camino hacia ella, sintió como si las piernas se les aflojaran en ese momento, ese hombre es muy guapo. Pensó mientras involuntariamente ella retrocedía hacia atrás. —Me tienes miedo. _ le dijo Aurelio dedicándole una sonrisa. —No te tengo miedo. _ ella le respondió con mirada desafiante, aunque por dentro estaba muerta del miedo. El continúo avanzando hacia ella y en un momento Mariela no pudo seguir retrocediendo, ya que detrás de ella había un muble detrás de ella y este le impedía seguir alejándose de él. Él se colocó a unos pocos pasos de ella y la miro sonriente. —No te voy a morder, simplemente te invite a cenar, todavía no pienso obligarte a nada que tu no quieras. _ le dijo mientras le extendía su mano para que ella la tomara. Pero ella no tomo su mano y lo esquivó para salir de donde estaba acorralada. —Si no quisiera obligarme a algo que yo no quiero entonces dejaría de perseguirme y me dejaría en paz. —Te estoy dando la oportunidad de que acepte lo que te voy a proponer por voluntad propia, pero si no quiere entonces lo hare en contra de tu voluntad. —Sabía que esa actitud era solo un engaño, en ningún momento has dicho con sinceridad que no me obligaras a hacer lo que yo no quiero. —Si es verdad. _ le dijo mientras camino hacia el sofá donde estaba sentado y tomo una copa de wiski que estaba en una pequeña mesa al lado del sofá. _ solo te lo he dicho para que te sintieras en confianza, pero la verdad es que yo siempre obtengo lo que deseo a la buena o a la mala. —Eres un mal nacido. _ le dijo enojada.
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